3. Seguero resentido - versiculo 5
- ¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!! - gritaron todos, sobre todo Nai. Para honrar a su compañero desaparecido, salieron por patas llorando como plañideras.
- ¡¡Esperad!! - dijo el innombrable protagonista - Tú, informático, y tú, fontanero, debéis encontrar una manera de desconectar esta máquina infernal.
Sus amigos contestaron al unísono:
- ¿Quitando el enchufe? - y todos juntos, los tres, como los tres mosqueteros, los tres cerditos, los tres bioman y los tres tenores tiraron del gigantesco cable. Se apagó.
Una vez todo se había calmado, buscaron la forma de abrir la puerta. Pero no tuvieron que hacerlo. Se abrió sola, y un destello salió de su interior. Un coro angelical empezó a cantar de no se sabe dónde, y la figura del viejo, ahora engominado y con todos los dientes en su sitio salió levitando.
- Ya no soy Gandalf-wan-Kenobi el gris con manchitas - un río de agua de lavado con lejía surgía de sus pies -, ahora soy Gandalf-Yoda el blanco - y todos le creyeron pues su ropa estaba ahora reluciente como un iceberg del anuncio de un dentífrico.
- ¿Qué haremos ahora, oh gran maestro? - rogaron todos arrodillados, maravillados y cuasiorgásmicos.
- Iremos a buscar ayuda, nadie mejor que un primo mío casi igual de bueno que yo. No pongáis esas caras de duda, creo que le conocéis bien. Al fin y al cabo, va a visitaros a todos cada 25 de diciembre. Knight necesitamos tu coche.
- ¿Mi coche?, Emm esto... yo..es..que hace no conduzco... y um... es que no me lo he traído, dijo Nai terminando la frase con una sonrisa.
- Vamos al garaje y ahora hablamos Knight, propuso Izaskun en un correcto castellano que no había dejado de sorprender incluso al nuevo e impoluto Gandalf
- De acuerdo, accedió el fontanero bajo la misteriosa nueva voz de la Oráculo
Sin perder ni un ápice de su tiempo en limpiar la playa de los restos de la batalla, marcharon confiados en que los delfines o los basureros se encargarían de ese desastre.
Casi sin darse cuenta llegaron al barrio de Nai y este los guió hasta su garaje que en realidad era un aparcamiento aleatorio en la calle, Nai se dirigía a un Chevrolet Corvette negro con un estúpido corazón luminiscente que cambiaba de tonalidad periódicamente situado en el capó entre los faros delanteros, el coche que en los ochenta era un deportivo molón, ahora no alcanzaba el rango de chatarra mohosa, aunque sí mugrienta y hortera.
Cuando era obvio que aquella horterada era el coche del fontanero Gandalf le puso la mano a Nai, este se giró con la esperanza de que hubieran cambiado de idea respecto a lo de ir en su coche, pero no era así.
- ¿Por qué no que querías utilizar el coche? - preguntó Gandalf con la voz del sabio que aparentaba ser tras su encuentro con la Mega-Lavadora.
- Bueno veréis, no es por culpa del precio de los carburantes, es que aunque suene a trola barata, el motivo es que mi coche habla y tiene personalidad - al acabar de decir estas palabras Nai miró a todos uno por uno y permanecían inmóviles, como si no hubieran oído la gilipollez que acababa de decirles. Sólo se había turbado el chinaca al ver como un Rottweiler-Caniche acaba de acorralar a un cachorrillo de gato (en su cabeza no dejaba de repetir “Muerte, Muerte, Muerte...”), al ver esto Nai continuó hablando -. Y no sólo eso, es que además sufre un trastorno de doble personalidad desde hace no mucho hasta hoy.
Indiferente a estas palabras Mao-Setun continuaba observado el desenlace de la grotesca escena, el perro había devorado al gatito de una forma tan espectacular que este notaba como sufría una redistribución de la sangre hacia un peculiar músculo del cuerpo. Mientras el no muy funcional cerebro del oriental sufría la falta de sangre, un águila proyectó su vuelo sobre el perro consiguiendo atraparlo en sus garras y llevárselo volando hacia dios sabe que cruel destino.
Perplejo por la indiferencia de sus compañeros les invitó a subir a aquello a lo que el llamaba su coche, al abrir la puerta del conductor empezó a sonar la alarma utilizando la cucaracha como alerta sonora ensombreciendo si cabía más la cara de Nai, una vez todos dentro del coupe y con la alarma desactivada, arrancó el motor y una voz saludó a los ocupantes.
- Hola a todos, hola Michael.
- Hola Mega Drive, chequeo de niveles. Oye viejo, ¿hacia donde nos dirigimos? - dijo Nai, a lo que Gandalf le respondió:
- A los almacenes Hiper Store, el hogar de mi amigo Nicolás.
- ¿Oído Mega?, prepara el salto al hiperespacio - ordenó Nai, acto seguido el coche se revolucionó progresivamente hasta llegar a su máximo de revoluciones por minuto sin moverse de su sitio y cuando todos creían que iban a salir volando de una forma u otra por los altavoces empezó a sonar “Easy Rider”.
- Siempre se los hago a los nuevos - dijo Nai. Salió marcha atrás, enfiló la carretera y puso rumbo hacia las afueras de la ciudad. Parecía ya más tranquilo y una sonrisa brillaba en su cara de alivio.
Mientras conducía, el coche iba tarareando las canciones que sonaban por los altavoces, no se le daba bien el inglés pero estaba bien para ser un coche. Al infraser que llamaban el elegido se le ocurrió la genial idea de pedir una canción del dúo dinámico, a lo que Mega Drive respondió con sutileza.
- ¡Maldito hijo de puta, no ves que sólo puedo leer cintas, gilipollas! - los demás miraron a Nai, pero este lejos de turbarse no podía parar de reírse, eso es que todo andaba bien, y si el coche tenia una Inteligencia Artificial de ira fácil, ¿qué podía hacer más que disfrutar de los arrebatos contra los demás?.
Hacía unos 20 minutos que circulaban por la autovía y Mega Drive no dejó de circular por encima de los 100 kilómetros hora desde que puso una rueda en esta vía. El próximo desvío les llevaría hasta el Hiper Store, un centro comercial de tal bastedad que parecía fundirse con las montañas que marcaban el límite del horizonte. Lo raro es que nunca nadie había prestado atención a semejante monstruo, era como si el macro-edificio sólo se dejase ver a quienes él quisiera. A pesar de esto, además de por carretera se podía acceder en tren, helicóptero, incluso avión, disponía de una gigantesca estación de trenes, 2 helipuertos, y un aeropuerto de mercancías donde aviones tipo Hércules podían maniobrar a su antojo como un ama de casa con un todo-terreno, pero esto les era totalmente desconocido a los protagonistas excepto para el sabio de Gandalf 100% libre de grasa.
Mientras se aproximaban a la entrada al aparcamiento un gigantesco Boeing rojo al que muchos tacharían de comunista o de pertenecer al gobierno de Rusia sobrevoló sus cabezas mientras hacia maniobras de aproximación y aterrizaje a algunas de las pistas que quedaban ocultas tras el edificio principal, quizás incluso podría aterrizar secretamente en las montañas donde quedaría oculto a los barridos de los satélites y radares. Una vez dentro del aparcamiento podrían aparcar tan cerca como quisieron de lo que parecía una única puerta de entrada al centro comercial. El aparcamiento estaba vacío, a pesar de eso un trasiego de camiones y furgonetas casi colapsan la carretera principal que atravesaba el aparcamiento y al parecer llegaba a lo que sería la zona de carga y descarga, y para no complicarse mucho la cabeza Nai dejó que su instinto eligiera y subió el coche a la acera y lo dejó justo delante de la entrada al edificio, no le molestaría a nadie, ya que nadie no andaba por allí.
Todos se bajaron del coche parlante y quedaron fascinados por la inmensidad del edificio, era como un mar de ladrillos y cemento recubierto de esmalte gris base militar que inundaba completamente un valle de colosales dimensiones.
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