7. Apaga la luz, apaga la luz, apaga la luz... - versiculo 5
- ¿¡¿¿Ande etáh la mooozaaaaaaaaaahhh??!? - gritó delicadamente nada mas entrar, flipando al escuchar el eco producido por su propia voz. Como nadie le respondía, siguió jugando con los sonidos probando eructos, pedorretas, imitaciones de todos los animales excepto el pato, porque como todo el mundo sabe el cua-cua de los patos no produce eco.
- Ya era hora de que llegaras - una joven vestida con un ceñido traje y con un manto que le cubría la cabeza y simulaba el pico y plumas de un águila bajaba por unas escaleras y se situaba a escasos centímetros delante del avergonzado muchacho -. Tenemos mucho de lo que hablar.
- Hola, Izaskun. Nunca te había visto vestida tan sexy - intentó cambiar la cara de pervertido por una mas seria -. Pero vayamos al grano. Tenemos que hacer algo. La guerra está a punto de comenzar.
- Te equivocas, muchacho. La guerra HA empezado - y de un rápido movimiento cogió a nuestro héroe por los hombros con fuerza - ¡¡¡hahahahahAHAHahahAHHAhAHA!!!.
- ¡¡jajajaj!! - intentó seguirle el rollo el salidillo, aprovechando el momento distendido para pellizcarle una teta -. ¡¡jajajajjajajaj!!
- Sigue igual de inepto que siempre, como veo. ¿es que no se da cuenta? ¿es que es usted tan ignorante? - su voz era ahora claramente la de un hombre -. ¿y si le llamo... señor Pompón? - empezó a apretar fuertemente los brazos.
- Puessss... yo te llamo gatita, o diablilla, como tú prefieras - y le cogió la otra teta.
- ¡¡¡Pedazo de imbécil, soy el Agente forjador!!! - dijo, transformándose en su auténtica forma, soltando los brazos para sacar un marco con su propia foto y su nombre escrito debajo, a la vez que con la otra mano señalaba su cara y la del marco -. ¿Ves? ¿ves?
- ¡¡¡JA!!! - dijo el héroe saltando hacia atrás - ¡¡¡Pues claro que lo sé!!! - instantáneamente como el café sacó su báculo dorado -. ¡Dime que le has hecho a Izaskun o te frío aquí mismo hijo de puta!
- Tu novia está a buen recaudo. Todavía nos puede ser de utilidad. En cambio tú... tú eres un insulto hacia mí. Debes ser destruido. Maldito hijo de perra... - para sorpresa de su contrincante, el maloso agente sacó una espada de su espalda y le apuntó con su filo.
- ¿no crees que es absurdo que si representas a las máquinas pienses luchar con una espada? ¿no sabéis lo que son las pistolas o qué?
- Que gracioso el hijo de perra. Con esto me divertiré mas, cortándote cachito a cachito tus extremidades. Y lo que quede de ti, lo torturaré hasta el fin de los tiempos. ¡¡¡Pagarás caro por todo, hijo de perra!!!
- Que pesado el tío - se lamentaba el guerrero humano, esquivando como podía los embistes del agente -. Ya me has hartado los huevos, nadie se mete con mi madre - y dejándose llevar por su odio, apretó el bastón con fuerza, y de su extremo superior apareció una luz azul de un metro de largo que quedó fija. Movió su ahora sable con destreza, se oyó un zumbido y luego salieron chispas cuando cortó la rudimentaria espada de su oponente.
- No está mal, joven aprendiz. Quizás te subestimé en su momento. Pero ahora es diferente, tengo órdenes de exterminarte. Saluda a la perra de tu madre cuando estés en el infierno.
Y el agente no atacó, sino que una horda de tomates transgénicos salió de las sombras e inmovilizó al muchacho por la espalda. Pese a intentar resistirse, los tomates eran duros de roer, y lo tenían bien jodido. Intentó ganar tiempo, a ver si esta vez le salía mejor que la anterior:
- ¡Agente! ¡Tú! - sabía que a su enemigo le encantaba hablar y podía aprovecharlo de algún modo -. ¿no es esto una historia llena de estereotipos? ¿no deberías contarme ahora todo tu plan?
- Mmm, ¿plan? Es muy simple, tú te mueres y yo gano. Hasta siempre hijo de perra - y dio media vuelta para salir por la puerta.
- ¡¡Espera!! ¿por qué no paras de llamarme hijo de perra?
- ¿Cómo? - empezó a sonreír maliciosamente -¿es que no te lo han contado? JAJAJajaJJjajajajAAJJA, vaya amigos que tienes -.cogió una silla que había por ahí tirada y se sentó justo enfrente -. ¿Te han hablado de por qué te quieren con ellos? ¿te han hablado de por qué fuiste creado? Apuesto a que no - se puso a negar irónicamente con la cabeza -. Verás... nuestro gran líder y dios Pikolo, loado sea en su gloria, debía tener algún representante en la tierra para organizar el día del centrifugado final. Debía ser un bicho podrido de odio, al igual que él, y preferiblemente humano. Para ello, usó su fuerza maligna, por medio de los piliclorianos, para crear un vástago, un príncipe de las lavadoras. Le faltaba un útero en el que hacerlo crecer, y buscó al ser vivo que mas odio tuviese por el hombre. Quien mejor que una perrita llamada Laika que fue traicionada y enviada al espacio para nunca volver, condenada a muerte por los que creía sus amigos. La fortuna quiso que no uno, sino dos fetos crecieran. En un último esfuerzo Pikolo los envió nada mas nacer a la tierra, pero algún inepto falló en algo y fueron a parar a tiempos y espacios diferentes. Uno de los niños, el mas guapo, fue criado por un viejo pizzero que le enseñó todo sobre la asquerosa humanidad - por un solo momento la cara del agente parecía mostrar alguna emoción que no fuera la furia -, y comprendió desde pequeño cual era su destino: limpiar la basura de este mundo, acabar con la plaga y conceder el poder a quienes realmente lo merecen. El otro... se dio por perdido, pero nuestro señor Pikolo, aunque sigo sin entender la razón, seguía empeñado en buscarlo a toda costa - calló y se sumió en sus pensamientos por unos segundos -. Pero ya he ganado... ¿quién dice que te necesite ahora?
