7. Apaga la luz, apaga la luz, apaga la luz... - versiculo 2

Antes de salir decidieron camuflar su coche: sacaron unas gafas negras de dos metros que tenían pegadas una nariz y un bigote acordes a su tamaño y la colocaron en su parte frontal. Gracias a un dispositivo de localización y un radar, regalos de Yupie y “Astlaco”, podrían volver cuando quisieran y darse otro garbeo en su ya funcional buga, probablemente cuando estuviera todo acabado y tuvieran que retornar a su hogar. Tras echar una meadilla tras el quitamiedos que casi les quita la vida (majestuoso juego de palabras ideado por Asiaman) se pusieron en marcha. Hablaron de fútbol, de la delincuencia en las calles, de cuantos hijos tenían sus excompañeras de clase, de lo que era la vida y lo que había cambiado todo, y de una serie de proyectos cachondos que nunca llegarían a realizar. Luego se contaron su última experiencia en la batalla, cuando habían estado separados tras mucho tiempo. El último en hablar fue TDV, que parecía estar guardándose su historia para el final, la mejor sin duda alguna para él. Tenía esa cara que tiene la gente cuando está escuchando a un amigo contar un chiste y entonces se acuerda de uno que él se sabe, potencialmente mucho mas gracioso, y se tira todo el rato que tarda en terminar el otro apretando la boca hipermotivado y a veces dando saltitos. En este caso, a diferencia de lo que suele pasar en el ejemplo, cuando llegó su momento no se le olvidó lo que iba a contar, y procedió a relatar con todo lujo de detalles la aventura en la que consiguió su bastón de poder:
- Pues bien, amigos. En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento, y...
- ¿Puedes ir al grano? Es que me duele un poco la cabeza - interrumpió Nai lo mas delicadamente que pudo, apoyado por un asentimiento de la cabeza del tercero en discordia.
- Vale, vale - dijo Tan Dao susurrando algo en chino y con una risa forzada -. Aparecí igual que vosotros, perdido entre toda oscuridad. Entonces decidí acostarme a dormir hasta que todo se arreglara solo. Pero una puñetera luz me despertó y empezó a empujarme hasta que me puse a correr. Llegué a un iglú hecho con cables, entré y allí había una jaula. Dentro de la jaula había un occidental capitalista, os diría quien pero no me acuerdo, lo siento pero es que para mí sois todos iguales. Recuerdo que llevaba una camiseta negra, y me pidió que lo sacara de allí. Le respondí que no tenía ganas, pero me ofreció dinero y entonces me dí cuenta de que era mi deber como ciudadano el ayudarle. Cuando fui a abrir la cerradura, esta empezó a hablarme, me contó que era un dios, que iba a fulminarme, y que pensara en algo, puesto que aquello en lo que pensara sería lo que acabaría conmigo - hizo una pausa dramática, cogió aire y siguió relatando -. Por supuesto para un genio como yo, dejar la mente en blanco es imposible, y como tenía hambre... pues... pensé en cierto pastelito que es sin duda el mejor bocado para el paladar de un hombre. De pronto el iglú fue levantado por un monstruo de treinta metros con la forma de la pantera rosa, con esos ojos amarillos tan tenebrosos. Entonces la luz volvió, me dijo que recordara el arte ancestral de mi familia y que lo utilizara para vencer. Un palo metálico apareció en mi mano, estaba resinoso pero olía bastante bien; sin dudarlo, invoqué al espíritu protector de todos los Tan Dao Vien: el Nomo de los vellos púbicos.
- ¿¡Pero qué coño!? - dijo muy ofendido el muchacho a la derecha de Nai - ¿será Gnomo, no?
- ¡¡Claro que no!! - susurró de nuevo en voz baja pero esta vez se oyó nítidamente “puto ser inferior” -. Ellos ODIAN que se les llame con G, es por eso por lo que hace años que dejaron de aparecerse a los de tu raza. En fin, el Nomo de los vellos púbicos es un espíritu mágico que vaga por el mundo visitando todas las casas que tienen ordenador, danzando alegremente sobre los teclados a la vez que canta la canción de Los Diminutos y deja pelos entre las teclas. Es por esto que en todos los teclados aparecen pelos, por si no os habéis dado cuenta. Es que hay que ser ignorante...
