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1. ¿Noventa cuanto es? - versiculo 3

Acalorado y casi sin respiración llegó al umbral de la puerta del restaurante de Tan Dao, al verlo llegar el padre de éste que lo conocía porque le había visto en un par de ocasiones con su hijo le preguntó, tras un saludo tradicional, qué le pasaba al honolable amigo de su hijo. El paranoico de nuestro amigo le respondió que venia de hacer footing, ya que sabía que si le contaba algo de su encuentro con los freaks del Cosplay le soltaría algún proverbio ancestral y milenario, como todo lo chino, que su curtida mente de la EGB comprendería incompletamente. Pero esta mierda de excusa no le serviría para hacer callar a Tan Dao Vien senior, entonces sucedió justamente lo que justamente trató de evitar el prota de este churro de historia: “A quien madluga, buena sombla le cobija”.
Realmente el señor Tan Dao hablaba perfectamente, pero sabía que tenia que seguir el estereotipo o si no pensarían que era uno de esos extraños híbridos superinteligentes que se alimentan de placentas de sus hijos y nadie iría a su restaurante.
- Mi hijo esta aliba, pol favol sube, si no te able aquí que le avisemos - Tras oír esto y ya con algo de aliento el “celdo” capitalista que estaba en la puerta del restaurante se dirigió hasta el único portal del edificio, subió hasta la primera planta y pegó insistentemente y durante un rato en la única puerta. Después de esto no tuvo más remedio que volver al restaurante y desde allí llamó por teléfono a Tan Dao Vien Jr para que le abriera, rehizo el camino hacia su puerta y una vez ya dentro y después de un saludo occidental, ambos fueron a la habitación donde TDV, que era como lo llamaban sus amigos, formuló la pregunta que ansiaba desde que recibió la llamada desde el restaurante.
- ¿Quién eres tú? - el prota o “el demonio blanco”, forma de identificar temporalmente de TDV al tipo este, esputó literalmente una carcajada que amablemente cubrió toda la cara de TDV, y rió diciendo:
- ¿De verdad no te acuerdas de mí? ¿O es uno de tus manidos y estúpidos juegos de desconcierto? - Podía ser cualquiera de las 2 cosas, la cantidad de glutamato que tenia en su cuerpo era casi tan tóxica como el uranio empobrecido que tenían los soldados de la guerra del golfo, le causaban cantidad de lagunas en la memoria y otros desequilibrios mentales, además tenia la mala costumbre de poner a prueba continuamente a las personas que lo rodeaban para saciar su ego.
Esta era la primera prueba y el feliz poseedor del graduado escolar de la EGB se había dado cuenta, así que invitó a TDV a practicar el ritual de rigor que confirmaría que era su amigo y ganarse toda su confianza. Era simple, responder a 3 preguntas de las que sólo los amigos de TDV conocerían la respuesta, era un ritual ancestral y milenario como todo lo chino.
- ¿Quién es el veldadelo plotagonista de Dlagon ball? ¿Quien es la mano delecha del maligno?¿Quien es el maligno?
- Goku, Pikachu, Naruto -. Como si de un puzzle del Resident Evil se tratase la mente de TDV se abrió y de repente se acordó de quién estaba delante, acto seguido lo abrazó, le dijo maricón, y le tocó el culo. Sentir que un hombre y además chino tocaba su culo virginal provocó una arcada en nuestro homófobo protagonista, en el momento en que el chino - tailandés retiró su mano del culo, todo volvió a la normalidad, TDV incluso dejó de fingir su acento. No era el cumpleaños de TDV así que sabía que algo grave había traído al demonio capitalista que era su amigo hasta su casa, así que escudriñó sus ojos y habló de nuevo.
- Ocultarme detalles no te facilitará las cosas, por favor dime que te ocurre y no me mientas.
- De acuerdo - Respondió el huésped, y le contó con pelos y señales todo lo vivido desde que empezó a darse cuenta del malvado plan de las lavadoras. Tras acabar el relato, TDV que había escuchado atenta y silenciosamente, cogió un vaso y lo llenó de coca cola clásica. Era algo grave, no podía asimilarlo sin sus amigas cafeína y azúcar, bebió y comenzó a decir:
- Por muy loco que suene, te creo, algo no funcionaba bien en el mundo pero no sabía que era exactamente, tengo esta sensación desde que presto atención a los anuncios de detergentes, los cuales incompresiblemente renuevan y mejoran su formulación en un período de tiempo demasiado breve incluso para ser una estrategia de marketing para luchar contra la competencia.
Aunque lo que más dolores de cabeza me ha producido desde que tengo uso de razón es la inexplicable lógica que lleva a los fabricantes de todo tipo de detergentes a emitir sus anuncios en horarios infantiles, en los cortes publicitarios de los dibujos animados...
Ni Tan Dao Vien ni su huésped capitalista alcanzarán a comprender el motivo real que le hizo tomar esa decisión, pero eso no importaría, porque estaría con él hasta el final.