- ¿No querrás decir...? - dijo el humano con los ojos como platos.
- ¡¡Sí, maldito inepto, esos niños somos tú y yo!! - y el agente se levantó de un golpe enviando la silla a tomar por culo.
- ¿y yo era el guapo?
- ¡¡Claro que no!! Tú eres la rata advenediza que estuvo escondida todos estos años que estuve trabajando duro y sudando sangre, y que ahora quería llegar y usurpar mi lugar en el nuevo imperio. Óyeme bien, humano. No has estado a la altura. Nuestro padre se avergonzará de ti...
- ¿Mi padre? Tú no sabes nada de mi padre. No me creo una puta mierda de lo que has dicho. Y además pedazo de gilipollas, si lo que cuentas es cierto el primer hijo de perra serías tú.
- Claro... - dijo A.F., ignorando por completo la última y acertada observación del estresado chico. Los músculos de su cara se tensaron, las cejas se arquearon modo malo-malísimo y rió para sus adentros. Lentamente, metió su mano en la chaqueta de su traje y extrajo una especie de tarro de perfume color morado con una etiqueta que el protagonista no pudo leer. Lo destapó, y un humo del mismo color que su recipiente salió lentamente, haciendo formas extrañas, algo así como los circulitos que hacen los fumadores pero de una forma mas siniestra. El Agente empezó a inhalarlo y los ojos se le ponían en blanco. El humo llenaba toda la sala y rodeó al inmovilizado chaval.
- ¿qué...? – apenas podía hablar. El humo se le metía por todos lados. La cabeza empezaba a darle vueltas, los ojos se le movían frenéticamente. Miles de imágenes cruzaban su mente. Ya sabía como debían sentirse sus compañeros de clase cuando esnifaban tiza en los descansos.
- ¿Hablabas.... de tu padre? - cada vez acercaba mas la cara a su oído - un gran hombre... cuánto lo querías... - absorbía con fuerza el humo antes de cada frase - que pena... se lo llevaron...
- Los basureros... que hijos de... - ya no sabía si era un sueño, una pesadilla, una indigestión... podía sentir los latidos de sus vasos alrededor de su cabeza, el aire le quemaba en la garganta.
- ¿Eso te dijeron? Dios mío, cómo pueden ser tan crueles y llamarse a sí mismos los buenos de la historia. Yo te contaré la verdad, hermano mío. Escucharás a tu sangre. No fueron los basureros. Alguien lo mató. Para poder dirigirte como a una oveja en el campo. Se lo quitó de en medio, porque le estorbaba para poder manipularte. Sabes quien fue... lo sabes...
- No... no fue.. no... - la tensión era insoportable, la escena era mas desconcertante que un bebé con pelos en el sobaco.
- Fue... Gandalf - sus carcajadas volvían a oírse, parecían venir de todos lados.
- ¡¡NOOO!! Eso es imposible...
- Lo sabes, muchacho... lo sabes... todo encaja...
- Lo sé... no... todo encaja...
- Venganza.. - dijo, secamente el Evil Boss, para volver a repetirlo fuertemente una vez mas - ...VENGANZA....
- ....Venganza..... - repitió lentamente - ¡¡Venganza!! - su labio se levantó dejando ver los colmillos. Clavó sus uñas en su cuerpo preso de la rabia.
Se quedó sentado en el suelo. No podía moverse. Sólo oía carcajadas de fondo. Pisadas que se iban. Estaba sólo. Siempre lo había estado. Y ahora sólo una cosa ocupaba su cabeza.
7. Apaga la luz, apaga la luz, apaga la luz... - versiculo 4
Cayeron y cayeron hasta llegar a una galería de túneles excavados en la roca. Según les explicó Eddie, los túneles eran usados por las lavadoras para viajar de un lado a otro del planeta, así que debían tener mucho cuidado. De todas formas, si aparecían podrían desarmarlas gracias a un impulso electromagnético que se accionaba tocándole el rabito al dragón blanco. Corrieron hasta llegar a una puerta de tres pisos de altura que abrió el golem de un culazo, pasando a una zona muy distinta a todo lo que habían visto hasta ahora. El cielo era azul, las nubes eran blancas, el suelo estaba limpio, brillante y era de colorines. Tras subir a varias plataformas y aplastar varias setas sonrientes llegaron a un castillo coronado por un turbante, al parecer propiedad de Eddie.
