3. Seguero resentido - versiculo 2
- ¿Me oye bien, señor....?
- ¿Qué? - la cabeza todavía le daba vueltas. Irónico, pensando en que segundos antes se la habían metido en una lavadora. Todo estaba borroso a su alrededor, sólo discernía una mesa ante sí, y al otro extremo, un telepizzero con un pinganillo en la oreja y unas gafas con forma de corazones color lila -. ¿Qué diceh zurmano?
- Le preguntaba su nombre. Había dicho que se llamaba...
- No se lo he dicho – de la nada apareció una música típica de Hollywood que indicaba escena de máxima tensión, tipo “tin-ton-tíiiiiiiiiiiiiiiiiiiin”
- Bueno, está bien. Le llamaré entonces señor Pompón. Me encantan los pompones. Y bien, señor Pompón, cuénteme todo lo que sepa del paradero de aquel vagabundo apestoso.
- Jamás te diré dónde está Tan Dao. Puede que sea un traidor pero sigue siendo chino, y además, mi amigo.
- Me refería a aquel al que llamáis.... Gandalf. Ese tipejo que creía que iba a poder evitar lo inevitable. Es curioso cómo los sucios humanos os empeñáis en destruir vuestro mundo, pero en el momento en el que otra raza superior quiere hacer lo mismo, os transformáis en patéticos defensores de la verdad y del bien - Hizo un ruido repugnante con la garganta y escupió al suelo -. Escúcheme bien, señor Pompón. Me llamo Agente Forjador. Agente me lo puso mi madre, y Forjador es un apodo que me he ganado por mi dureza a la hora de torturar a despreciables seres como tú. Me encanta fundir el metal, ese material tan superior a tu estúpida carne, y construir con él ataúdes a medida de la víctima. Luego, las encierro dentro, encajándolas al milímetro, dejando sólo dos agujeros para los ojos y algún que otro para respirar. Entonces, os vuelvo a repetir la pregunta en cuestión. A veces es importante, a veces es tan sólo una excusa para poder divertirme un rato. Y si os negáis a responder.... os obligo a ver el programa de Juan Imedio... ENTERO.
- ¡Agh! - Nunca habría imaginado castigo igual. Sabía que él no estaba hecho para aguantar torturas, le dolía hasta cortarse el pelo. Pero no podía ser débil ahora. Había mucha gente que confiaba en él: exactamente cuatro personas.
Intentó usar su desarrollado intelecto para desviar la conversación y así ganar tiempo -. Quizás colaboraría si tuviera algo de comer... ¿qué tal... polvorones? - jijijij qué golpe de maestro, pues estaban en verano.
- Humm - Al agente Forjador no pareció gustarle esa respuesta -. Y dígame, señor Pompón; ¿cómo quiere alimentarse, si no tiene boca? - al instante, la boca del joven salvador de los humanos comenzó a quedarse pegada por extraños filamentos de piel.
- Puef no fé, ¿pohr nuftrifión parenteral? ¿gaftroftomía de alimentafión?
- ¡¡Señor Pompón!! - el agente estaba enfurecido, los dientes le rechinaban y le temblaban los párpados -. Está comprobado que es usted un auténtico deficiente. No pienso perder mi tiempo forjando un ataúd para usted, no se lo merece. Y además intuyo que no tiene ni idea del paradero de su líder. ¡Ja!, vaya líder, abandonando a su suerte a sus subordinados. Típico de los humanos. Vuelva a su casa y siga con su estúpida vida. Si tiene suerte acabará de funcionario de segunda. Pero no por mucho tiempo, jAJajajJAajJAAJjajajAajajajaja. Ahhh, y por cierto, nada de esto ha ocurrido nunca - se tiró un pedo, y su interlocutor se desvaneció en un sueño profundo.
Tras un bostezo mastodóntico, se sentó en el borde de su cama y se frotó los ojos. No tenía ni idea de la hora que era. ¿Sería de día o de noche? Bah, y qué importaba. Estaba de vuelta en su aburrida vida.
En cierto modo se sentía apenado, ese sueño era el más intenso que había tenido nunca. Pero a quién iba a engañar, su vida seguiría siendo la misma mierda, con la misma mierda de gente mirando mal, buscando algún trabajo de mierda para ganar una mierda de sueldo con la que comprar mierda para vivir. Qué mierda. Curiosamente le entraron ganas de dar de vientre, por lo que haciendo un gran esfuerzo usó sus cuadriceps y se dirigió en modo zombi al cuarto de baño.
