8. El capítulo final - versiculo 1

8. El capítulo final

Aún con el rostro ensombrecido, el solitario héroe apretó los puños y clavó el derecho en el suelo utilizándolo de apoyo para levantarse. Sus glóbulos rojos ahora transportaban odio, respiraba odio y su cerebro se alimentaba con odio, no en vano Odio era su guía espiritual, el zodiaco que trazaría su camino a seguir, aunque también lo era Jalisco. Al mirar al frente buscando la Fortalesssa se dio cuenta que sólo era un espejismo, allí no había nada excepto arena, una luz que obligaba a cerrar al menos un ojo, quedando como el mismísimo marinero Popeye, y sombras que podrían ser una ciudad a lo lejos.
Al iracundo joven no le quedaba más remedio que ir en aquella dirección, su GPS no era de fiar, pues estaba claro que Forjador lo había manipulado, pero ¿sólo fue el GPS manipulado? ¿acaso el odio que le recorría ardientemente el cuerpo no era producto de su parlamento con él? ¿cuanto de la historia sería cierto?
- ¡Gaandalf Maldito! - gritó al viento lleno de rabia, como si este pudiera llevarle el mensaje.
El desierto era grande y tendría tiempo para reflexionar sobre la veracidad de la historia de Forjador, que marchó sin dejarle una cota de malla o mejorarle la espada. Sumido en un debate mental al más puro estilo televisivo, puso rumbo hacia aquellas siluetas de edificios que manchaban el horizonte con su oscuridad. Los interlocutores de su cabeza no paraban de gritar sus argumentos sin casi dejar tiempo a los otros a que trataran de exponer los suyos, todos estaban enfurecidos, y agitaban las manos más que un italiano indignado “¿Ma como questos espaguetti no tienen pomodoro?”. Seguía sin saber que pensar, todos los chalados convulsos parecían decir la verdad, su confusión sólo era comparable a la de España cuando jugó contra Francia, y le estaba durando kilómetros y kilómetros recorridos sobre la arena, candente y cegadora arena, cada vez parecía haber más, como si estuviera en el recipiente de abajo de un colosal reloj de arena. Su desorden mental fue “in crescendo” a medida que parecía acercarse a la misteriosa ciudad, a veces se convencía de que Gandalf era un traidor, otras que la historia de Forjador sólo eran palabras envenadas y dulces acompañadas de un extraño humo, otras que la gallina fue antes que el huevo, aunque seguía sin comprender como Colón puso un huevo, pero Colón tenía nombre de detergente y eso estaba relacionado con las lavadoras y eso si que no podía ser bueno. Lo más doloroso de todas estas absurdas cavilaciones fue descubrir que Superman no era real y por eso nunca fue a rescatarlo cuando lo llamaba en el patio del recreo cuando estaba en primero de parvulitos. Cada puesta de acuerdo entre interlocutores se esfumaba cuasi instantáneamente, y comenzaba de nuevo la ruidosa pugna.
A pesar de pensar lo contrario, sus piernas lo acercaban más rápido de lo que cualquiera habría podido imaginar, estas ahora eran una circunferencia naranja que le conferían la velocidad de una bala, una polvorienta estela emergía donde la circunferencia rozaba con el suelo. Ya le quedaba menos de la mitad del camino cuando notó que su bastón rozaba contra una sombra azul y esbelta que había aparecido de “No se sabe dónde”, ése mágico lugar interdimensional desde donde aparecen cosas sin explicación aparente. Esta sombra azul resultó ser un extraño pájaro, familiar de una avestruz, siendo el azul de sus inútiles alas más oscuro que el de las plumas del resto de su cuerpo. El bastón le había provocado un tajo en el cuello a modo de traqueotomía y el animal cayó pesadamente al suelo mientras la sangre salía disparada como si un aspersor se encargara de ello. Por suerte para el animal, su cuello no giraba trescientos sesenta grados para regar el perímetro. Mientras aún agonizaba el avestruz azul en el suelo, la sangre dejó de salir despedida hasta tres metros de distancia y comenzó a brotar lentamente. Poco a poco en la herida del animal iban apareciendo grumitos de cacao, era como si se hubieran acumulado a lo largo de infinidad de veranos en los que la leche fría impera. El olor de estos grumitos se mezcló con el aire y atrajo a un cánido, salvaje, escuálido y no menos moribundo que el azulado ave, que no dudó en saltar sobre el vientre del animal y comenzar a devorarlo sin siquiera molestarse a rematarlo. El ave se retorcía de dolor, temblaba, lloraba y lanzaba graznidos acompañados de crecidas de géiseres de grumitos de cacao y sangre, que como postre tomaría el perro de la misma raza que los que llevaba Gandalf en una bolsa en su primer encuentro con el Elegido y Soduku-chan.