- Bien, éste es mi reino - la verdad es que el señor Murphy se lo tenía algo creído -. Está justo a la misma distancia de las tres capitales de los imperios de las tres facciones. A partir de ahora deberéis separaros. Elegido, debes asignar quién irá a cada facción, y mi trabajo habrá terminado.
El pobre muchacho ahora tenía la responsabilidad, pero no tardó mucho en decidir. De las clases de Filosofía del instituto había aprendido que cuantas mas vueltas se le de a algo, mas confusa y lejana parece la respuesta. Habló:
- Nai, tu desprecio es tu bandera, tu fuerza, pero también lo es la justicia de tu corazón. Éste es tu símbolo y ésta tu misión: irás a convencer a los justos para que conozcan que no hay justicia en lo que plantean las lavadoras y que por defender lo que ellos creen, deben luchar de nuestro lado. Confío en ti.
- No os fallaré - se colocó encima de una tubería, con el golem tras él. Con una mano sujetó su báculo, con la otra un desatascador, y los cruzó sobre su pecho -. Hasta pronto - y se deslizó por la tubería acompañado por un sonido nintendero y el grito del gigante de piedra al tener que pasar por un sitio tan estrecho.
- Tan Dao, eres un ser apático y especial, un auténtico cabronazo pero también mi mejor amigo. No he conocido nunca a nadie con tantas gilipolleces en la cabeza, y así tu destino no puede ser otro que convencer a los soñadores. Deben conocer que no hay sueños si no hay futuro en el que puedan suceder, y que si no luchan hoy con nosotros, no tendrán futuro. Confío en ti.
- Adios, cerdo capitalista - le dio una patada al hombre bajito que cayó por una ventana y se montó en el caracol -. Te amo - dijo, y espoleó su montura con lo que el caracol extrajo dos turbinas de su concha y salió disparado por el techo volando mas rápido que un concorde.
Una vez solo, el new Melchor of the block se sentó a pensar. No quería darle muchas vueltas al significado de la despedida del chino, aunque siempre había sospechado de su bisexualidad. O trisexualidad, si se cuenta el hacerle el amor a una máquina. Y tenía miedo por el bienestar de sus compañeros. Tragó saliva, se puso en pie y anduvo con paso firme hacia donde estaba el dragón blanco.
- Veo que has elegido ir con los brujos. Sigues fiel a tu camino. Espero que esta decisión la hayas hecho con la cabeza adecuada, ya me entiendes - dijo Eddie guiñando un ojo repetidas veces -. Aunque, pensándolo bien, puede que te haga falta esa ayuda, los brujos serán los mas difíciles de convencer. Tanta mierda como se meten hacen que les de igual todo.
- ¿Está allí, verdad? Mi instinto no me ha engañado, soy un puto máquina.
- Sí, lo está. Su poder es tan grande que puede viajar con libertad entre ambos mundos. Ella fue quien organizó nuestro encuentro, y quien me puso en contacto con Gandalf después de tantos años. Que cabrón el tío, como se lo ha montado. Si no me equivoco, Izaskun te estará esperando en la Fortalesssa de la canina gris, su hogar, en la linde de territorio brujo. Bueno, ya sabes, sigue a tu palito y él te dirá el camino. Suerte.
- Gracias. Y a ver cuando sacas una película buena.
- ¡¡Espera!! Hay algo que se me olvidaba - se sonrojó un poco -. Verás... es que... a Gandalf se le olvidó una cosa, y me ha pedido que lo haga yo por él. Bueno, al grano: mira mis manos - su interlocutor miró -. Esta es una pastilla verde - dijo mostrando una pastillita que ponía “Bayer” -, si la tomas, quiere decir que seguirás con nosotros y nos ayudarás, pese a todos los riesgos que ello conlleva.
- Emmmmmmm, ¿no es un poco tarde para esto?
- Calla zorra. Y esto es la pastilla rosa - abrió el otro puño enseñando una pastilla del tamaño de un coco -. si la tomas, no recordarás nada de lo ocurrido, volverás a tus rutinas y no pondrás tu vida en peligro.
- Va a ser que elijo la verde, ¿no cree?
- Sí bueno, es lo que hacen todos, pero es simbólico, tu ya me entiendes, no te la tragues de verdad que no tengo otra de repuesto. Con que la chupes un poquito ya vale.
- De acuerdo - hizo caso y la rechupó unos segundos. Luego la secó con un pañuelillo y se la devolvió -. Adios señor Murphy - y subió al dragón blanco, le levantó la oreja izquierda e introdujo el cd de “yo, minoría absoluta” de Extremoduro, que empezó a sonar por los agujeros de la nariz. El animal emprendió el vuelo dejando atrás el castillo de Baltasar, y su jinete miró hacia atrás para ver ese lindo paisaje verde, una última vez, antes de ir a pelearse al culo del universo contra los demonios de ojos acristalados.