1. ¿Noventa cuanto es? - versiculo 2

Para dar con Tan Dao Vien sólo había 2 formas de comunicación: digital – internet, o ir a su casa físicamente.
Tan Dao Vien odiaba a los seres humanos, lo que implicaba: asocialidad, fotofobia, odio hacia el demonio capitalista y preferencia de lo digital a lo analógico, y con esto no me refiero al formato de sus discos y películas, sino a TODO, fotos, novias, compras, mascotas, comunidades... incluso escribía un blog en el que relataba sus maliciosas aventuras por Internet (¡Oh que miedo! Jua, Jua, Jua). Decírselo por MSN podría ser peligroso ya que, si era tarde, las lavadoras podrían averiguar los planes. Eso podría ser posible ya que la coca cola no sabia a hielo, aunque también cabía la posibilidad de que no, ya que el big mac aún sabia a cartón y el que puso la coca cola podría ser novato y no estar corrupto.
Pero ir a su casa tampoco era algo sencillo, ya que Tan Dao Vien era Chino – Vietnamita y vivía en el barrio chino como era de esperar por su estereotipo de freak internauta asiático, por si no es suficiente con eso, su padre tenia un restaurante y era maestro en un ancestral y misterioso arte marcial. Lo más inteligente sería simplemente llamar diciendo que iba para allá sin comentar la causa, pero como no tenía saldo en el móvil no le quedaba más remedio que ir a su casa sin avisar.
Antes de lo previsto nuestro protagonista se plantó en el barrio chino, pero antes de entrar se quedó inmóvil; se había dado cuenta de algo, algo extraño sucedía en su cabeza, ¿las lavadoras lo habían descubierto? No, sabía que no, dentro de su cabeza oía como si un narrador fuera contando toda la historia, ¿se estaría volviendo más loco? ¿la paranoia lo estaba consumiendo?
[¡Te quieres callar joder!, no me dejas pensar, sí, el barrio chino es chungo, ¿y que? ¿también te vas a poner a contarlo como si fuera gilipollas? ] Dicho esto se dirigió hacia la calle de los restaurantes.
Tan Dao vivía encima de su propio restaurante, y esto le estaba llenando el cuerpo del glutamato que iba en el humo de la cocina haciéndole perder cada día un poco más la cabeza, aunque esto él no lo sabía. Por el camino, no le abandonó la sensación de que alguien le perseguía y que aquellos malditos amarillos no dejaban de observarle, algo que por otra parte era totalmente lógico en un paranoico que creía que las lavadoras de la mano de Microsoft someterían a la humanidad en el futuro.
Ya estaba a menos de dos calles del restaurante de Tan Dao Vien cuando 3 motos como la de John Connor en Terminator 2, con miles de caracteres japos y portando 4 chinos vestidos con un chandal amarillo como Bruce Lee (y otro más que parecía ser el cabecilla vestido de Power Ranger rojo) le cortaron el paso. [¿Irían de Cosplay?] Se preguntó así mismo el intruso occidental.
Se dio cuenta de que empezaron a merodear primero y luego a dar vueltas en círculos alrededor de él, entonces nuestro protagonista se detuvo y volvió a preguntarse qué coño querrían y porque todavía no había visto a nadie vendiendo rosas ni espadas de luz. Mientras tanto los motoristas se bajaron de las burras y se acercaron hacia él y cuando estuvieron a una distancia intimidatoria, se detuvieron y le dijeron:
- ¡Eh tu homble blanco!, ¿Tienes lo que buscamos?
- ¿Cromos de Pokémon? Sabes de sobra que la gente se deshizo de esa mierda hace tiempo, era peligrosa - estaba mintiendo, y puede que ellos lo supieran, y no sólo eso, en la bandolera que llevaba tenia mierda como para rellenar 2 álbumes, primeras, segundas, terceras evoluciones, las especiales, el pokedex, TODO, por no hablar de los Digimon, las cartas Magic, y las figuritas de WarHammer. Si la poli lo hubiera pillado, lo hubiera ejecutado allí mismo, pero aunque estos tipos no son la poli tampoco correría diferente suerte si descubren el contenido de la bandolera.
Decidió agarrar las minúsculas pelotas amarillas de los chinacas con un simple comentario de Chuck Norris, todos los chinos le temen como los judíos a Hitler desde aquella vez que con una simple patada voladora, que ni con las artes ancestrales y milenarias del padre de Tan Dao Vien podía haber echo algo, provocó un Tsunami en el sur de Asia.
- ¡Tú, reinller rojo! No sé que coño pretendes, pero no creerás en serio que me pasearía por aquí sin protección, ¿verdad? -
Tras esto el inmutable rostro del jefecillo se volvió aún más serio de lo que era por el echo de ser chino, y apuntó con sus rasgados ojos de amarillo a los ojos del homble blanco, entonces este comenzó a decir [el hombre cuyas lágrimas curan el cáncer], pero antes de que terminara un sonido de tubarros lo silenció, era una legión de Vespinos del telepizza armados con porras al más puro estilo Road Rash que empezaron a dejarse ver con claras intenciones de irrumpir en la escena. Al ver esto el pogüer reinller rojo dio órdenes de huir antes que la horda de malvados pizzeros los aplastaran como cucarachas en las cocinas de sus respectivos restaurantes, pero justo antes de marchar el reinller prometió que volvelían a velse las calas y que esa vez no escapalía, como si de un malo de un peli de kárate de chinos se tratase.
Nuestro protagonista del cual no os hemos dicho el nombre aprovechó para salir en dirección del restaurante a la velocidad que un chef oriental sin papeles prepara unos rollos de primavera en una cocina de un buffet de aquel barrio. En realidad él no tenia de que preocuparse, no era parte del menú en la cruzada que mantenían los restaurantes de comida rápida por llevarse el primer plato del servicio a domicilio, de todas formas no iba a quedarse a preguntar y tenía que retomar la misión que le había llevado allí: hablar con Tan Dao para luchar contra las lavadoras.

