2. La oveja marina - versiculo 4

Deambularon de barrio en barrio hasta llegar a una plaza del casco histórico, era un lugar espiritual, un monumento de piedra lo revelaba, dando a conocer los nombres de muchos de los que quizá andarán por allí habiendo perdido su rumbo en alguna parte del camino hacia la otra vida. En una de las esquinas de la plaza con el monumento en medio había unos vagabundos que salían de su hogar de cartón, y al ver esto, la razón adulterada del par de amigos que sentían que se desplazaran flotando hizo que se dirigieran en actitud beligerante hacia estos seres del inframundo.
Al acercarse lo suficiente a ellos como para que estos se dieran cuenta, dos se giraron y el resto desapareció como si nunca hubieran estado allí. Un sonoro “¡Gandalf!” lleno de júbilo y respeto salió esputado de las gargantas del peculiar dúo, asustando a uno de los vagabundos que sin dudarlo puso pies en polvorosa ya que había decidido ver la corrida desde el burladero.
El otro, un tipo de 1.75, pelo blanco, ojos azules y unas descuidadas y blanquecinas barbas que cargaba con una bolsa que contenía unos cachorros de perro con tan sólo unos días de vida, permaneció inmóvil y atento al par de chavales que le miraban con ojos ávidos de respuestas. Los muchachos se detuvieron a poco más de un metro del misterioso vagabundo, este les observó, y les regañó.
- ¿Acaso creéis que no nos vigilan insensatos?, claro que lo hacen y espero que no os hayan seguido hasta aquí. De todas formas yo no soy a quién buscáis pero estoy de vuestra parte, se como habéis llegado hasta aquí y se a quién tenéis que buscar, pero antes necesito algo de vuestra parte, ¿tenéis Maria?, ¿jachis? ¿O siquiera la mierda de vino alucinógeno que os ha traído hasta aquí?
- Aún nos queda algo de vino Gandalf - comentó el blanquito, que por suerte no pudo beber tanto como su amigo, y le dio la botella con suficiente liquido para que el maloliente vagabundo disfrutara de un par de vasos de ese brebaje desconocido, cosa que agradó, soltando la lengua al cuasi putrefacto vagabundo.
- Permaneced por la zona hasta la noche e id a todos los baretos a donde acuden los andergraun, en uno de ellos os encontrareis a un tipo apartado, apoyado contra la pared, una cerveza en la mano y con cara de querer matar gente, pedidle fuego y él os preguntará si Mofly era el demonio, yo no puedo daros la respuesta, pero si le gusta la que le dais, os dirá que le contéis vuestra historia y si os cree se unirá a vuestra causa, y ahora iros de aquí inmediatamente cabrones que estáis aplastando mi hogar.
Tras oír esto blanquito y Hatori Hanzo comprobaron que efectivamente estaban encima de lo que él llamaba su casa y que ya no tenían la habilidad de volar y sintieron la necesidad de descuartizar al vagabundo como hacían sus padres a su edad, pero antes de dar un paso Gandalf empezó a hacerse transparente y a desaparecer dejando atónitos a nuestros ya no envalentonados amiguitos. Como por arte de otro mundo dos agentes de la policía de la Sociedad de Autores aparecieron y esposaron al desdentado y transparente vagabundo mientras gritaban, "Queda detenido en el nombre de George Lucas".
Antes de que estos empezaran a leer sus derechos de copia privada los pies de los muchachos los sacaron de allí hacia un lugar más seguro, sabían que sus personalidades estaban copiadas de cantidad de estereotipos y no sabían cuanto podría cabrear a la policía de la Sociedad de Autores, peor aún si esta estaba controlada por las lavadoras. De todas formas preocuparse por Gandalf no les sería de ninguna utilidad, era el primero que caía en su arriesgada misión, y al final de toda esta historia sería momento para homenajear a los que ya no se encontraban entre ellos, pero no ahora.

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