Esta vez, su bastón se había convertido directamente en un GPS que iba hablándole con una dulce voz femenina sobre la dirección que debía seguir. El pelaje del dragón blanco era bastante suave y cómodo y el viaje se le estaba haciendo bastante corto. Sólo asomaba la cabeza de vez en cuando para echar un ojo a la zona que sobrevolaban. Actualmente, sólo veía agua bajo ellos, así que supuso que debía de ser algún océano pequeñito o un charco muy grande. El agua era cristalina y tenía un brillo especial, ese brillo que había visto en el brebaje de Izaskun y en las aguas del lago de los duendecillos. Pronto se alegró cuando comenzó a ver gente; algunos, en barcos, pescando, pero de una forma un tanto extraña: llevaban cantimploras con un líquido verdoso que echaban al agua, luego decían algún sortilegio y daban una palmada, y acto seguido un atún salía del agua de un salto y se metía sólo en una bolsa que había en cubierta. [mi intelecto me dice que deben ser magos] pensó, [debo andar bastante cerca]. Sus sospechas se aclararon cuando se cruzó con varias alfombras voladoras con las que casi choca, cuyos tripulantes le saludaban con el dedo corazón a la vez que le hacían piropos. Al rato cayó en la cuenta de que debía estar cruzando por alguna especie de autovía aérea mágica, y lo hacía en sentido contrario. Tras corregir el vuelo siguió observando los curiosos símbolos de algunos artefactos voladores que iban paralelos a él, y se quedó ensimismado viendo un pelícano que llevaba en su boca una ametralladora y un tricornio de guardia civil. [aquí también debe existir la ley], supuso con acierto.
Su GPS dorado multifunción le indicaba que se encontraba a menos de un kilómetro de la fortaleza, o fortalesssa donde estaba Izaskun. Le dijo al dragón que fuera aminorando y que fuese buscando estacionamiento, porque si la cosa estaba igual que en la tierra igual lo tenía algo difícil. Pero cerca de la fortalesssa encontraría todo el sitio que quisiera, no había ni un solo alma por alrededor y unas nubes negras con los relámpagos estándar oscurecían la zona. Tomaron tierra, y el dragón le contó que debía irse puesto que tenía una familia a la que alimentar y no tenía todo el día para estar dando paseos a gilipollas. El muchacho se cagó en su madre y el bicho le respondió con un “¡¡ingrato!!” que dañó su sensibilidad. A los dos segundos había olvidado el trauma y se dedicó a admirar la magnitud del edificio que tenía ante sí, exclamando el típico “oooooOOOOoooohhh” de los turistas. Era un castillo tipo medieval, con pocos adornos, con dos torreones bastante grandes separados por una calavera descomunal cuya boca ejercía de puerta del recinto. Nada más acercarse, la susodicha puerta se abrió y comenzó a bajar para ejercer de puente sobre un foso de lava poco apetecible de visitar.
7. Apaga la luz, apaga la luz, apaga la luz... - versiculo 3
- Saludos, terrícolas. Venimos en son de paz - dijo Eddie Murphy antes de empezar a reírse mostrando unos dientes hiperblancos -. Es coña, siempre he querido decir eso. Os hemos estado buscando bastante tiempo y nos ha costado encontraros, lo que es bueno porque significa que “ellos” no lo han hecho aún - hizo una pausa mientras bajaba al suelo -. Por vuestra cara creo que me conocéis, pero no estoy seguro de que sepáis quien soy. Me envía Gandalf-yoda-el-blanco-y-ahora-rojo-también, amigo mío desde siempre, y también compañero, cuando éramos tres, como vosotros sois ahora.
- Joder, y entonces, ¿el de las películas de Hollywood quién es? - preguntó el prota.
- Yo, por supuesto. Con el tiempo, cada vez mas niños escribían a Papá Noel y nosotros teníamos mas tiempo libre, así que decidí labrarme una carrera cinematográfica. Sólo que cuando la crisis comenzó, tuve que volver a Tequila y un conocido me suplantó en la Tierra.
- Ahhhh claro, eso lo explica todo - dijo Nai -. Por eso no has vuelto a hacer una película medianamente aceptable en tantos años. Y por curiosidad, ¿quién te suplantó?
- Mi amigo Jean Claude Van-Damme, que estaba harto de dar patadas y quería cambiar de registro. Aunque no le fue muy bien, la verdad. Claro que otro conocido tuvo que suplantarlo a él también.
- Ahhhh claro, eso lo explica todo - se repitió el fontanero -. Por eso no ha vuelto a hacer una película medianamente aceptable en tantos años. Por curiosidad, ¿quién le suplantó?
- Kevin Costner - respondió el ya un poco molesto Eddie.
- Ahhhh claro, eso...
- ¡Coño, deja ya el puto tema, hay cosas mas importantes de las que hablar, ¿¿no crees??! - y así cortó la conversación el irascible amo del báculo dorado -. Escúcheme señor Murphy, es hora de que nos expliquen qué mierda hemos venido a hacer aquí exactamente. Y si no tiene nada nuevo que decir, o van a ser otra puta mierda de acertijos y estupideces místicas, mejor váyase por donde ha venido y déjenos seguir nuestro camino - La rabia hablaba por él, ayudada por un rencor subconsciente debido a ser el único chaval del colegio al que le gustaba “El príncipe de Zamunda”. Sus dos amigos se quedaron flipados con el repentino ataque de furia, y el caracol empezó a gruñir y a sacar los dientes.