[Voy a devolverle al mundo lo que obtengo de él] pensó, al tiempo que cogía un rollo de papel higiénico con una sonrisa. Cuando procedía a la descarga, notó que en su cuarto de baño olía peor de lo habitual. Si lo normal en la escala de peste era un 7/10, ahora mismo había un 9/10. Quizás las tuberías estaban rotas. Sí, definitivamente, debían estar rotas, pues oía un crujido difuso y metálico, como si éstas estuvieran a punto de reventar. Lo que le faltaba era tener que pagar una reparación para el bloque.
[Me la suda. La naturaleza no se frena] y se decidió a empujar, cuando, súbitamente, escuchó un lamento lejano.
”Eeeehhhhh...” pareció escuchar. “eeeeeeeeeeehEEEEhhhhhhh.....”, y ahora lo oía mas fuerte. “leeeeeeeeeeeeeeeeeeeeehhhhhhhhhhhhhee...”, y el sonido provenía de... ¿el váter?, decidió guardar silencio y prestar mas atención. ”leeeeeeeeeeheeeeeeehhhhhhh... leeeeeeeeeeeeeeevhh.............lehhhhhhhhhvaaaantateeeeeee cabroooooooooooooooooonnnn...”
No entendía del todo el mensaje, pero si su sanitario le pedía que se levantase ¿Por qué no iba a hacerlo?, igual era un retrete japonés de estos que saludan y nunca se había dado cuenta. La sorpresa que se llevó fue poca cuando, al retirarse, vio encajada en el fondo de la taza del wc la cara de una persona... ¡Nai!.
- Dios, preferiría morir antes de haber visto lo que he visto - dijo el encajado fontanero mientras temblaba visiblemente -. Ayúdame a salir de aquí bastardo, y por dios cámbiate los gayumbos de vez en cuando que la tela también se pudre.
- ¡Nai! ¡Eres tú! ¡Sabía que no era un sueño! ¿Cómo coño has llegado hasta aquí?
- Soy fontanero, los fontaneros lo podemos todo. Lo difícil fue escapar de la prisión donde nos pusieron al chinaca y a mí. Los cabrones nos metieron en la nevera de un telepizza, y supongo que pensaban hacer muchas pizzas a la boloñesa con nosotros. Pero suerte que tu amigo consiguió derribar la puerta con no sé que golpe especial. Por cierto, hay algo que quería decirte...
- Lo que quieras - dijo, intentando aguantar a que su amigo terminase de contarle su historia para poder terminar lo que había empezado.
- Tan Dao.. Es un tío legal, quizás fuimos muy duros con él. Y en estos momentos debemos estar unidos. No creo que hiciera lo del micrófono a posta.
- Yo tampoco lo creo. [¿Fuimos?] - su cara estaba cada vez mas colorada y comenzaba a dar saltitos.
- Pronto nos reuniremos otra vez los tres. Nada mas salir, nos dividimos, yo debía buscarte a ti, y él encontrar a Izaskun. Ella es la única forma que tenemos de contactar con Gandalf-wan-Kenobi el gris con manchitas. Me temía lo peor, pero al ver que vigilaban tu casa deduje que debías estar vivo. No fue difícil llegar hasta aquí con mi conocimiento supremo sobre fontanería. Ahora tenemos que buscar otra vía de escape. Sospecho que esa gente nos ha subestimado por completo, y es por eso por lo que aún estamos vivos. No saben que ese error les llevará a la perdición. Hemos quedado a medianoche en la playa, el próximo paso será reorganizarnos y seguir con nuestro plan inicial. Pero esta vez tenemos una sorpresita, jejeje, ya la verás. Espero que nuestro compañero intolerante a la lactosa haya hecho bien su trabajo. Bueno, ¿y tú que dices, tío?
- Te digo que me he cagado en lo alto, pero que aun así estoy igual de motivado que tú, y que tras una buena ducha nos pondremos manos a la obra.
Y, en efecto, pronto se sentaron juntos a tratar de ingeniar un plan para evitar a los guardias que había en la puerta. Se trataba de una serie de dos a tres pizzeros que iban y venían por turnos, y hacían como si fueran a entregar pizzas al bloque. Como todo el mundo sabe esto era totalmente falso, ya que ningún necio llama al telepizza, y para que a ninguno se le ocurriera hacerlo ponían los precios ofensivamente altos. Debían aprovechar ese factor. A nuestro héroe cagón se le ocurrió una idea, tan simple como a primera vista eficaz: llamarían a todos los repartidores de comida a domicilio que pudieran para que llegaran todos a la vez, para así crear una confusión y una saturación de Vespinos en las carreteras y poder escapar aprovechando el revuelo. Guía telefónica en mano, llamaron a todos: hamburgueserías, showarmas, pizzerías, chinos, turcos, japoneses, mexicanos, incluso a un televerduras. A todos con la premisa de dar una buena propina si llegaban a su hora. En efecto, veinte minutos más tarde de lo acordado comenzó a sonar el portero electrónico.
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