6. Terror y pasión en Tanganika - versiculo 1

     LIBRO SEGUNDO: EL DEVORADOR DE PÁJAROS

 

     6. Terror y pasión en Tanganika

Horas más tarde, Nai buscaba sus herramientas para torturar a Tan Dao. No en vano, el amarillento déspota le había mandado a comprar chicles, y en su ausencia había tuneado su coche acoplándole una lavadora a su parte de atrás y un condensador de fluzo. Según sus planes este artefacto les llevaría al mundo de las lavadoras y aprenderían la forma de acabar con ellas. El único requisito era que para que funcionase el viaje tenían que alcanzar una velocidad de 200 millas por hora, que como ninguno tenía ni puta idea de cuanto eran, simplemente consideraban como “mu rápido”. Ya encontrarían la forma de no pegarse una castaña. Dentro del coche, el chico del báculo de oro ignoraba los canturreos del coche bipolar de su amigo el fontanero, y se sumía de nuevo en sus pensamientos. Recordaba especialmente lo que le había dicho Izaskun sobre el mundo paralelo: la parte de las máquinas, un mundo sombrío, lleno de galerías oscuras habitadas por cientos de lavadoras gigantes que atacan a cualquier nave que ose acercarse; en el límite, un último reducto de la civilización humana, habitada por miembros de las tres facciones viviendo en armonía. Y a lo largo de todo ello, cientos de tuberías de transporte, ladrillos para romper con la cabeza y setas que te transforman en gigante. ¿Sería así de verdad o la habría pillado fumada? Pronto lo descubriría. Y pronto la volvería a ver, a ella, a su guía, a su estrella de oriente...
Por unanimidad decidieron pirarse de allí, aunque no sabían hacia donde. Los tres muchachos estaban ahora solos y tenían que llegar hacia el otro mundo. Salvo las artes marciales que conocían y el báculo de oro, no tenían armas ni sabían como se derrotaba a las Máquinas; el tiempo siempre acaba produciéndoles averías, pero de eso precisamente no tenían en demasía, así que como primera acción se introducirían en el coche no si antes percatarse del cambio de look que este presentaba. Y como algo ya típico en esta historia es que los personajes cambien de acento, y no por eso iba a dejar de suceder, tras los ajustes que el Australiphitecos Chinosus le hizo al coche, este ahora hablaba como el encargado de cualquier 24 horas que estuviera abierto en fin de año. No contento con esto Tan Dao le puso pegatinas de “Toyota” y “Racing” por todas partes, le puso un reproductor de mp3, cambió el corazón luminiscente que tenia en el capó por una simple línea recta luminiscente monocromática roja que hacia sonido cuando un pequeño segmento de bombillas empezaba a brillar moviéndose de un extremo a otro y colocó unas letras japonesas (kanji) encima de esta en color plata que rezaba: “Amato Yoshi sigue vivo en nuestros corazones”.
- Respetuosos saludos, que vuestros días sean más placenteros gracias a la salsa agridulce - dijo el coche mega drive con el acento antes comentado una vez que se sentaron los 3 futuros héroes.
Nai le contó toda la historia y le pidió consejo al vehículo de 4 ruedas (y la de repuesto) motorizado, entonces, cuando el coche parecía que se disponía a hablar, reggeton de la peor calaña empezó a tronar por los altavoces desgarrando los oídos de los ocupantes. El chaval del bastón dorado miró con los ojos enfurecidos y le acercó la cara a una distancia intimidatoria al ahora asustado por el horrible sonido que emanaba de los altavoces Tan Dao.
- No sel mi culpa, no sel mi culpa - balbuceó como pudo el oriental.
- Lo sé - intervino Nai -, es la otra personalidad de Mega Drive.
- Muahahahh - empezó a reirse la otra personalidad de Mega Drive, ahora con un acento americano - I’m Geneziz da’merican fucking dark sid’of Mega Drive fucking niggars, and brodas I’m gonna kill you fucking betchas.