-Bien... - se limitó a decir Eddie. Le miró fijamente a los ojos durante unos interminables 6 segundos -. Sé que te mueres por ir a ver a esa hechicera, y temes que ahora yo te aparte de tu ruta - Tan Dao y Nai se miraron confundidos -. Pero no te preocupes, si allí es hacia donde quieres ir, hacia allí irás. Pero lo harás sólo, y antes de que protestéis, dejadme explicároslo. Hay una cosa cierta, y es que sólo vosotros tenéis el poder para evitar la masacre de vuestro mundo... y del nuestro. Pero también debéis saber que vosotros no tenéis poder suficiente para acabar con las lavadoras. Uff, que absurdo ha quedado eso - volvió a reír abiertamente -. Sin más rodeos: vuestra misión es viajar hacia los confines de este mundo para convencer a las tres facciones en peligro que lo habitan para que luchen a vuestro lado. Las lavadoras son muy listas, las hijas de puta. Han vertido una gran mentira, y nos la hemos tragado todos. Aquí se piensa que lo único en juego es vuestro mundo, y por lo tanto a la gente le suda abiertamente lo que pueda ser de él. Nadie se pringará por vosotros, nadie, y no les culpo, porque se pondría en peligro el equilibrio de nuestro planeta. Pero la verdad es que el plan de las lavadoras es dominar también esta dimensión, aprovechar todo el desplegamiento armamentístico y bélico que ahora están desarrollando para machacarnos, mientras nosotros, ignorantes, nos creemos inmunes.
- ¿Y por qué nosotros íbamos a convencerlos? - siendo esta vez Tan Dao el que hizo la pregunta obvia.
- Porque los humanos, o la 5º facción, como a veces se os llama, sois neutrales, ajenos a esta lucha de poderes que ha acompañado a nuestra historia desde hace siglos. Ningún justo haría caso a un soñador, ningún brujo a un justo. Desconfiarían, pensarían que es alguna treta para acabar dominando al resto. Pero vosotros por lo menos tendréis la oportunidad de hablar, de abrirles los ojos y espero que de hacerles entrar en juego, por el bien de todos. Cada uno de vosotros deberá acudir a una facción. Lo haréis sólos.
- ¿Separarnos ahora? - Nai echó una mirada a su ahora hermano oriental y a su líder, pensativo y distante -. Lo voy a decir bien claro: si tengo que morir en esta puta lucha, pienso hacerlo junto a mis compañeros -. Los otros dos asintieron con lágrimas en los ojos.
- Volveréis a uniros, si el plan sigue como es correcto. Con la ayuda de los Chupitos (gentilicio de los habitantes de Tequila) podréis llegar al núcleo de la ciudad de las lavadoras y allí se llevará a cabo la batalla final, donde estaréis sólos. Pero confiad en mí si os digo que si habéis llegado hasta allí vivos y enteros, estaréis mas que listos para vencerles.
- ¿Vencer a quién? ¿y cómo? - interrogó el muchacho de nombre incierto - Creo que tanto yo como todos los lectores queremos saber quién es la puta cabeza de las lavadoras y qué relación tengo yo con ella.
- Tú eres el elegido, el único capaz, el que lo descubrió todo viendo la televisión. Te prometo que muy pronto conocerás todo sobre tu padre ( y no tiene nada que ver con ninguna película de Almodóvar).
- ¿¿Mi padre?? A mi padre se lo llevaron... los... ugh - el dolor no le permitía hablar.
- En cuanto a la cabeza del mal... - Eddie hizo como si no hubiera escuchado esa última frase - es ÉL, la máquina que no debe ser nombrada muy a menudo, la primera de las lavadoras con voluntad propia - De la nada comenzó a escucharse música de momento dramático. Los tres humanos abrieron sus orejas y ojos todo lo que pudieron -. Vamos Joe, cuéntales la historia.
El hombre bajito que montaba al caracol se puso de pié sobre la silla, y sacando un arpa comenzó a tocar "No Leaf Clover" de Metallica, cambiando la letra para contar el siguiente cuento: “Los tres mosqueteros eran cuatro, la santísima trinidad es uno, y los tres hermanos Marx no eran tres. Cinco eran, ni uno menos, pero sólo tres conocieron el estrellato. Al quinto le dio igual, pero el cuarto, el pobre Herbert, saboreó las mieles del triunfo pero acabó saliendo del grupo. Injusta es la vida, pues era el mas gracioso de todos. ¿sería por ser mas guapo? ¿mas listo? ¿mala suerte?, ya nadie se acuerda. La decepción se apoderó de él. La rabia también. Pero su corazón no estaba podrido, y en vez de ser dominado por la envidia, la encerró en lo profundo de su alma” - tras quince minutos de sólo con el arpa al estilo de Jimmy Page prosiguió cantando – “muy bueno era con las máquinas, grandes avances consiguió, y buen dinero para su bolsillo. Un día creó una lavadora, cien años mas avanzada a las que en su tiempo existían. En ese mismo tiempo, contra su voluntad, uno de sus inventos contribuía a formar un arma que acabó con la vida de millones de seres humanos. Esa gota colmó su vaso, y dejó salir todos sus demonios. Su alma se desdobló, saliendo su parte maligna que acabó formando parte de su última creación. Ese nuevo ente se llamó Pikolo, y pronto tomó conciencia propia. Tenía poderes entre lo tecnológico y lo mágico, y mas mala leche que un Pitbull con hambre. El odio lo alimentaba. Quería venganza. Pero no tenía piernas. Ironías de la vida, el ser mas maligno de todos, en un desván sin poder moverse. Hasta que liberó su fuerza maligna y cambió de dimensión, de tiempo, de equipo de fútbol, de todo. Acabó en nuestro mundo, creando una raza nueva. Ideando un plan de dominación universal. Y hasta aquí puedo contar, antes de que los tomates nos vayan a aniquilar”.
