5. When you pounds? - versiculo 2
Todos corrieron y se abrazaron de forma no-gay al vejestorio re-resucitado, y tras darse palmaditas y cachetadas, decidieron acabar la faena y cortarle las dos orejas y el rabo a Santa Claus. Para tan ardua labor contarían con la ayuda de los duendecillos S.A., que les llevaron por interminables túneles y galerías, puertas y ventanas, acabando en una zona aparentemente precintada que amablemente les abrieron a cabezazos. Tras la puerta observaron cintas transportadoras como las de antes, pero esta vez portando cientos de miles de piezas: Motores, carcasas, tambores. Mierda suficiente como para hacer un ejército de lavadoras. El puto Papá Noel estaba preparando un arsenal que repartiría el próximo día de navidad, dando lugar al Apocalipsis y la perdición. Una máquina en cada casa, un plan perfecto para pillar desprevenido a esta pobre especie de homo sapiens sapiens y hacer que se vaya a tomar cervezas con el eslabón perdido a los océanos de la historia olvidada. Pero como el chapulín colorado, nuestros guerreros y sus enanillos verdes aparecieron en el momento exacto, y en pocos minutos causaron la destrucción de la maquinaria y la incineración de todas las piezas que allí había. Todas salvo unas pocas que Tan Dao se guardó, él sabría para qué, quizás para su proyecto de compañera sentimental robótica.
Ahora quedaba encontrar al gordo, ¿dónde estaría? Entonces Nai tuvo un flashback y pidió a sus compis que le siguieran. De nuevo en el despacho de SanNi, accedió al panel de botones y apretó el correcto. Ante el asombro de todos, ninguna puerta ni nada parecido se abrió. Ni siquiera los esbirros conocían la manera de entrar en esa zona vetada para los de su especie, cosa muy chunga. Pero allí estaba el héroe, el hombre, el soldado del bien, que con su nuevo báculo dorado de poder no tenía rival. “¡¡Siente el poder de la magia, panel del demonio!!” dijo, empezando a darle porrazos como un garrulo a la mesa de Noel. Cual película de Van-Damme el uso de la fuerza bruta triunfó, y el pasillo se abrió.
Dentro estaba, arrastrándose, el despojo que antes había sido un icono para la sociedad. El pobre diablo intentaba escapar. En la pared del fondo había incrustada una puerta de lavadora, que sin duda conducía al mundo paralelo. Si se iba podría avisar a las lavadoras y desvelar todo el plan, haciendo que esta historia acabase demasiado pronto. Para empeorar las cosas, con algún mecanismo malicioso, pretencioso y ruidoso la habitación había cambiado; donde antes estaba la piel del oso había aparecido un escalón gigante, de tres metros o incluso 3´01, un desnivel virtualmente imposible de superar para los protagonistas. Tan Dao lo intentó, pero por mucho que tiraba hacia arriba de los cordones de sus zapatos no pudo volar. Había que ganar tiempo de alguna forma.
-¿Por qué? - le preguntaba Gandalf - ¿por qué nos traicionaste? ¿Por qué condenaste a la humanidad a la destrucción? - la treta pareció surtir efecto pues llamó la atención del malo, que se giró para responder.
- ¿¡¿Por qué?!? ¡¡¡por esto!!! - dijo SanNi enseñando un pezón
- Uuuugh - vomitaron en respuesta todos.
- ¡Pezón! - gritaba Nicolás - ¡Pezón! ¿¡¿Para qué coño quiero yo un pezón?!? ¿¡¿Para qué me sirve?!? ¡¿¡¿No lo véis!?!? ¡¡La especie humana es absurda!! ¡¡¡Merece la extinción!!! - y abrió la puerta de lavadora dispuesto a entrar.
Entonces apareció él: el duendecillo con el gorro de Mariachi. Volando con su pingüino hasta lo más alto de la habitación, bajando en picado sobre la cabeza de Noel. Saltó para acabar agarrándose a las barbas de Nicolás.
- ¡Duendecillo Mariachi! ¡Tranquilo, espera a que lleguemos!
- No hay tiempo, no podré sujetarlo - dijo el chiquitín -. Es hora de que arregle todo el mal que ha hecho mi especie al ayudar a este Papá Noel malvado. Es hora de que compense todo el tiempo que hemos ignorado la verdad - SanNi intentaba despegárselo, pero no podía de ningún modo; el duendecillo mariachi comenzó a brillar con una extraña luz azul.
- ¡¡Hermano!! - gritaban todos los duendecillos, impotentes, sabedores de lo que iba a pasar.
- Adiós hermanos, siempre os querré - esbozaba una media sonrisa y ojos llorosos -. Recordadme como lo que fui, el mejor de todos vosotros. Adiós señor Gandalf, adiós gurú borracha, adiós héroe sin nombre, ¡¡¡adiós Tensián!!!
-AAAAAGGGGG - gritaba de pánico Nicolás.
Y la luz se hizo más brillante, se escuchó por un momento la voz de los ángeles mientras cantan y....¡¡¡¡¡¡¡¡¡BUMBA!!!!!!!!!!!. La explosión los tiró a todos al suelo. Ahora sí que no quedaba ni un cachito de Papá Noel. [adiós, camarada] pensó, emocionado, el héroe sin nombre. [Siempre te recordaremos con pene]. Y tras sellar la puerta de la lavadora con pan y lacasitos pusieron rumbo al exterior.
Estaban de nuevo fuera, al aire libre. Nai se abrazó a su coche, al que había echado notablemente de menos. Tan Dao se empeñaba en mangarle piezas a Johnny sinco para construir la lavadora pirata, sin canon de la SGAE. Izaskun, una vez más, había desaparecido, y nuestro héroe se despedía de Gandalf.
- Gandalf yo... te agradezco mucho todo lo que has hecho por nosotros.
- No es nada comparado con lo que vosotros haréis por todo el mundo entero, hazme caso.
- Y también te agradezco el tubaco de oro que me has regalado, cuando lo funda me voy a hacer un colgante del cautivo que van a flipar las chatis.
- ¡Hijo de puta! Pero es que no te das cuenta, es el arma de oro, el arma de Melchor, para que seas mi sucesor en la batalla. Y estos dos cafres son el incienso y la mirra, solo que aún tienen que encontrar su verdadero poder. Por cierto que de Baltasar tiene que hacer el chino, lo dicen las runas.
- Eso eso, las discriminaciones racistas no deben ser aleatorias, si hemos empezado con un personaje a machacar siempre al mismo.
- Debo advertirte que en el futuro vendrán muchos peligros. Hay muchas cosas que aún no sabes, y entre ellas tu verdadera función en toda esta historia. Pero todo saldrá a su tiempo. Debes tener siempre claro de qué parte estás y cual es tu objetivo. Yo ya no estaré a tu lado, pero tienes a Izaskun y a tus amigos, que aunque huelan mal son de fiar.
- No te defraudaremos - con su mano derecha hizo el saludo militar -. Adiós Gandalf... quiero decir, Santa.
- ¡A tope sin drogas! - y el nuevo Santa Claus se enfundó en su chaqueta roja y volvió a su fábrica, a comenzar a ordenar y coordinar el gigantesco complejo para avivar los sueños de los niños del mundo, los auténticos pilares de la humanidad.
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