7. Apaga la luz, apaga la luz, apaga la luz... - versiculo 3
- Saludos, terrícolas. Venimos en son de paz - dijo Eddie Murphy antes de empezar a reírse mostrando unos dientes hiperblancos -. Es coña, siempre he querido decir eso. Os hemos estado buscando bastante tiempo y nos ha costado encontraros, lo que es bueno porque significa que “ellos” no lo han hecho aún - hizo una pausa mientras bajaba al suelo -. Por vuestra cara creo que me conocéis, pero no estoy seguro de que sepáis quien soy. Me envía Gandalf-yoda-el-blanco-y-ahora-rojo-también, amigo mío desde siempre, y también compañero, cuando éramos tres, como vosotros sois ahora.
- Joder, y entonces, ¿el de las películas de Hollywood quién es? - preguntó el prota.
- Yo, por supuesto. Con el tiempo, cada vez mas niños escribían a Papá Noel y nosotros teníamos mas tiempo libre, así que decidí labrarme una carrera cinematográfica. Sólo que cuando la crisis comenzó, tuve que volver a Tequila y un conocido me suplantó en la Tierra.
- Ahhhh claro, eso lo explica todo - dijo Nai -. Por eso no has vuelto a hacer una película medianamente aceptable en tantos años. Y por curiosidad, ¿quién te suplantó?
- Mi amigo Jean Claude Van-Damme, que estaba harto de dar patadas y quería cambiar de registro. Aunque no le fue muy bien, la verdad. Claro que otro conocido tuvo que suplantarlo a él también.
- Ahhhh claro, eso lo explica todo - se repitió el fontanero -. Por eso no ha vuelto a hacer una película medianamente aceptable en tantos años. Por curiosidad, ¿quién le suplantó?
- Kevin Costner - respondió el ya un poco molesto Eddie.
- Ahhhh claro, eso...
- ¡Coño, deja ya el puto tema, hay cosas mas importantes de las que hablar, ¿¿no crees??! - y así cortó la conversación el irascible amo del báculo dorado -. Escúcheme señor Murphy, es hora de que nos expliquen qué mierda hemos venido a hacer aquí exactamente. Y si no tiene nada nuevo que decir, o van a ser otra puta mierda de acertijos y estupideces místicas, mejor váyase por donde ha venido y déjenos seguir nuestro camino - La rabia hablaba por él, ayudada por un rencor subconsciente debido a ser el único chaval del colegio al que le gustaba “El príncipe de Zamunda”. Sus dos amigos se quedaron flipados con el repentino ataque de furia, y el caracol empezó a gruñir y a sacar los dientes.
-Bien... - se limitó a decir Eddie. Le miró fijamente a los ojos durante unos interminables 6 segundos -. Sé que te mueres por ir a ver a esa hechicera, y temes que ahora yo te aparte de tu ruta - Tan Dao y Nai se miraron confundidos -. Pero no te preocupes, si allí es hacia donde quieres ir, hacia allí irás. Pero lo harás sólo, y antes de que protestéis, dejadme explicároslo. Hay una cosa cierta, y es que sólo vosotros tenéis el poder para evitar la masacre de vuestro mundo... y del nuestro. Pero también debéis saber que vosotros no tenéis poder suficiente para acabar con las lavadoras. Uff, que absurdo ha quedado eso - volvió a reír abiertamente -. Sin más rodeos: vuestra misión es viajar hacia los confines de este mundo para convencer a las tres facciones en peligro que lo habitan para que luchen a vuestro lado. Las lavadoras son muy listas, las hijas de puta. Han vertido una gran mentira, y nos la hemos tragado todos. Aquí se piensa que lo único en juego es vuestro mundo, y por lo tanto a la gente le suda abiertamente lo que pueda ser de él. Nadie se pringará por vosotros, nadie, y no les culpo, porque se pondría en peligro el equilibrio de nuestro planeta. Pero la verdad es que el plan de las lavadoras es dominar también esta dimensión, aprovechar todo el desplegamiento armamentístico y bélico que ahora están desarrollando para machacarnos, mientras nosotros, ignorantes, nos creemos inmunes.
- ¿Y por qué nosotros íbamos a convencerlos? - siendo esta vez Tan Dao el que hizo la pregunta obvia.
- Porque los humanos, o la 5º facción, como a veces se os llama, sois neutrales, ajenos a esta lucha de poderes que ha acompañado a nuestra historia desde hace siglos. Ningún justo haría caso a un soñador, ningún brujo a un justo. Desconfiarían, pensarían que es alguna treta para acabar dominando al resto. Pero vosotros por lo menos tendréis la oportunidad de hablar, de abrirles los ojos y espero que de hacerles entrar en juego, por el bien de todos. Cada uno de vosotros deberá acudir a una facción. Lo haréis sólos.