- Oye muy bueno el concierto, pero la última frase no la he entendido – dijo Nai mientras veía que extrañamente sus compañeros se agitaban.
El pobre licenciado en fontanería vía CEAC no se daba cuenta de que estaban rodeados. Unos humanoides rojos estaban danzando a su alrededor. De sus guturales gargantas parecía salir... la canción de los fruitis, algo así como “Somos rojos somos bichos, somos locos con Vespinos...”. El líder ejerció como tal y arengó a sus compañeros:
- ¡Son los putos telepizzeros! Solo que aquí no tienen que camuflarse. ¡¡¡os vamos a convertir en salsa de tomate, hijos de puta!!! - y sacó su bastón dorado, que empezó a brillar cegando y quemando a los esbirros del mal.
- No, son demasiados. Venid por aquí - dijo Eddie Murphy penetrando con su dragón en el suelo, haciendo un orificio por el que todos podían pasar, incluso el gigante de piedra, que fue el último y taponó el conducto con una oreja que se arrancó.
- No os prrrrreocupéis, me volverá a crecer - comentó para el alivio de todos el golem piedrotudo.
7. Apaga la luz, apaga la luz, apaga la luz... - versiculo 2
Antes de salir decidieron camuflar su coche: sacaron unas gafas negras de dos metros que tenían pegadas una nariz y un bigote acordes a su tamaño y la colocaron en su parte frontal. Gracias a un dispositivo de localización y un radar, regalos de Yupie y “Astlaco”, podrían volver cuando quisieran y darse otro garbeo en su ya funcional buga, probablemente cuando estuviera todo acabado y tuvieran que retornar a su hogar. Tras echar una meadilla tras el quitamiedos que casi les quita la vida (majestuoso juego de palabras ideado por Asiaman) se pusieron en marcha. Hablaron de fútbol, de la delincuencia en las calles, de cuantos hijos tenían sus excompañeras de clase, de lo que era la vida y lo que había cambiado todo, y de una serie de proyectos cachondos que nunca llegarían a realizar. Luego se contaron su última experiencia en la batalla, cuando habían estado separados tras mucho tiempo. El último en hablar fue TDV, que parecía estar guardándose su historia para el final, la mejor sin duda alguna para él. Tenía esa cara que tiene la gente cuando está escuchando a un amigo contar un chiste y entonces se acuerda de uno que él se sabe, potencialmente mucho mas gracioso, y se tira todo el rato que tarda en terminar el otro apretando la boca hipermotivado y a veces dando saltitos. En este caso, a diferencia de lo que suele pasar en el ejemplo, cuando llegó su momento no se le olvidó lo que iba a contar, y procedió a relatar con todo lujo de detalles la aventura en la que consiguió su bastón de poder:
- Pues bien, amigos. En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento, y...
- ¿Puedes ir al grano? Es que me duele un poco la cabeza - interrumpió Nai lo mas delicadamente que pudo, apoyado por un asentimiento de la cabeza del tercero en discordia.
- Vale, vale - dijo Tan Dao susurrando algo en chino y con una risa forzada -. Aparecí igual que vosotros, perdido entre toda oscuridad. Entonces decidí acostarme a dormir hasta que todo se arreglara solo. Pero una puñetera luz me despertó y empezó a empujarme hasta que me puse a correr. Llegué a un iglú hecho con cables, entré y allí había una jaula. Dentro de la jaula había un occidental capitalista, os diría quien pero no me acuerdo, lo siento pero es que para mí sois todos iguales. Recuerdo que llevaba una camiseta negra, y me pidió que lo sacara de allí. Le respondí que no tenía ganas, pero me ofreció dinero y entonces me dí cuenta de que era mi deber como ciudadano el ayudarle. Cuando fui a abrir la cerradura, esta empezó a hablarme, me contó que era un dios, que iba a fulminarme, y que pensara en algo, puesto que aquello en lo que pensara sería lo que acabaría conmigo - hizo una pausa dramática, cogió aire y siguió relatando -. Por supuesto para un genio como yo, dejar la mente en blanco es imposible, y como tenía hambre... pues... pensé en cierto pastelito que es sin duda el mejor bocado para el paladar de un hombre. De pronto el iglú fue levantado por un monstruo de treinta metros con la forma de la pantera rosa, con esos ojos amarillos tan tenebrosos. Entonces la luz volvió, me dijo que recordara el arte ancestral de mi familia y que lo utilizara para vencer. Un palo metálico apareció en mi mano, estaba resinoso pero olía bastante bien; sin dudarlo, invoqué al espíritu protector de todos los Tan Dao Vien: el Nomo de los vellos púbicos.
- ¿¡Pero qué coño!? - dijo muy ofendido el muchacho a la derecha de Nai - ¿será Gnomo, no?
- ¡¡Claro que no!! - susurró de nuevo en voz baja pero esta vez se oyó nítidamente “puto ser inferior” -. Ellos ODIAN que se les llame con G, es por eso por lo que hace años que dejaron de aparecerse a los de tu raza. En fin, el Nomo de los vellos púbicos es un espíritu mágico que vaga por el mundo visitando todas las casas que tienen ordenador, danzando alegremente sobre los teclados a la vez que canta la canción de Los Diminutos y deja pelos entre las teclas. Es por esto que en todos los teclados aparecen pelos, por si no os habéis dado cuenta. Es que hay que ser ignorante...
- Bueno, da igual, acaba ya con la historia - dijo Nai, ocupado atando cabos con la información que acababa de recibir.
- El Nomo vino a mí, bajando de un arco iris, sacó un Stinger y fulminó a la pantera rosa de un disparo. La cerradura se abrió, pero el muchacho ya no estaba, ni tampoco la jaula, miré atrás y ví a...
- Sí, me viste a mí. A partir de ahí ya nos la sabemos - dijo nuestro protagonista por excelencia guiñando un ojo a la vez que empezaba a silbar.
En su mano seguía aún el báculo dorado, que temblaba, casi imperceptiblemente. Parece que, después de todo, no deambulaban sin rumbo, puesto que sus vibraciones eran lo que guiaba a nuestro grupo hacia su próximo destino. El líder sabiamente había cargado en secreto con la misión de salir de aquel extraño paraje, para hacer que sus amigos consiguiesen desconectar por unas horas de la tensión y descansasen psicológicamente de todo aquel mal rollo. Cuando llegó el momento en el que sus piernas no podían más, decidieron descansar también físicamente por un rato y dormir. Lo harían por turnos, permaneciendo siempre uno de ellos despierto, como en las películas. Y tal y como ocurre en las películas, a los cinco minutos estaban los tres roncando.
Pasaron horas, quizá días enteros. Despertaron los tres a la vez, exaltados, girando la cabeza de un lado a otro intentando situarse de nuevo en la realidad. Apenas distinguían la silueta de sus compañeros en la penumbra, por lo que por mutuo acuerdo decidieron acercarse lo mas posible por “mera cuestión de estrategia defensiva”, como dijo Nai. No tenían ni idea de que hora era, las manecillas del reloj del jefe elegido no democráticamente giraban sin parar en sentido contrario, y el reloj digital del chino-gamba marcaba que eran las 25:73. Los huesos les dolían mas que a la novia de un luchador de sumo, y tenían la boca tan seca que podrían haber encendido una cerilla en sus labios si fumaran. Sacaron de sus mochilas sendas botellas de contenido rojizo - anaranjado y dieron un pequeño sorbo cada uno. Automáticamente se sintieron mejor y se pusieron en pie de un salto con tirabuzón.
- Hermanos... - dijo el mas fontanero de los trés - tanto tiempo durmiendo, y tengo la sensación de no haber soñado nada.
- Quizás es que simplemente no te acuerdas - respondió el menos amarillo de los otros dos -, a mí me pasa siempre. Aunque en esta ocasión sí es verdad que...
- No hemos soñado nada - interrumpió el que quedaba por hablar -. En este mundo no existen los sueños, al menos en esta asquerosa región. Lo mas humano que hay aquí es la contaminación que tenemos encima - y al tiempo que decía su última frase golpeaba una de las piedras con la punta de su zapato.
- Mmmm piedra rrriiiica, gracias compadre - dijo una voz que no se había leído aún en esta historia.
- ¿¡Quien coño ha dicho eso!? - gritó el preguntón sin nombre - rápido Nai, saca tu linterna.
Y su compañero accedió, sacando de su bolsa una linterna verde de 3 kilos de peso con pegatinas de las tortugas ninja. En cuanto la encendió, un haz de luz brotó que mas lo quisieran para él la mitad de los faros del mundo, iluminando una serie de figuras mucho mas cercanas de lo que se podrían haber imaginado. Nuestros héroes ni siquiera gritaron, se limitaron a dar un saltito hacia atrás de forma poco masculina y a escudriñar los entes que habían invadido su espacio personal. A la izquierda de nuestro amado grupo había un caracol gigante con una silla de montar en la que iba sentado un tipo bajito con sombrero. Justo al lado, una piedra enorme con forma de pié, que estaba pegada a una piedra enorme con forma de pierna, que a su vez estaba pegada a una mole de rocas con forma de tórax, y ni que decir tiene que en lo alto de todo había una cabeza de piedra que parecía estar masticando algo. A la derecha, para rematar, yacía un dragón blanco con cabeza de perro y rabo de cerdo con Eddie Murphy montado sobre el.
7. Apaga la luz, apaga la luz, apaga la luz... - versiculo 1
7. Apaga la luz, apaga la luz, apaga la luz...
Aunque sabían que estaban allí, poco podían ver o conocer de ese aun desconocido lugar para ellos. En parte debido a los churretes de las ventanillas, en parte debido a la incalculable velocidad que llevaba su bólido. Apenas distinguían las formas y colores que pasaban por su lado, ni los sonidos que se agudizaban e intensificaban para luego oírse graves y lejanos, o los bichos o dios sabe qué que se reventaban contra el parabrisas. En ese momento el fontanero-conductor decidió que era hora de ir frenando si no querían protagonizar el nuevo anuncio de la DGT para navidad.
- Agarraos como podáis y sujetaros las carnes que vamos a dar un frenazo de los buenos - dijo Nai agarrando el freno de mano. Acto seguido el resto de los ocupantes del vehículo pasaron a modo abuela cogiendo con su brazo bueno las asas de encima de la ventanilla y con el otro sujetando sus posesiones contra el pecho con toda la fuerza que tenían.