- Bueno, da igual, acaba ya con la historia - dijo Nai, ocupado atando cabos con la información que acababa de recibir.
- El Nomo vino a mí, bajando de un arco iris, sacó un Stinger y fulminó a la pantera rosa de un disparo. La cerradura se abrió, pero el muchacho ya no estaba, ni tampoco la jaula, miré atrás y ví a...
- Sí, me viste a mí. A partir de ahí ya nos la sabemos - dijo nuestro protagonista por excelencia guiñando un ojo a la vez que empezaba a silbar.
En su mano seguía aún el báculo dorado, que temblaba, casi imperceptiblemente. Parece que, después de todo, no deambulaban sin rumbo, puesto que sus vibraciones eran lo que guiaba a nuestro grupo hacia su próximo destino. El líder sabiamente había cargado en secreto con la misión de salir de aquel extraño paraje, para hacer que sus amigos consiguiesen desconectar por unas horas de la tensión y descansasen psicológicamente de todo aquel mal rollo. Cuando llegó el momento en el que sus piernas no podían más, decidieron descansar también físicamente por un rato y dormir. Lo harían por turnos, permaneciendo siempre uno de ellos despierto, como en las películas. Y tal y como ocurre en las películas, a los cinco minutos estaban los tres roncando.
Pasaron horas, quizá días enteros. Despertaron los tres a la vez, exaltados, girando la cabeza de un lado a otro intentando situarse de nuevo en la realidad. Apenas distinguían la silueta de sus compañeros en la penumbra, por lo que por mutuo acuerdo decidieron acercarse lo mas posible por “mera cuestión de estrategia defensiva”, como dijo Nai. No tenían ni idea de que hora era, las manecillas del reloj del jefe elegido no democráticamente giraban sin parar en sentido contrario, y el reloj digital del chino-gamba marcaba que eran las 25:73. Los huesos les dolían mas que a la novia de un luchador de sumo, y tenían la boca tan seca que podrían haber encendido una cerilla en sus labios si fumaran. Sacaron de sus mochilas sendas botellas de contenido rojizo - anaranjado y dieron un pequeño sorbo cada uno. Automáticamente se sintieron mejor y se pusieron en pie de un salto con tirabuzón.
- Hermanos... - dijo el mas fontanero de los trés - tanto tiempo durmiendo, y tengo la sensación de no haber soñado nada.
- Quizás es que simplemente no te acuerdas - respondió el menos amarillo de los otros dos -, a mí me pasa siempre. Aunque en esta ocasión sí es verdad que...
- No hemos soñado nada - interrumpió el que quedaba por hablar -. En este mundo no existen los sueños, al menos en esta asquerosa región. Lo mas humano que hay aquí es la contaminación que tenemos encima - y al tiempo que decía su última frase golpeaba una de las piedras con la punta de su zapato.
- Mmmm piedra rrriiiica, gracias compadre - dijo una voz que no se había leído aún en esta historia.
- ¿¡Quien coño ha dicho eso!? - gritó el preguntón sin nombre - rápido Nai, saca tu linterna.
Y su compañero accedió, sacando de su bolsa una linterna verde de 3 kilos de peso con pegatinas de las tortugas ninja. En cuanto la encendió, un haz de luz brotó que mas lo quisieran para él la mitad de los faros del mundo, iluminando una serie de figuras mucho mas cercanas de lo que se podrían haber imaginado. Nuestros héroes ni siquiera gritaron, se limitaron a dar un saltito hacia atrás de forma poco masculina y a escudriñar los entes que habían invadido su espacio personal. A la izquierda de nuestro amado grupo había un caracol gigante con una silla de montar en la que iba sentado un tipo bajito con sombrero. Justo al lado, una piedra enorme con forma de pié, que estaba pegada a una piedra enorme con forma de pierna, que a su vez estaba pegada a una mole de rocas con forma de tórax, y ni que decir tiene que en lo alto de todo había una cabeza de piedra que parecía estar masticando algo. A la derecha, para rematar, yacía un dragón blanco con cabeza de perro y rabo de cerdo con Eddie Murphy montado sobre el.

No hay comentarios: