2. La oveja marina - versiculo 2
En mitad del camino y para evitar mariconeos establecieron la distancia mínima de veinte centímetros entre los codos de ambos, manos en los bolsillos, paso medio y andando en paralelo. Pronto surgió la típica conversación intrascendente:
- Oye Tan Dao, vaya equipazo informático mas guapo que tienes en tu cuarto, y eso que viendo tu casa y tu ropa pensaba que en tu familia no teníais ni para comer - le pareció un comentario muy gracioso. El sentido del humor no era lo suyo.
- ¿Co... mer? yo no hago esa función primitiva y bárbara. Parece mentira que no sepas que los chinos no necesitamos comer.
- Ahhn, quizás eso explica por qué sois tan bajitos, jejejeje - se escuchó el viento, sonido de grillos de fondo y volvió a sentirse avergonzado.
- ¿Bajitos? Pero que dices tío. Los chinos somos el doble de altos que resto de mundo capitalista. Lo que pasa es que tenéis un problema de perspectiva debido a vuestra mierda de ojos occidentales redondeados.
Cansado de discutir con su fumado colega, nuestro galante y sexy protagonista volvió a sumergirse en sus adentros y a autotraumarse. El día estaba siendo raro, mas que el día que en su barrio las marujas quemaban los bidones de basura. ¿Estarían observándoles las lavadoras en ese mismo instante? ¿Les estaban esperando? Prefería no pensarlo. De hecho, prefería no pensar más. Hace unas horas su mayor preocupación era un lunar que se acababa de encontrar en la ingle. Ahora, el futuro estaba en sus manos. Y pesaba mucho.
- Silencio - susurró Tan Dao mientras se ponía de cuclillas y ponía cara de preocupación -. Aquí ocurre algo extraño.
- No me asustes mas, tío, que antes me he encontrado con unos pintas que no veas, y encima el jefe vestido de reinller rojo, mas hortera el tío…
- ¡PUTO SER INFERIOR!, Sólo un cerdo enano occidental como tú podría llamar hortera al traje tradicional de combate de mi familia. Ha pasado de generación en generación hasta llegar a mi primo, siendo siempre la envidia de media Asia.
- ¿¡Entonces conoces a esos pintas!? - intentó parecer sorprendido, pero después del día que llevaba ya estaba un poco cansado.
- Claro, son todos primos míos por parte de perro. Yo antes estaba en su banda también, hasta que me echaron cuando fracasé en una misión... – una sombra pareció apagar la mirada de Tan Dao - no... no estuve a la altura... y esos demonios....me.... me.... me robaron las estampas de gayumbomon y cipotor.
- ¿Quiénes? ¿los repartidores de telepizza? - su intuición seguía intacta.
- ¡¡¡CALLA PÉCORA!!! No los nombres en voz alta. Quién sabe si nos podrían estar escuchando. Sí, ellos son el mal. Sólo tienes que verlos moverse, conducir esos ciclomotores infernales. Lo de las pizzas es sólo una tapadera, están aquí para ser el brazo armado de las lavadoras en nuestro tiempo. De hecho, intentan reclutar mas seres humanos, ¿o acaso no te has dado cuenta de su nuevo anuncio?: “momento... redondo” mientras hacen con el brazo el claro símbolo de... las lavadoras. Órdenes subliminales.
- ¡Que fuerte! - respondió su compañero pese a no estar escuchándole -. Entonces, me has dicho que los repartidores de telepizza, ¿no?
- Sí. Intenté infiltrarme entre ellos. Pero me paré en un semáforo en rojo... y me descubrieron - las lágrimas peleaban por salir de sus parpadillos -. Tenemos que hacer algo, tenemos que acabar con ellos...
Siguieron adelante y nada extraño ocurrió. Probablemente, Tan Dao estaba sordo. Horas después llegaron al garito. Humo, insalubridad y decibelios por un tubo eran los principales alicientes de lo que decía llamarse un pub, donde deberían reunirse con esa mujer misteriosa que les ayudaría. Desde luego se le ocurrían mil formas en las que podía ayudarle, pero luego recordó que no era su vida sexual lo que estaba en juego, sino la realidad tal como la conocían.
La vió. Sabía que era ella. Tenía que ser ella. Tirada en el suelo, pelo negro, ropa hippiosa, con un vaso de quién sabe qué en la mano. Les presentaron. Ese nombre, jamás se le olvidaría...
- Encantado de conocerte, Izaskun - se alegró porque pensó que le había salido muy bien la voz de tío guay, y además se había echado gomina esta mañana -. Soy el elegido.
- ¿Jeje, hwe, aahh?...¿¿bebesss ´tío?? - un sospechoso humo salía de su nariz y boca, como si estuviera fumándose un tres papeles, pero el porro no se veía por ningún lado. Pues sí que tenía clase la tía -. Eehhnnn que wapo stá esteoooo jejejejeje.
Sin duda le estaban poniendo a prueba de nuevo. Extendió su brazo y pilló el vaso de... ¿vino? Y le pegó un trago sin pensárselo. Empezó a ver lo guapa que era Izaskun. Pero qué coño, estaba empezando a ver guapo hasta al chino. Pues sí que tenía que ser fuerte la bebida. Se sintió algo mareado y comentó en voz alta:
- Tan Dao, tienes que probar esto, no sabe a nada pero yo estoy ya que hasta veo a repartidores de telepizza reptando por esas ventanas.
- ¡¡¡¡Dios mío!!!! ¡¡¡¡Están aquí!!!! ¡¡¡¡Hay que huír!!!
En efecto, estaban allí. Les tenían rodeados. Pero allí todos estaban preparados. Un chaval con mirada solemne fijó sus ojos en Izaskun, y ésta asintió. De pronto, el chico se bajó los pantalones y comenzó a correr en círculos alrededor de la pista. Su baile era manifestación del éxtasis, como cuando ponen mago de oz a las dos de la madrugada y la gente se emociona. Esta danza hipnótica mantuvo inmóviles a los repartidores el tiempo suficiente para que todos escaparan.
- Dínos, Izaskun, ¿hacia dónde debemos dirigirnos ahora?
- Psssheee. Posssss a la fábrica deuu lavadoras ¿no?
-¿Fábrica de lavadoras? - a Tan Dao pareció sorprenderle -. Yo nunca he visto ninguna.
- ¿Tampoco hay barrio chino en nuestra ciudad, no? - toma golpe bajo que le dio el prota a su amigo el hacker oriental -. ¡¡¡Tomaa!!! Tomaaaaa poooooooo poooooooo palooooooo poooo poooooooo - sin duda había sido un día duro para él y sus venas merdellonas salían a la luz.
- Aro tiosss, iwau qwwwu de esso se tratah, ejejjeje, que nossssepamos dónde se fabrican. Pero vamos a irr, y nos vamos a enterar de sus planes y de cómo...
- ¡¡¡Jodérselos!!! - respondieron ambos machos mientras su maestra se quedaba en un aparente coma etílico.
Ya podían sentir el miedo en sus huesos. Iban a dirigirse frontalmente como el enemigo. ¿Saldrían vivos de ésta? ¿Habría oompa loompas en la fábrica? ¿pillarían cacho con Izaskun?......
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