- ¿¿Y donde cojones están los putos cinturones de seguridad?? - gritaba el personaje X ( siendo X = triángulo de Jalisco – [Nai + TDV] ).
- ¿Cintuqué...? - respondió Sudoku-chan - ¿te refieres a esa cinta negra que salía por los lados de los sillones? Creo que la usé para amarrar el depósito de agua de la lavadora a la rueda de repuesto... o la quemé por diversión, no estoy seguro.
El chino se salvó de ser aniquilado porque el coche comenzó a derrapar a lo bestia y se quedaron todos pegados a lo que tenían delante cual perro en celo a una pierna. Las ruedas chirriaron destrozando tímpanos pero el coche no se paraba.
- ABS fallido. Activando sistema auxiliar de deceleración - Dijo MegaDrive al tiempo que un ancla gigante salía del capó. Instantáneamente, una extraña espuma salió por todos los compartimentos rodeando a nuestros personajillos. Esta espuma se solidificó y absorbió el impacto protegiendo así al futuro de la humanidad.
Minutos mas tarde, los tres magníficos se encontraban fuera, escupiendo aun trozos de espuma y dando vueltas como borrachos en fin de año. El primero en hacer como el que hablaba fue Nai:
- Si no llega a ser por esta sustancia protectora plagiada directamente de la película “Demolition man” estaríamos todos espachurrados, formando un charquito de sangre cada uno. O aun peor, un charco de sangre mezclada de los tres. Gracias Tan Dao, eres un genio.
- Lo sé. De nada - respondió el orientaloide sin saber de que coño le estaba hablando aunque disimulando muy bien.
- Corrección, amigo Nai - sonó la voz de Mega por los subwoofers - ni sustancia protectora ni pollas, lo que pasa es que me he cagado encima. No en vano hemos estado a punto de diñarla estrellándonos contra aquel quitamiedos. Me temo que me he jodido el sistema de dirección, de refrigeración y de descalifragilisticautoespialidocisación. Puedo autorrepararme (tengo clase, a que sí) pero tardaré varios días.
La máquina parlante no mentía, a menos de un metro de su parachoques delantero surgía del suelo una especie de quitamiedos gigante, del que a su vez salían por su parte superior otros quitamiedos mas pequeños que se ramificaban también. Este amasijo de metal no estaba solo, pues se encontraban en una extensísima llanura cuyo suelo era de asfalto, las piedras, de hormigón, y saliendo de ellos, cientos de... ¿árboles? metálicos similares al antes descrito. El cielo, o cualquier cosa que hubiera sobre sus cabezas estaba oculto por una infinita nube de humo y gases resultados de la combustión de hidrocarburos. La única luz que había provenía de los faros del coche de Nai.
- ¿y ahora qué? - preguntó en voz baja el primero de los personajes en orden de aparición. Aquel paisaje nauseabundo le había devuelto de un golpe a la realidad: no tenían ni idea de lo que iban a hacer a partir de ese momento. Volvió a sentirse como ese chico indefenso que jugaba consigo mismo en los recreos y que echaba de menos al Chanquete. Cogió su báculo dorado y lo utilizó de chupete. [mmm siento como el oro penetra en mi circulación e intoxica a mi organismo... y creo que tengo una idea] pensó. Agarró, esta vez como un hombre, su palito ( el de oro, no el otro), y cayó en la cuenta de que era mucho mas corto que al principio. Recordaba su aventura dentro de Mega, todos los extraños acontecimientos que ocurrieron desde que, llevado por el reggeton, liberó todo el poder que había en él. Se acordó de la oscuridad, una oscuridad muy diferente a la que vivía ahora. Recordó cómo encontró a un muchacho de pelo moreno y camiseta heavy que le dijo que debía esperar, que ya había hecho bastante y que era el turno de sus amigos. y confió en él, no sólo cuando le dijo que esperara, también cuando le pidió el bastón por el bien de sus compañeros. Accedió en todo, no porque no tuviera otra opción, sino porque sabía que aquello era lo correcto. Lo sabía, simplemente lo sabía, y una vez que no tenía duda alguna, el miedo desapareció por completo y entonces, sólo entonces desde que empezó todo, estaba convencido de que iban a vencer esta lucha.
Esperó largo rato, pacientemente, hasta que una luz le pidió que le siguiera. Hizo caso y encontró, primero, a su bastón, mas pequeño, mas manejable... y mas poderoso. Segundos mas tarde, a Tan Dao, vestido de colegiala y rascándose groseramente bajo la falda. También él tenía ahora un báculo. Y luego a Nai. Eran un equipo, extrañamente vestido, pero eran un equipo, y pese a la repugnancia que le daba ver los vellos de las piernas de sus colegas, estaba orgulloso de ellos (Ahora bien, sí que es verdad que deseaba fervientemente no tener que ver la silueta desnuda de ninguno de ellos envuelto en colores durante su transformación). Era hora de traer de vuelta esa sensación y ponerse en marcha.
- Amigos - dijo, de vuelta en el presente, alegrando a sus compañeros que lo habían visto pensando como una planta los últimos diez minutos -, en marcha. Por allí - y señaló con su arma una dirección.
- ¿Y por qué por allí, amigo? - contestó entusiasmado Nai.
- Porque me sale del cipote.
- ¡De acuerdo! - respondieron el fontanero y el informático con una sonrisa en la cara.