- ¿Separarnos ahora? - Nai echó una mirada a su ahora hermano oriental y a su líder, pensativo y distante -. Lo voy a decir bien claro: si tengo que morir en esta puta lucha, pienso hacerlo junto a mis compañeros -. Los otros dos asintieron con lágrimas en los ojos.
- Volveréis a uniros, si el plan sigue como es correcto. Con la ayuda de los Chupitos (gentilicio de los habitantes de Tequila) podréis llegar al núcleo de la ciudad de las lavadoras y allí se llevará a cabo la batalla final, donde estaréis sólos. Pero confiad en mí si os digo que si habéis llegado hasta allí vivos y enteros, estaréis mas que listos para vencerles.
- ¿Vencer a quién? ¿y cómo? - interrogó el muchacho de nombre incierto - Creo que tanto yo como todos los lectores queremos saber quién es la puta cabeza de las lavadoras y qué relación tengo yo con ella.
- Tú eres el elegido, el único capaz, el que lo descubrió todo viendo la televisión. Te prometo que muy pronto conocerás todo sobre tu padre ( y no tiene nada que ver con ninguna película de Almodóvar).
- ¿¿Mi padre?? A mi padre se lo llevaron... los... ugh - el dolor no le permitía hablar.
- En cuanto a la cabeza del mal... - Eddie hizo como si no hubiera escuchado esa última frase - es ÉL, la máquina que no debe ser nombrada muy a menudo, la primera de las lavadoras con voluntad propia - De la nada comenzó a escucharse música de momento dramático. Los tres humanos abrieron sus orejas y ojos todo lo que pudieron -. Vamos Joe, cuéntales la historia.
El hombre bajito que montaba al caracol se puso de pié sobre la silla, y sacando un arpa comenzó a tocar "No Leaf Clover" de Metallica, cambiando la letra para contar el siguiente cuento: “Los tres mosqueteros eran cuatro, la santísima trinidad es uno, y los tres hermanos Marx no eran tres. Cinco eran, ni uno menos, pero sólo tres conocieron el estrellato. Al quinto le dio igual, pero el cuarto, el pobre Herbert, saboreó las mieles del triunfo pero acabó saliendo del grupo. Injusta es la vida, pues era el mas gracioso de todos. ¿sería por ser mas guapo? ¿mas listo? ¿mala suerte?, ya nadie se acuerda. La decepción se apoderó de él. La rabia también. Pero su corazón no estaba podrido, y en vez de ser dominado por la envidia, la encerró en lo profundo de su alma” - tras quince minutos de sólo con el arpa al estilo de Jimmy Page prosiguió cantando – “muy bueno era con las máquinas, grandes avances consiguió, y buen dinero para su bolsillo. Un día creó una lavadora, cien años mas avanzada a las que en su tiempo existían. En ese mismo tiempo, contra su voluntad, uno de sus inventos contribuía a formar un arma que acabó con la vida de millones de seres humanos. Esa gota colmó su vaso, y dejó salir todos sus demonios. Su alma se desdobló, saliendo su parte maligna que acabó formando parte de su última creación. Ese nuevo ente se llamó Pikolo, y pronto tomó conciencia propia. Tenía poderes entre lo tecnológico y lo mágico, y mas mala leche que un Pitbull con hambre. El odio lo alimentaba. Quería venganza. Pero no tenía piernas. Ironías de la vida, el ser mas maligno de todos, en un desván sin poder moverse. Hasta que liberó su fuerza maligna y cambió de dimensión, de tiempo, de equipo de fútbol, de todo. Acabó en nuestro mundo, creando una raza nueva. Ideando un plan de dominación universal. Y hasta aquí puedo contar, antes de que los tomates nos vayan a aniquilar”.
- Oye muy bueno el concierto, pero la última frase no la he entendido – dijo Nai mientras veía que extrañamente sus compañeros se agitaban.
El pobre licenciado en fontanería vía CEAC no se daba cuenta de que estaban rodeados. Unos humanoides rojos estaban danzando a su alrededor. De sus guturales gargantas parecía salir... la canción de los fruitis, algo así como “Somos rojos somos bichos, somos locos con Vespinos...”. El líder ejerció como tal y arengó a sus compañeros:
- ¡Son los putos telepizzeros! Solo que aquí no tienen que camuflarse. ¡¡¡os vamos a convertir en salsa de tomate, hijos de puta!!! - y sacó su bastón dorado, que empezó a brillar cegando y quemando a los esbirros del mal.
- No, son demasiados. Venid por aquí - dijo Eddie Murphy penetrando con su dragón en el suelo, haciendo un orificio por el que todos podían pasar, incluso el gigante de piedra, que fue el último y taponó el conducto con una oreja que se arrancó.
- No os prrrrreocupéis, me volverá a crecer - comentó para el alivio de todos el golem piedrotudo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario