5. When you pounds? - versiculo 1

5. When you pounds?

SanNi se despojó de su atuendo azul, dejando ver que debajo llevaba su traje de batalla rojo con el patrocinio de telepizza, versión de verano sin mangas. Contrajo sus brazos que tenían más músculos que una película de Conan y comenzó a recitar una especie de sortilegio. Acto seguido, Gandalf-Yoda comenzó a dar vueltas en el aire, y mas tarde a bailar break-dance. Todos los allí asistentes, incluidos los duendecillos, empezaron a aplaudir ante la gran pericia del ex mendigo para el baile funky, el cual pronto reaccionó: se paró en seco, al igual que su sotana blanca que se quedó totalmente inmóvil, y empezó a girar un báculo que se había sacado de dios sabe donde. La sala se oscureció por completo, la figura del viejo de blanco pareció agrandarse y respondió a su adversario con otro sortilegio.
- ¡Tapaos los oídos! ¡Lo va a hacer! - gritó Izaskun a los tres muchachos que ahora se aferraban como podían a los restos de sus pateras destruidas en un intento por salir del agua.
Los labios de Gandalf comenzaron a moverse muy lentamente. Sus ojos, abiertos al extremo, se tornaron completamente negros. La barba se le rizaba y le hacía cosquillitas. El leve susurro que era su voz se tornaba cada vez mas fuerte, cuando de pronto todo el aire de sus pulmones salió al tiempo que decía “ATAAAAQUE PRIIIMODAMEUNEEEEUROOOO”, un mantra sagrado en alguna lengua perdida. Su voz fue rebotando de un sitio al otro hasta convertirse en mil sombras que rodearon a Papá Noel, acosándolo. El de rojo se intentó defender como pudo tapándose las orejas pero era demasiado tarde. Podía oír las voces de cientos, miles, infinitos mendigos pidiéndole dinero de la forma en que solo los profesionales lo hacen, una forma continua, ilógica e inevitable que acababa con toda la paciencia y la voluntad de la víctima. ”Engaprimoengaqueyosequetutienesqueyoyasalídeladrogaymecostómuchotrabajo andaprimoengaquetengoquecomerquenocomodesdehaceunañosandaengaengaque esmicumpleañosqueestoymuymalqueesuneuroquetecuestahombreenga uneuritonamasquetengoniñosqueestanpasandohambrequelacalleesmumala....”. Pero SanNi sacó su saco, metió su mano en él y extrajo un puñado de arena, lo tiró al aire y de cada grano de arena surgió una sombra que correspondía a un adolescente quema-indigentes que hizo de nuevo el silencio.
- Buen intento Gandalf, muy bueno. Ciertamente te has vuelto poderoso en estos años. Pero no pensarías de verdad que ibas a acabar conmigo con gente pidiendo. Te recuerdo que soy la persona que más cartas recibe de gente pidiéndome cosas del universo. Me has despeinado la barba, ahora sí que me has cabreado. Prepárate a sufrir el verdadero espíritu navideño...
Y esta vez del saco sacó dos bastones de caramelo gigantes, recorridos por un rizo mitad rojo mitad blancos, sujetándolos uno con cada brazo y girándolos en el aire como si fuesen katanas. Saltó contra Gandalf, el cual se defendió con su bastón, pero los embistes de Papá Noel cabreado rompieron pronto el palo. SanNi se preparó para dar el golpe final cuando Gandalf abrió su túnica y salió una lluvia de bolsas de papel marrón desechables que cegaron totalmente a evil-Nicolás. Éste para defenderse silbó, y varios renos acudieron a su rescate, alejándolo del torbellino de papel en el que estaba sumido. Ya a salvo, se encontró con que su oponente estaba escondido, y para hacerlo salir se le ocurrió una maquiavélica idea: cogió de rehenes a Nai, Tan Dao y el otro. Los tres quedaron encerrados en sendos calcetines de navidad y amordazados con papel de regalo. Ni que decir tiene que empezaron a cogerle manía a la navidad.