Al margen de este gratuito episodio de National Tequilagraphic para sádicos, el Forrest Gump de esta historia seguía corriendo como si se fuera la vida en ello, sin afectarle ni el calor, ni los rayos de luz que no venían de ningún sol pero pareciera que viniesen de tres. Había recorrido el noventa por ciento del camino y seguía luchando por encontrar una verdad en su cabeza cuando un clon fantasmagórico de Izaskun, como viene siendo constumbre en esta historia, apareció a menos de un metro de Forrest, y este sin poder evitarlo lo atravesó. En ese preciso instante un cable etéreo vinculó sus cerebros, sin perder ni un ápice de tiempo Izaskun tomó la iniciativa. Apareció en el Reality Show donde se debatía cual era la verdad y comenzó a rociar a todo el mundo en el plató con su “Agua Mágica” que en lugar de darles vitalidad, empezó a derretir a los interlocutores y a diluir esa realidad que se había forjado en su cabeza, y como también viene siendo costumbre en esta historia, la acción transicionó líquidamente del plató de televisión a una inmensidad vacía similar a la habitación del tiempo y del espacio, pero con una luz dura y blanca que provocaba la sensación de oscuridad visible. En medio de ninguna parte, se encontraban frente a frente Izaskun y el tío este del que va toda esta historia, apenas cuarenta centímetros los separaban, en la cara atónita de este se trazó un sonrisa y lanzó un abrazo a la hippie de pelo negro y largo. Sus brazos rodearon inocentemente, al menos esta vez, su cintura y la atrajo hacia sí, refugió su cabeza en el hombro de la mujer y esta lo acompañó formando un lazo con sus manos detrás de la cabeza de él. Una vez se hubo sentido bien, él, sin pensar en Izaskun abandonó el abrazo en que se habían fusionado ambos. Su cara entre dejaba ver alegría, temor y dudas, pero esta vez era realmente Izaskun, la Maga de los brebajes, y estaba seguro de ello, aunque seguía acosado por las palabras de su hermano. Ella le apartó con la mano izquierda el pelo de su frente y la dejó puesta en la mejilla, el dedo índice de la derecha selló los labios del único ser que ha aprendido algo viendo la televisión, y leyó su mente, tomando los recuerdos de los acontecimientos que había vivido últimamente para ahorrar el trauma de que claramente iba a suponer que él los explicara. Una vez estuvo satisfecha, esta vez ella, le preguntó.
-¿Confías en mi?
A la velocidad con la que un procesador multiciclo realiza una microinstrucción, el joven rompió el precioso sello de sus labios con un beso, agarró tiernamente la mano de la hippie y se la llevó a la mejilla disponible, luego la miró a los ojos sin rastro de dudas en su cara mientras le decía:
- ¿Acaso Papelería Elena no te dice siempre que te va a traer lo que le hayas pedido el martes y luego no los trae?, ¿Acaso JL System no se pasa tres semanas diciéndote que te traerá el ordenador mañana?, ¿Acaso no mueren los negros los primeros en las pelis de terror?, ¿Acaso todos los chinos no saben artes marciales?...
- ¡Vale, vale, tranquilo! lo he cogido - le interrumpió Izaskun antes de que diera un repaso a la enciclopedia de tópicos del mundo -. Gandalf está de nuestra parte, no te dejes engañar por las mentiras disfrazadas de verdades, es posible que seas el hermano de Forjador, pero la verdad tienes que descubrirla tu mismo. No puedes permitirte el lujo de desperdiciar tu tiempo, el día del centrifugado final se aproxima. Ahora tengo que dejarte, nos reencontraremos pronto.
Un nuevo tránsito lo llevó de vuelta a la realidad, volvía a ver con sus ojos, podía apreciar como atravesaba el extrarradio a una pasmosa velocidad, estaba en un barrio de las afueras, la arena casi borraba totalmente el rastro de aceras y carreteras, las casa eran simples chavolas de chapa y cartones y estaban totalmente deshabitadas, los edificios de la ciudad se iban perfilando cada vez más, y ahora se podía observar a la perfección lo que eran, bloques enormes con decenas de plantas, la mayoría de ellos eran fácilmente más altos que la metrópoli de la que venían nuestros héroes. Era un lugar raro, pero los Magos también parecían ser raros, al menos los que el prota conocía, con lo que no causó preocupación ninguna en él. Siguió avanzando por lo que sería atrevido llamar carretera, nada ni nadie le obstruía el paso, ni siquiera vehículos mal apartados, pues no había ningún vehículo, allí no parecía vivir nadie. Ahora se encontraba en medio de aquella monstruosa metrópoli vacía [¿Tanto tiempo corriendo y todavía no he llegado al centro?, ¿Que extensión debe tener? ¿2 Veces Madrid?] pensó el asesino de pájaros maravillado por la inmensidad y lo extraño de la desértica ciudad, desde un extremo a otro de la misma la erosión había echo de las suyas en los edificios, dándole un aspecto más tétrico si cabía.

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