4. Ñi-ñi y los posavasos - versiculo 1
4. Ñi-ñi y los posavasos
A pesar de haberse puesto el sol hacía varias horas, permanecía abierto y con un tanta actividad como una frenética colmena de hormigas en verano, se veía gente más o menos uniformada de reponedor estándar de un lado portando cajas, manejando un torito, o patinado en dirección a ninguna parte con una libretita y un bolígrafo.
Al encontrarse a unos 3 o 4 metros de la puerta un robot humanoide dorado con ruedas de oruga en lugar de piernas salió a recibirles:
- Hola tú, espero que estéis bien tú, me llamo Johny siiiinco tú, debo llevaros ante el jefe tú, sabía de vuestra llegada tú - comunicó el robot con una ochentera voz de robot.
- ¿Acaso tu jefe es adivino? - preguntó el chinaca a Johny sinco.
- No, Gandalf-sama lo llamó por el móvil diciendo que venia para acá, tú - respondió la chatarra en tono servil y los dirigió a través del enjambre de atareados trabajadores y tras unos 15 minutos de cintas trasportadoras que no sabian si subian o bajaban, iban al este o al oeste llegaron al mismísimo despacho de San Nicolás, ei-quei-ei(AKA) Papá Noel, era como si se encontraran en otro mundo, pero sin tener la sensación de haber atravesado ninguna puerta.
Las majestuosas puertas de madera que estaban ante ellos se abrieron como por arte de magia, dejando entrever un escritorio del despacho del Gordo-Cabrón (que podría ser si no un gordo que era medio santo medio producto de Coca Cola) que se encargaba de anunciar móviles y a competir repartiendo felicidad a domicilio con los “Reyes Magos de Oriente” siendo esto otra muestra más de la continua amenaza de guerra Occidente-Oriente que padece el globo. Al ser seboso, inferior numéricamente y contar con una tradición mucho menos antigua y arraigada, no le quedó otro remedio que adelantar en el calendario la repartición de regalos e incluso vestir como un jodido comunista a pesar de sus orígenes si quería ganar en el negocio de la navidad. Al terminar de abrirse las puertas además de ver completamente el lujoso escritorio y contemplar un moderno despacho decorado en las ultimas tendencias más “smart-cool-executive” del planeta vieron a un hombre de 1,80, 85 kilos, con un traje azul marino de Armani y un rostro joven y viejo que no dejaba averiguar su verdadera edad, hablando en inglés con un marcado acento americano por un teléfono móvil junto a una ventana desde que la se podía ver un paisaje helado y blanco moldeado por la nieve. El hombre parecía agitado, preocupado, como si tratara de cerrar una transacción importante o en alguna parte hubiera problemas con su mercancía. Finalmente y tras un acalorado cruce de palabras con la persona al otro lado del teléfono, su cara cambió a una expresión más amable, tan amable como Teresa de Calcuta o un Teletubbie con las arterias rebosantes de Cannabis. Acto seguido el hombre se despidió y colgó el teléfono, miró directamente a aquellas personas que acaban de irrumpir en su despacho, dibujó rápidamente una carismática sonrisa en su cara y jubilosamente dijo:
- ¡Hooooola Gaaandalf-sama, vieja rata de alcantarilla, ven a mis brazos basura del submundo, que te voy a estrujar hasta exprimirte todo el caldo de la bolsa! ¡Oye! ¡Te veo más limpio! ¿¡No te habrás echado novia!? ¿No? ¿No será la Hippie?, sus sesiones de meditación son realmente mágicas y sabe hacer un buen caldo con vino, pero no tiene ni idea de cocinar... ¿Y quienes son el resto de tus amiguitos?
- Saludos viejo hermano Nicolás-San - dijo Gandalf en un tono a años luz más serio -, ya nunca más seré Gandalf el gris, tuve que enfrentarme con uno de ellos para proteger al elegido y comprendí que no podía permitirme más el lujo de seguir siendo el gris.
- ¿¡El elegido!? Sin duda es uno de estos chavales, ¿Quién es?
Dando un paso hacia delante, el muchacho con el que se empezó esta historia se dirigió respetuosamente a aquel ejecutivo que parecía ser Papá Noel y con el tono más solemne que tenía dijo:
- Yo soy aquel al que llaman el elegido, el que me di cuenta de que algo no andaba bien en el mundo al ver un fontanero en un anuncio de un antical para lavadoras, además de que los limites del machismo se habían superado al ver en otro anuncio a una mujer del futuro que venia al pasado para aconsejar a otra sobre cómo lavar la ropa, el que desconoce a ciencia cierta de que va todo esto, su origen, y el que sabe que tiene que hacer algo aunque no sabe qué para salvar a la humanidad y otras seres más antiguos de los que apenas hace tiempo que tengo conocimiento de su existencia.
Satisfecho con esta intervención Papá Noel se acercó al muchacho y le estrechó la mano como símbolo de respeto, pues el muchacho se había dado cuenta de algo tan importante como que ni Gandalf ni Papa Noel pertenecían a este mundo, ni siquiera al reino que los creyentes del hombre que nació en Belén llamaban “El cielo”.
- Gandalf-sama, comprendo los motivos de nuestra reunión. Nos hemos retrasado demasiado, necesitamos trazar un plan lo antes posible, ya es hora de tomar la iniciativa en esta guerra, por favor seguidme y os lo explicaré todo.
El sorprendentemente nada gordo Nicolás pulsó un botón del panel lleno de botones con luces dentro que tenia en su escritorio. Estos estaban dispuestos sin un orden aparente y sin ninguna etiqueta que ayudara a explicar la función que realizaban, cosa que llamó la atención de Nai porque era como los paneles de control de las películas antiguas de naves como Star Trek, y sólo veía lógico que todos estuvieran ahí para confundir, excepto, claro está, el que acababa de pulsar SanNi. El mueble que alojaba la pantalla con la que SanNi conferenciaba con todo el mundo para hacer negocios se abrió como el estomago de un ternero en un matadero, pero en vez de vísceras de vaca de 2 años que probablemente se serviría a la pimienta en restaurante, mostró un pasillo que conducía a lo que sería una especie de salón con estanterías llenas de libros, gramófonos, televisión y un reproductor de video Beta. Esta singular habitación llena de antigüedades y de cosas que invitaban a cualquiera a pensar sobre el ayer, hoy y lo que sería el mañana, además sirvió para acomodar a el grupo del elegido mientras SanNi y Gandalf les explicaban de donde venían, qué eran las lavadoras y cómo conseguirían las piezas para armar una y, una vez armada, qué harían con esta.
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