Ese último comentario fue la gota que desbordó el pantano donde se almacenaba el odio del protagonista, el cual empezó a apretar con todas sus fuerzas el bastón que le regaló el Rey Mago–Vagabundo–Gandalf–Yoda. Sentía como el odio partía de su corazón y fluía hacía cada célula que componía su cuerpo de geek pajero, alimentándola de la rabia más pura, cualquiera que hubiera visto Goku hubiera pensado que se iba a convertir en super guerrero, pero en lugar de usar ese estereotipo más refrito que el aceite de las freidoras del McDonalds, en la frente del protagonista apareció tatuada en letras rojas incandescentes la palabra “ODIO” y una luz cegadora inundó el interior del coche forzando a los ocupantes a protegerse los globos oculares.
Cuando Nai abrió los ojos no estaba en el coche con sus dos compañeros de aventuras, se encontraba inmerso en un espacio vacío sumido en total oscuridad y se sentía flotar (todos flotan), de repente un bastón similar al dorado del protagonista apareció ante sus ojos, era plateado, quizás porque era un miserable fontanero segundón; el aire comenzó a impregnarse de un aroma conocido, el olor de un ritual, el olor que acompañaba a los ídolos de madera que cargaban una veintena o treintena de hombres a sus espaldas y que cada vez se volvía más denso. El bastón, de repente, empezó a emitir un brillo que aumentaba progresivamente durante unos segundos y luego remitía con a la misma velocidad con la que se había encendido, este ciclo no paraba de repetirse, era como un luminoso en el cual se podía leer “Cógeme”. Por fin Nai tuvo lo que tienen que tener los héroes (valor y cerebro) y agarró fuertemente el bastón con sus manos, entonces una fuerza mística invadió en un instante la totalidad de su cuerpo como si hubiera sido alcanzado por un rayo y en su frente apareció tatuada la palabra “DESPRECIO” del mismo modo en que había aparecido a su amigo y compañero de aventuras anteriormente. Acto seguido y aún tratando de asimilar el shock le volvió a recorrer una sensación que había tenido no hace mucho y era la de desvanecerse, era la misma que le llevó a aquella pequeña dimensión donde el bastón le pidió que se despertara y ahora le llevaría a una peculiar habitación. El suelo era verde con una textura mitad cartón mitad plástico, y estaba atravesado por unos raíles metálicos que a veces eran cortados, otras solamente cruzados por otros en perpendicular, y periódicamente eran recorridos por una estrella blanca que centelleaba aleatoriamente con más o menos potencia cada vez.
Antes de que sus ojos empezaran siquiera a acostumbrarse a la oscuridad, y a los repentinos destellos de esas estrellas que gateaban a una velocidad infernal, notó frío en piernas y brazos. No tenía pantalones y la camiseta, si es que se la podía llamar así, que llevaba ahora no llegaba a cubrirle los hombros. Había algo más, sentía que la ropa en la que estaba embutido le apretaba desde los hombros hasta la entrepierna, era como si estuviera embutido en un traje de gimnasia rítmica femenino sin extremidades. Al ocurrírsele esta idea broto en él el deseo de que esto no fuera cierto, sería horrible, tembló de asco y miedo a la par que en su cara se dibujaba un gesto de repugnancia similar al de pisar una cucaracha con el pie descalzo. Pero, ¿y el bastón que le había provocado todo esto?, Ahora lo sentía metálico, mucho más estrecho y algo más pesado. Palpó su forma con los dedos y era más corto, no más de veinte centímetros, y en el extremo opuesto a la empuñadura el bastón se convertía en un corazón, [¡Dios que horror!] pensó Nai, era como vivir dentro del Anime “Sakura Cazadora de Cartas” o peor aun, [“¡¡¡LA FAMILIA CRECE!!!”]