2. La oveja marina - versiculo 5

Tal y como les aconsejó el sucio y a la par que aberrante anciano esperaron a la noche, a que las criaturas del submundo se congregaran en sus lugares de reunión habituales, y comenzaron la búsqueda.
Era una visión horrible, estos demonios nocturnos se podían clasificar escasamente en dos o tres tipos, todos réplicas unos de otros, moviéndose al unísono, algo asfixiante, claustrofóbico, cualquiera que sufriera esta afección sin duda acabaría por los suelos revolcándose y expulsando espuma por la boca.
Un torrente de clones inundaba todo el ancho de cada calle por la que paseaban. Necesitaban entrar en un bar urgentemente, lo hicieron, a diez pasos de donde se encontraban, pero en ese no tuvieron suerte, ni durante las 2 horas siguientes tampoco, pero todo no iba a ser mala suerte ese día, Gandalf no se había sacrificado por nada y al llegar a uno les atrajo su cartel que parecía un bar de aviadores o fans de la segunda guerra mundial, “Zeppelin” rezaba el letrero y, al contrario que en otros baretos, había espacio, se podía respirar y no tenia tan mala pinta, pero sin lugar a dudas era un garito extraño: había motos colgadas en las paredes y corría el rumor de que en fin de año habían puesto música de Britney Spears.
Tal y como predijo el miserable de Gandalf había un joven de aproximadamente la edad del cerdo capitalista occidental y Hatori Hanzo al fondo de la sala, apartado, mirando con desprecio a los otros que estaban a su alrededor golpeándose como bestias de corral. Parecía que le daban asco y no quería que siquiera le rozasen. Ambos se miraron y supieron que él era el que completaría el triángulo que salvaría el mundo, y justamente entonces el disco se cambió y David Bowie empezó a sonar con “The man who sold the world”.
Se aproximaron hacia él despacio pero sin dejar de mirarlo a los ojos y cuando el inglés entonaba “Which came as some surprise I spoke into his eyes” se encontraban a una distancia prudencial que evitaría malentendidos entre ellos. Le preguntaron si tenia fuego, algo que en estos tiempos todos parecían poseer, pero tal y como imaginaban los desgraciados de los protagonistas les respondió con la ansiada pregunta.
- ¿No creéis que Mofly era un ser adorable?
- ¿Adorable? - se preguntó así mismo el protagonista sin nombre, sumergiéndose en un mar del que no podría salir solo. Tan Dao Hanzo intervino rápidamente.
- Por supuesto que no, por eso era el último, el hombre como ser racional ha ido extinguiendo los seres que hacen peligrar su existencia: el lobo, el oso, el panda, ¿quién se iba a fiar de una bola de pelo desagradable con 5 zarpas de 4 centímetros en cada mano capaz de clavarlas en los troncos de los eucaliptos y sostenerse así con ellas?
Bowie continuaba ahora por “I laughed and shook his hand, and made my way back home”. El misterioso chaval con aversión a los koalas sonrió.
-Me llamo Knight, soy fontanero, ¿Me contáis vuestra historia?
Los 3 hablaron largo y tendido hasta que llegó la hora de cerrar el bar y cuando Bowie no alcanzaba ni el adjetivo de rumor distante decidieron ir a casa del nuevo miembro del clan secreto que salvaría al mundo de las lavadoras. Knight, o “Nai” como lo llamaban sus nuevos e incompetentes compañeros de aventuras tenía un piso en el centro, no era gran cosa, mas bien viejo, pero los 3 podrían dormir sin problemas y sin compartir cama, que era lo más importante para su heterosexualidad. A la mañana siguiente una vez despiertos y desayunados comenzarían a trazar una secuencia de acciones que comenzaría por visitar la tienda de repuestos de lavadoras más cercana. Ahora que contaban con un fontanero no tenían nada que temer.

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