3. Seguero resentido - versiculo 1
3. Seguero resentido
El 66% de la nueva pandilla discutía en la cocina mientras Tan Dao se dedicaba a deambular por la casa del tercer integrante del grupo o “el puto acoplao” como cariñosamente él lo llamaba. Observaba los típicos muebles capitalistas, el televisor capitalista, las ventanas capitalistas y hasta el aire le olía a capitalista. Quizás los celos eran los que ahora movían su juicio, pero no terminaba de fiarse del todo de aquel supuesto fontanero del que en realidad no sabían nada. Buscó por la casa fotos o algún tipo de pista sobre la vida de aquel extraño personaje... ¿de verdad sería fontanero?, ¿y por qué el mismísimo Gandalf-wan-Kenobi le había recomendado para la misión?
Se sentía frustrado, pero al fin y al cabo era informático y estaba acostumbrado. Decidió reunirse con su grupo y saquear la nevera para ver si encontraba provisiones para el viaje, mientras con su arte de escucha y espionaje oriental colocaba un croasán en su oreja izquierda y oía lo que sus compañeros decían.
- La situación es mas grave de lo que puedas sospechar, mi nuevo amigo el-que-no-es-el-chino - dijo Nai mientras lentamente sorbía su extrañamente pequeña taza de café al tiempo que estiraba su dedo meñique con estilo inglés.
Solo que él no era inglés ni el dedo era el meñique, era más bien el dedo corazón en un gesto grosero dirigido a Tan Dao aka “Chatín chin chochín”. Lógico viendo que el asiático se empeñaba en pringar su bollería de cerumen
- Llevamos años y años en la sombra, acechando y controlando los movimientos de “aquellos”. Cuando yo llegué éramos muchos, pero las hordas de telepizzeros son cada vez mayores y nuestro número se reduce a apenas media docena de rebeldes. Son tantos los que han caído ya... es una alegría que alguien más se haya unido a la resistencia. Y especialmente que seas tú, el elegido.
- Pero, ¿por qué soy el elegido?, ¿qué tengo de especial?
- No tenemos ni idea. Pero no es plan de ponerse exigente a estas alturas. Y no me interrumpas más, inepto. Como decía, la cosa pinta mala. Nuestro gran líder, Gandalf-wan-Kenobi está ahora incomunicado, y de todas formas su cabeza ya no es lo que era. Quizás sea el duro suelo en el que duerme cada noche, quizás sea por esnifar avecrem o dios sabe qué.
Sólo nos mantenemos a flote gracias a nuestra fumada oráculo, que ha descubierto que el día del centrifugado final se acerca. Como hemos acordado, nuestro plan será ir a la tienda de repuestos para comprar piezas de lavadora.
¿Y para qué, camaradas?, Muy sencillo. Construiremos una lavadora de última generación, para que luego Tan Dao hackee su microprocesador y consigamos así un portal hacia su mundo. Sabremos sus planes, sus próximos movimientos y espero que alguna clave para poder acabar con ellos. Esto no podríamos hacerlo con una lavadora nueva, pues todas están contadas y controladas y sólo conseguiríamos delatar nuestra posición. Pero si construimos una nosotros mismos...
- Oye - volvió a interrumpir nuestro prota - pero si anoche tú no tenías ni pajolera idea de lo que te estábamos hablando ¿cómo es que ahora sabes tantas cosas?
- ¿Y tú por qué haces tantas preguntas maldito retrasado? – la vena de su frente iba a explotar. Sin duda era un hombre con una paciencia limitada y tolerancia hacia los demás nula - Lo.. lo siento, retiro lo de maldito. Es bueno que te hagas preguntas, es eso lo que te ha traído hasta aquí. Tienes razón, ayer no sabía nada. Pero anoche, Izaskun apareció en mis sueños y me iluminó. Me contó todo lo que yo os he dicho, y también me pidió que os ayudara y que confiara en vosotros. Y así estoy haciendo.
No se lo podía creer. Izaskun, SU Izaskun, se le había aparecido a aquel fontanero en sueños y no a él. Se sentía igual de decepcionado que cuando Goku se rindió contra Célula y lo acabó matando Songohan.
- ¡¡ANDA!! ¿TU TAMBIÉN? - gritó el chino sacando la cabeza de la nevera y echando migas por la boca – Sí, sí, yo anoche también soñé con ella - entrecerró aún mas si cabe sus ojos y puso cara de estreñido que intenta recordar algo - creo que decía algo... pero no la escuchaba, estaba ocupado tocándole las...
- ¡¡¡SILENCIO!!! - el fontanero torero dio un salto y tiró a Chow Yun fat al suelo - ¡¡¡PERO QUÉ COÑO ES ESTO!!! - y, metiendo la mano en el bolsillo del asustado oriental, sacó lo que parecía el borde de la masa de una pizza.
- ¿Y qué esperabas? - replicó Tan Dao bastante inquieto - Eso nadie se lo come, no me vas a decir que soy yo ahora el raro. Además, juraría haberlo tirado al suelo de mi cuarto ¡¡¡hace días!!!
Con precisos movimientos, Nai abrió la masa extraña y sus peores miedos se cumplieron. Dentro había un micrófono. Nuestro protagonista, en pleno shock, miró a Tan Dao a los ojos.
- ¡¡¡Tienes que creerme, amigo occidental!!! ¡¡¡Él ha puesto esto en mi bolsillo!!! ¡¡¡Yo no soy un traidor!!! ¡¡¡Joder cuantos signos de exclamación!!!
Yo no... - y su lastimero discurso se vió interrumpido por una lluvia de cristales procedentes de la ventana de la cocina.
La siniestra figura de un sinfín de repartidores de telepizza apareció y pronto estaban todos sujetos por manos y pies.
- Se han equivocado, no hemos pedido ninguna pizza - intentó disimular nuestro héroe al tiempo que parecía indiferente.
- JjJAjajAJAJAJajAJAJAJ - lloraba de risa el que parecía el mas fuerte de los vespineros - ¡Esto sí que es un momento redondo! - Hizo un gesto, y cinco u más demonios con cascos de medio huevo colorados cogieron a nuestro indefenso varón por brazos y piernas.
Aunque parezca estúpido en la cocina había una lavadora, si bien estaba sellada por dos tablones de madera y clavos desde la noche anterior. Pero ninguno era carpintero, los tablones de madera eran en realidad dos barras de pan y los clavos, lacasitos. Seguramente habían bebido demasiado aquella noche.
Así pues, su destino estaba sentenciado. La habían cagado estrepitosamente. Aquel muchacho con el que comenzaba nuestra historia, aquel zagal en la flor de la vida que vivía del paro sin haber trabajado nunca y que se pintaba las uñas de los pies en secreto, veía como la puerta de la lavadora se abría y los animales de rojo le empujaban hasta meter su cabeza dentro. Gritaba y gritaba, pero pronto dejó de oír su voz. Todo estaba oscuro, todo se había acabado.
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