- ¡Sal de donde estés, Melchor, o si no voy acabaré de un golpe con tu plan contra las lavadoras. Tu “elegido” va a ser mi regalo de este año para el tanatorio municipal, JAJAJAJAJAJJjjjjJjjjaaaAaaAAA!
- ¿Qué ha sido del jou jou jou, Nicolás? - dijo Gandalf tomando forma a partir de unos cartones desparramados, para luego cortar con sus uñas de los pies los calcetines en los que estaban presos sus padawans.
- ¡La cagaste! - y del saco apareció un meteorito gigante de carbón - ¿recuerdas esto? Creo que este año te has portado muy mal, viniendo a tocarle las pelotas a Santa. ¡¡MUERE!!
El carbón se fragmentó en pedazos, yendo a la velocidad de un guepardo dopado, como una lluvia de meteoros hacia el pobre Gandalf. No tenía apenas tiempo de esquivarlo, pero en vez de intentarlo, sacó de su túnica algo envuelto en trapos, algunos de ellos con el dibujo de Naranjito de los mundiales del 82, osea que venía de lejos. Le quitó los trapos y resultó ser algo reluciente, áureo, que lanzó en su último suspiro hacia su última esperanza: el elegido.
- ¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!! - gritaba Nai, esta vez acompañado por Tan Dao y por Frodo, que pasaba por allí -¡¡¡¡GAAAAAAAAAAAANDAAAAAAAAAAAAAAALFFF!!!!!
Nuestro joven héroe sostenía el último regalo del viejo en la mano. Era un báculo de metro y medio de puro oro macizo que pesaba como dios. Se dejó llevar por el odio, ese odio que había ido guardando años y años, que había ido recogiendo con paciencia gracias a cada cabrón que se había encontrado en su vida. Fue ese odio el que sostuvo sus nervios, el que calló sus dudas. Cogió el báculo con las dos manos, apretó los dientes y, mirando fijamente a SanNi, que estaba distraído intentando ver entre el humo el cadáver de su contrincante, lanzó un golpe al aire que hizo temblar toda el agua de su alrededor. Nicolás se dio cuenta demasiado tarde de que le había alcanzado un rayo dorado que le aturdió, y pronto se vio rodeado por diez roscos de reyes que le inmovilizaron brazos y piernas.
Era el momento, y los chicos lo sabían. Antes de que el barbudo de rojo pudiera escapar, Tan Dao agarró el saco mágico que estaba descuidadamente reposando en el suelo. Con una sonrisa miró a Nai, que asintió, y de éste recibió volando un mechero. La buena de Izaskun llenó su boca de “brebaje” mágico que luego escupió sobre el saco, y en cinco milisegundos el saco estaba ardiendo. SanNi empezó a retorcerse y a gritar, perdió toda su fuerza y quedó reducido al tamaño de un bibliotecario medio, y con su último esfuerzo salió huyendo por el agujero del techo.
Los duendecillos, que habían comprendido lo sucedido, los recogieron y los llevaron a todos a la orilla. La sala había sido casi destruida y se encontraban prácticamente en absoluta oscuridad. Los héroes se sentaron en corro, y para calentarse, cogieron un bidón y metieron los restos ardientes del saco de Papá Noel en él. Luego Izaskun llegó, añadió un trozo de cartón para que se quemara, se sentó, y sonrió.
- ¿Cómo puedes alegrarte después de haber perdido a nuestro líder? - dijo Nai algo indignado, pagando el cabreo con quien tenía mas cerca.
- Bueno, habíais perdido un líder pero me da la impresión de que habéis encontrado otro - dijo la inconfundible voz de Gandalf; y sí, el viejo había aparecido allí, al lado del barril, calentándose como uno más, encorvado y tembloroso -, que era lo que andábamos buscando.

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