6. Terror y pasión en Tanganika - versiculo 3

Durmieron durante algún tiempo, ninguno supo cuanto porque ninguno se molestó en mirar la hora, sólo sabían que estaban cansados y querían dormir. Este sueño reparador les dejó como nuevos y les aclaró las ideas, no sentían la apremiante necesidad de encontrar un modo para ir hasta Tequila ya que se les había sido revelado en sueños por sus bastones mientras dormían, además la cosa era sencilla puesto que ya tenían la lavadora integrada en el coche y sólo necesitaban poner el automóvil de cuatro ruedas más la de repuesto a dos cientas millas por hora. Si no sabían donde podrían hacer algo así, podrían consultar el GPS que Ho Fat le había instalado al coche cuando le hizo los “ligeros” ajustes que les permitirían hacer un viaje en el espacio tiempo.
El primero en despertar, si es que se puede llamar así, fue Mega Drive, que había estado escaneando cada byte de su sistema buscando algún resto de Genesis que hubiera podido huir u ocultarse. Tomó la decisión de despertar a todos, pero de una sutil forma. Ahora que tenía cargador de dvd en vez de un casete, una completa biblioteca en mp3 estaba a su disposición, y para la ocasión eligió “Sonata de Claro de Luna”. Antes de un minuto estaban todos despiertos con una sonrisa, incluso tarareando.
- Amigos supongo que mientras dormíamos se nos ha revelado lo que tenemos que hacer, y no dudo que debemos hacerlo inmediatamente, pero antes deberíamos pasarnos a ver a mi padre, él puede darnos consejos ancestrales y milenarios, además de deliciosa y energética comida - dijo Tan Dao Vien. El estomago del resto de los integrantes del triángulo de Jalisco expresó su opinión rugiendo como un Tiranosaurio Rex, y Cudeiro, complacido, se dirigió a Nai -. De acuerdo, el restaurante de mi padre está en el barrio chino y se llama como mi padre y yo, es una tradición que data desde tiempos inmemoriales. Mega Drive, pon rumbo al Restaurante chino Tan Dao Vien.
- ¡Hey que eso lo digo yo! - dijo Nai ligeramente molesto, y todos rieron como suele pasar en comedias para niños o adolescentes en que los inexpertos actores no tienen ni puñetera idea de hacerlo pareciendo natural tras una escena supuestamente graciosa.
Mega puso rumbo al restaurante de Tan Dao, por los altavoces que comenzó a emanar una melodía que fascinó a nuestro protagonista, no era otra que “Quisiera ser” del dúo dinámico, esta vez si que podían pedir canciones gracias a los “ligeros” ajustes que el informático-oriental-experto-en-viajes-interdimensionales le hizo a Mega. El minutero recorrió poco más de un cuarto de esfera cuando llegaron al restaurante-casa de Tan Dao, dedicaron al menos otro cuarto de esfera del minutero, incontables vueltas al barrio, y 60 céntimos para encontrar un aparcamiento totalmente legal y a distancia relativamente cercana.
Como si hubiera vaticinado la llegada de su hijo, TDV Senior esperaba a los jóvenes en la puerta del restaurante, y una vez que los tuvo frente a frente se dobló sobre si mismo haciendo una reverencia como señal de respeto, [Y pensar que los orientales pensaban que comer con una cuchara era como con una pala…] pensó el líder de los Jalisco Centrifugated Group y como si Tan Dao Senior le hubiera leído la mente le lanzó el golpe de kárate, la patada yin-yan, que el mismo le había enseñado en el pasado. Sin siquiera despeinarse el alumno bloqueó el golpe del hombre que lo había iniciado en las ancestrales y milenarias artes marciales.
- Bien pol ti, celezo losado que vigila el alozal desde la colona del bancal - dijo con su típica neutralidad el dueño del restaurante -. Pol favol acompañadme, unos amigos os espelan pala hablal con vosotlos.
El señor Vien les hizo atravesar el comedor, donde algunos comensales daban fin a su exquisito menú de cinco euros a rebosar de glutamato que les haría sentir una felicidad pletórica, y les dijo esperaran delante de una puerta al lado de los servicios con un cartel en el que se podía leer “Sólo personal autorizado”. Pasados unos instantes el señor Vien apareció con cuatro botellitas de agua de treinta y tres centilitros rellenas de algo que parecía ser salsa agridulce.
- Esto es una pócima de culación, tomad un poco cuando os sintáis cansados o estéis helidos, os lecupelalá totalmente - advirtió el señor Vien, dando una botella a cada uno. Cuando los tres muchachos encargados de pelear por el futuro de su mundo y el de Gandalf hubieron guardado en sus bolsillos las bebidas mágicas, el druida chino abrió la cuarta botella y les dio a beber a los muchachos diciendo:
- Esto os quitalá el hamble y os pondlá como una moto
- dijo el sabio, y al oír esto el joven Vien se acordó de alguien a quien echaba en falta en ese momento. Preguntó en voz alta a su padre, y tras unos segundos de silencio, sus amigos le relataron con angustia como una pizza rebanaba la cabeza de su primo el reinller rojo. bajó los ojos hasta el suelo y luchó contra si mismo para no llorar delante de su amado padre, pero una minúscula gota de líquido plateado asomo por su ojo izquierdo. Sin mediar palabra el druida de infinita misericordia abrazó a su hijo para que pudiera llorar sin temor a reprimendas la muerte del familiar, y le pegó en la espalda un papel de propaganda del restaurante, para que fuera a donde fuera publicitara el negocio familiar.
Una vez que todos bebieron el brebaje que sabía a salsa agridulce y a espuma de afeitar, todos notaron que el hambre les abandonó y se sintieron tremendamente felices, como todas las personas que comían en el restaurante del druida Vien. Vien-sama se acercó al panel numérico que gobernaba la apertura de la puerta, tecleó 383873 y giró el panel numérico, que parecía firmemente clavado a la pared, ciento ochenta grados. Ahora se podía leer “ELBEBE” en él, y después de unos segundos de espera un clic que venía del interior de la habitación “Sólo personal autorizado” indicó el desbloqueo de la puerta. La habitación que ocultaba la puerta parecía un pequeño almacén lleno de cajas colocadas en total armonía en las estanterías que recorrían en largo las paredes de los lados, dejando un pasillo que conducía a otra puerta justo enfrente de la que habían desbloqueado para entrar. Era prácticamente imposible averiguar lo que contenían las cajas pues estaban escritas en un abecedario no latino, aunque las cajas no debían de importar mucho porque Vien-sama condujo a los tres de Jalisco a través del pasillo haciéndoles caso omiso. Una vez que llegaron al final del pasillo, se encontraron de nuevo bloqueados por una puerta, pero esta vez no había paneles numéricos con los que demostrar cuan lammers podían ser imitando a los primeros h4ck3rs que iniciaron la moda de escribir con números, ni tampoco un cerrojo para usar una “llave de puerta secreta” que te la encuentras en el horno de la cocina al resolver un puzzle de tres en raya de salsas, simplemente había que girar el pomo de la puerta para llegar a otra habitación que no tenia nada que ver con el restaurante.

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