1. ¿Noventa cuanto es? - versiculo 1

     LIBRO PRIMERO: EL NIÑO LOCO ALEMÁN

 

     1. ¿Noventa cuánto es?

Cada día que pasaba era una nueva tortura para él. No porque los calzoncillos le estuvieran estrechos, ni por haber visto Hulk, Elektra y Zu Warriors en la misma semana. Sencillamente, algo no estaba bien. Podía notar ese ambiente rancio que lo rodeaba allí donde estuviese. Observaba a la gente sonriente que pasaba por su lado, y a la que no pasaba también. Que envidia le daban esos cabrones. sin preocupaciones, sin temores, sin paranoias conspiratorias ni delirios persecutorios. Algo muy chungo estaba al caer, y él y solo él parecía sospecharlo.
Todo empezó un día cualquiera mientras veía la tele. Algo rutinario, normal, que todo el mundo hace. Pero tuvo la mala fortuna de hacer algo distinto: pensó. Sí, increíble, pero veía la tele... y pensó al mismo tiempo. En ese instante un fontanero poco agraciado anunciaba un antical para la lavadora. “para que no se les casque la lavadora, usen Calgonit, se lo recomiendo”. [¡¡¡COÑO!!!] Exclamó.
[Pero si es fontanero, y si las lavadoras no se cascan, ¿no se queda él sin trabajo? ¿no le conviene mas que nadie use ese producto?] y como era listo y había estudiado antes de la ESO sabía que a eso se le llamaba paradoja. O bien el fontanero era estúpido, o bien se traía algo sucio entre manos. Siguió viendo la publicidad, y esta vez prestaba atención a todos los anuncios de detergentes y productos de lavado. Se preguntaba si de verdad le pagaban a alguien por rodar toda esa mierda, y su confusión fue aumentando por momentos. Que si el detergente es mucho mejor en polvo porque se difunde y llega a todas las manchas, que si el detergente líquido es mucho mejor que el de polvo porque no se difunde y actúa mejor, blablaba, paradojas y mas paradojas.
¿Qué significaba todo aquello? ¿qué querían decirle? Entonces recordó cuando hace tiempo tuvo una sensación parecida: llamaron a su puerta, y cuando abrió, vió a una desconocida que le enseñó un conejo que tenía tatuado en el hombro, o un hombro tatuado en el conejo, que mas da, la cosa es que le sonó a algo de Disney, y si era de Disney tenía que ser malo.
¿Qué relación tenía con todos aquellos anuncios? Absolutamente ninguna, pero aquello le incitó a seguir explorando, cambiando de cadena en cadena buscando más y más anuncios. Y entonces lo vio.
“Hola, vengo del futuro para traerte la nueva Neutrex Futura”.
[ ¡¡¡PERO QUÉ COÑO!!!] o WTF como diría la cool people [¿Cómo que vienes del futuro zorra barata? ¿ y qué sentido tiene viajar al pasado para llevar una lejía?] y entonces su cerebro, que estaba al rojo vivo, le dió la respuesta. La tenebrosa respuesta. Y es que el nexo en común de todo eran.... las lavadoras.
Se levantó de su sofá con más trabajo del que esperaba, y con paso temeroso puso rumbo a la cocina. Ni siquiera encendió la luz, no quería que notasen que estaba cagado de miedo. Allí estaba ella. La lavadora. Totalmente fría, inmóvil. Observándole con su gigantesco ojo acristalado. Sabía que él sabía algo. Y él sabía que ella sabía que él sabía algo. No lo dudó más y salió por patas de su casa.
Corrió y corrió hasta no poder más. Las ideas revoloteaban por su cabeza y su cabeza revoloteaba por las escaleras. Estaba en mucha peor forma física de lo que pensaba. Por lo menos ya sabía lo que ocurría:
[¡Ya sé lo que ocurre! en un futuro próximo, el exceso de cal acumulado unido a los experimentos nucleares realizados por los senegaleses hará que las lavadoras tomen conciencia propia, se pillen un cabreo de la leche y se apoderen de la humanidad. Sólo unos cuantos miembros de la resistencia podrán viajar al pasado para alertar a sus ancestros y evitar el desastre. Pero no los alertarán explícitamente (causaría tal revuelo que el futuro se cambiaría por completo y ellos nunca nacerían), sino subliminalmente a través de la televisión.
El fontanero intenta quitarles su sustento, la zorra del futuro, envenenarlas. Todos con un único objetivo, evitar que las putas lavadoras se apoderen de la tierra. ]. Y como al decir todo esto se quedó sin saliva, se metió en un McDonalds cercano y se compró una coca cola.
Pobre de él, no sabía lo que le esperaba. Tras divertirse con la pajita y su envoltorio, procedió a beber y.... la coca cola... sabía a coca cola. [¡¡¡NOOOOOOOOOOOOO!!! ¡¡¡Diossss es peor de lo que pensaba, ya se han apoderado del mundo y lo que estamos viviendo ahora no es real, es una simulación para mantenernos entretenidos mientras nos guardan desnudos en huevos gigantes con gelatina, pero las estúpidas lavadoras nunca supieron cuál era el sabor del hielo de agua del grifo medio derretido y yo les he pillado!!! ¡¡¡JA!!!] Y hala, otra vez a correr.
Todo esto le sonaba... un mundo falso e irreal, lavados de cerebro, gente vestida de forma rara dando saltos... es como en aquella película... sí, esa... Dirty Dancing. Miraba a la gente y sentía asco y pena a partes iguales por ellos, ¿es que nadie mas se daba cuenta? ¡Las lavadoras les rodeaban! En sus casas, en sus centros comerciales, en sus basureros... el fin era inevitable. ¿Y el gobierno? También estaba en el ajo. Cómo si no iban a explicar lo de la nueva depuradora de agua de El Atabal y la subida de los impuestos del agua. [¿Si es agua mas pura, por qué sabe ahora peor que antes, ehhhh? ¿y para qué usáis el dinero extra que cobráis, ehhhh? ¡¡Para envenenarnos con cal y construir mas lavadoras, hijos de puta!!].
Tenía que hacer algo, pero no sabía el que. Al fin y al cabo, la EGB tampoco era tan buena. Se le ocurrió algo que vió en Oliver y Benji: [¡¡OSTIA!! En Oliver y Benji, cuando jugaban con un equipo que usaba ordenadores, lo que hicieron para destruirlos es hacer cosas que nadie se esperaba que hicieran] así que se puso manos a la obra:
Comenzó a andar hacia atrás, a morder a los perros, a cantar reggeton y a darle la mano a todos los indigentes que veía, con la esperanza de joderles el mundo virtual a las putas lavadoras. Después de tres horas se cansó, y se sintió avergonzado. [ En ocasiones vomito tras las comidas para mantener mi línea, y los humanos nos extinguiremos y no soy capaz de impedirlo ]. Pero no contaban con su astucia, ya que en estas se le ocurrió pedir ayuda. Nadie iba a creerle, nadie excepto alguno de sus estereotipados amigos. Así pues decidió recurrir a su amigo el informático, un chino asocial y sedentario con problemas de autoestima cuyo único plan en la vida era inventar la máquina que folla y forrarse. Los ordenadores son máquinas, las lavadoras son máquinas, y ambos suelen ser casi siempre blancos y se rompen cada dos por tres. Sin duda era el hombre indicado.


CONTINUARÁ...