. Ahora el temblor se intensificó y la cara se podría decir que se le transfiguró en algo más cercano a lo que sería la “arrunada” cara de un Heavy en un concierto de las Spice Girls que a un hombre. A pesar de saber que en la mierda de Anime “La familia crece”, nadie va con mallas, su cerebro no encontró otra forma visual de explicar lo que sentía en ese momento de horror indescriptible y “dibujitos chinos”. Deseaba que fuera como en una historia multiaventura donde pudiera elegir ir a la página 1238 donde esa sensación no le recorriera cada centímetro de su cuerpo. Mientras Nai continuaba sumergido en ese magmático mar de pensamientos, tres fugaces destellos seguidos de una esfera de luz volvieron a cegarlo, pero esta vez no fue a ninguna parte, tres figuras humanas y una cada vez más translúcida esfera de dos metros de diámetro aparecieron a unos metros delante de él. Una tenue y acusadora luz había irrumpido la escena delatando a dos de esas figuras que eran sus amigos, el oriental tunero-racing-informático-conocedor-de-un-ancestral-y-misterioso-arte-marcial y el no oriental del que ninguno de los dos autores de esta... ¿Historia? ¿Bazofia? ¿Gilipollez? ¿Galimatías interdimensional? ¿Plagio indiscriminado? ¿Paranoia? ¿Discriminación racista hacia los ancestrales y misteriosos chinos? ¿Devanar de sesos? ¿Fan fic motivado? ¿Diagnostico diferencial? ¿Megabytes de datos? ¿Odio inconsciente a las lavadoras? ¿Grano de arena en la historia de la humanidad? ¿Deliciosos fetos? ¿Nubes y cielos azules de Nintendo? ¿Pérdida de la capacidad sináptica? ¿Irrefrenable conexión entre un teclado y un cerebro? ¿Preguntas independientes e inconexas como en un corto de motivados sin recursos que usan la paranoia psicodélica para sentirse genios y que los aplaudan? ¿Por qué el paludismo no significa que te vuelves más palurdo? ¿Misantropía? ¿Genialidad?... no han sabido o no han querido darle nombre hasta la última línea de la... (Repetición, otra vez, de las preguntas con tono sarcástico de las preguntas inconexas que definen este texto)… que no será “...fueron felices y comieron perdices”, sino muy posiblemente el nombre de esta criatura que un día decidió andar al revés para tratar de cambiar el mundo. Estos dos iban vestidos como unas colegialas (umm deliciosas) japonesas (deliciosas deliciositas) pero con las faldas tamaño cinturón, lógicamente Nai también, siendo infinitamente peor que las imágenes con las que se había dedicado a torturarlo su imaginación. Las faldas eran de diferente color y el bastón tenía una forma distinta en cada extremo, el de Shenmue tenia un abejita muy cuca y el del líder de la tríada de héroes estaba coronado por un camaleón bicéfalo. La luz cada vez más apagada que emitía la esfera permitió distinguir los rasgos de la tercera figura humana, e incluso de una cuarta que se encontraba dentro de ella para sorpresa del héroe asfixiado por un estúpido traje de colegiala (umm deliciosa) japonesa (deliciosa deliciosita). El ser que se encontraba a la izquierda de lo que quedaba de esfera y por delante de Shenmue y Unnamed Player, parecía ser un muchacho de unos veinte años de edad con el pelo moreno y corto, ojos marrones, una camiseta negra en las que se podían leer en letras azules “Generación 16 bits”, y unos vaqueros normales de toda la vida. El otro ser empezaba a hacerse más visible, su rostro era una copia idéntica de lo que Nai supuso la encarnación de Mega Drive, pero con ojos azules, tenía el cabello rubio y su atuendo era radicalmente diferente ya que iba vestido como un maldito metrosexual, pero en su camiseta, rosa por supuesto, no rezaba nada friki, aunque como viene siendo común en todas las camisetas de estos seres prefabricados también se podía leer una frase estúpida: “La hormonas que me inyecto en los músculos me han encogido el pene”.

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