8. El capítulo final - versiculo 2

Las nubes y los relámpagos estándar lo habían estado guiando desde que se adentró en la ciudad, y ahora estaba tan cerca que casi los podía tocar. Cada calle que atravesaba le acercaba más y el refulgir de los relámpagos se había intensificado tanto que casi parecían ser flashes cámara de fotográfica. En una de las instantáneas, dos formas humanoides dejaron su impronta en la retina de nuestro Jesucristo particular. Cual Solid Snake se introducía en un base enemiga para luchar contra un robot-nuclear-gigante, Forrest Gump dejó de correr y se acercó silenciosamente con ánimos expiatorios. Tras pisar un gato y derribar una papelera, consiguió mimetizarse con el entorno y llegar sin ser visto a unos cubos de basura, donde se quedó acuclillado. Podía asomarse sin ser visto y divisar toda la escena con los 2 peculiares personajes. Se encontraban en la otra acera justo enfrente del cubo de basura, uno de ellos era un anciano con aspecto inglés, pelo corto y cano, y fumaba en pipa; el otro era un hombre de unos cuarenta y pocos años con los pelos largos, oscuros y alborotados, una densa barba que poblaba casi toda su cara, y unas arcaicas gafas de montura metálica que cubrían casi todo lo que no lo hacía la barba. Vestía chaqueta negra, camiseta, negra por supuesto, donde se podía leer “Yo dirijo películas” en letras blancas y pantalón largo negro. Tenía el clásico perfil de fan de Star Wars, seguramente en alguna ocasión se habría disfrazado de Darth Maul. La constitución del anciano era normal en un hombre de su edad, algo totalmente opuesto a la del otro hombre, llamémosle XXL, podría pesar unos 120 kilos y no superaba el metro setenta.
- ¿¡Como coño se te ha podido ocurrir poner a SombraGris blanco!? - le gritó el anciano al señor XXL.
- Emm es que.. yo...esto... - comenzó a responder nerviosamente XXL Man - es que Gandalf, se peleó con el Balrog... emm, murió..emmm.. y resucitó como blanco... no podía dejar ningún resto de su anterior vida como grís.
*[¡Hey, esto me suena de algo!] pensó uno de los autores al escribirlo.
*[¡Claro gilipollas es como lo que le pasó a nuestro Gandalf!] pensó el otro autor al leer el pensamiento del primero.
En el rostro del anciano se podía leer ¿¡MA COMO!? ¿¡questos espaguetti no tienen pomodoro!?
- ¿¡Y cómo cojones explicas las demás cosas!?, ¿¡Dónde esta Tom Bombadil!?, ¿Y la mierda de “Del hechizo te libero”?, ¡NI SIQUIERA PUDE VER LA TERCERA PELICULA!, ¡De esta te vas a acordar! - gritó histéricamente el anciano mientras palpitaba su vena en la frente. Acto seguido empezó a recitar un conjuro en élfico, como el más friki de los roleros, y dirigió sus manos al ser que estaba provocando su ira. De las manos brotaron los clásicos rayos que acabaron por impactar en el freak obeso. El freak empezó a adelgazar por arte de magia o la radiación de Chernobil hasta quedarse en 60 kilos. Una vez hubo acabado el tratamiento de “belleza”, el anciano terminó el trabajo agregando:
- Por el mal que me has echo ten condeno a vivir como un famoso de hollywood, ¡olvídate de las camisas horteras, el chándal y comer lo que te da la gana maldito Jackson! JAJAJAJAAAA - rió maliciosamente el anciano. Momento que aprovechó Forrest para salir corriendo, como llevaba haciendo los últimos tres cientos kilómetros.
Por fin llegó al centro y tal como había imaginado allí estaba la fortalesssa, aspectualmente igual que la ilusión óptica creada por su gemelo maligno, pero carente de foso. La boca se abrió formando la sonrisa del smiley :D permitiendo ver el interior de la fortalessa y salir a Izaskun vistiendo un kimono azul oscuro casi negro con motivos florales blanquirosas presentes por debajo de las rodillas, en su hombro izquierdo y en su antebrazo derecho. Estaba tremendamente seria y al cruzar la mirada con el exterminador de criaturas azules le advirtió.
- ¡Detente!
- Soy mayor de 18 - Dijo el jirou con una incredulidad palpable - y tengo el carnet.
- Nadie ve a Su Señoría sin derrotarme primero - amenazó Izaskun.

Gracias a los párpados más cóncavos típicos de la etnia asiática Tan Dao podía conducir perfectamente el HiperCaracol sin necesidad de unas gafas que le protegiesen del viento, incluso podía esquivar los bichos kamikazes. Llevaba no más de cinco minutos sobre la espiral del fantástico caracol cuando el castillo coronado por un turbante se perdió en el horizonte, habían abandonado el reino de Eddie Murphy pero el cielo continuaba siendo azul poblado de nubes blancas hechas de píxeles. Sobrevolaban un mar de color verde que no parecía acabarse nunca cuando el caracol emitió un ruido de alerta mientras miraba al asiático volador preocupadamente.
- No te preocupes bicho, me agarraré fuerte - dijo el Tan Dao.
Haciendo honor a su palabra se abrochó todos los cinturones de seguridad que había estado ignorando hasta ahora, luego se asió fuertemente al cuello de la babosa sin llegar a asfixiarla para que esta ascendiera sin temor hasta su destino.
El reino de los soñadores estaba en las nubes, como reza la expresión popular, era una gigantesca isla en medio de un océano de aire. Bajo lo que parecía ser el nivel del mar, una montaña invertida parecía conformar vestigiales raíces. La superficie de la gigantesca isla estaba cubierta en su totalidad por un bosque de gigantescas coníferas, excepto por el centro exacto de la isla en el cual estaba una réplica de cristal translúcido del Partenón de Atenas. En torno a él se extendía una ciudad de casas de una o dos plantas de cristal opaco, que llenaban de reflejos el cielo, y, finalmente, bordeando la aparentemente frágil ciudad, una pétrea y alta muralla. Una única puerta era el punto flaco de esta clásica defensa, tan alta como la propia muralla que cuando se encontraba cerrada evitaba cualquier intrusión a pie. Cuando se encontraba abierta permitía a los habitantes de “Bohemia”, nombre que aparecía escrito con letras dorabas en el marco superior de la puerta, salir a pasear en busca de sus musas o simplemente para relajarse. Tan Dao voló hasta la entrada y tras aterrizar el caracol el asiático volador se dirigió hacía los dos guardias que custodiaban la puerta y les habló.
- Mi nombre es Tan Dao Vien, soy un humano y vengo aquí para hablar con Su Señoría de algo tan importante como la guerra que ha explotado contra las Máquinas.
Los guardias estaban vestidos de una forma muy extraña, como si fueran de una civilización antigua. Como única arma llevaban unas espadas, esto no evitó que se empezaran a descojonar como jamás lo habían hecho en su vida.
- ¿En serio te llamas Tan Dao Vien? - dijo uno de los guardias
- ¡Jajajajaajaj!, ¡Que me troncho, ¡jajajajajja! - le siguió el otro.
- ¿Pero te han dado bien qué? ¿Por cu..? - Antes de que pudiera acabar la frase TDV apareció tras ellos, rodeó con su brazo izquierdo el cuello del guardia charlatán y le susurró al oído.
- Déjate de estupideces y ábreme la puerta.
Mientras TDV soltaba al infeliz guardia, la puerta comenzó a abrirse. Tras ella esperaba una mujer de pelo largo, amarillo y rizado, que llevaba una túnica blanca lo suficiente ajustada como para marcar ligeramente sus curvas. Sus ojos eran del color del mar sobre el que flotaba la isla y los labios estaban pintados de una tonalidad brillante de morado, que destacaba sobre su piel color melocotón.
- Tadaima (bienvenido en japonés) señor Vien - dijo seriamente y sin rastro alguno de emoción la bella señorita -. Soy la portavoz del Consejo, el señor Murphy nos avisó de que venía hacia aquí, pase por favor, oiremos lo que nos tenga que decir.
- Sí mi ama... perdón, ¡De acuerdo! - respondió Tan Palmao lo más dignamente que pudo por ser un estereotipo de chino-pajo y la siguió mientras esta se alejaba.
Mientras caminaban en paralelo hacia el Partenón, Tan Palmao pudo observar dentro de alguna que otra casa de cristal: el suelo estaba acolchado, y en las paredes de cristal se podían contemplar imágenes de diferentes lugares como playas, desiertos, montañas nevadas, como si los que estuvieran dentro de las casas sintieran que estuvieran en esos sitios.
A pesar de darse cuenta de esto no le preguntó a la portavoz por ese fenómeno, pues le importaba una mierda; él era asocial y le importaba un carajo todo, así que prefirió pensar que lo que había imaginado era cierto, aunque no todo el camino no iban a estar en silencio puesto que la rubia le había llamado la atención.
- Emm esto... señorita portavoz, ¿como se llama usted? - se atrevió por fin el chino a romper el hielo.
- ¿Llamarme?, ¿Has hecho tu algo para merecer saber como me llamo?, ¡Ten cuidado con levantar los ojos del suelo cuando me hablas desgraciado! ¡Te partiré en dos y se lo daré de comer a los perros! - dijo alegremente ricitos dorados.
- ¡Por.. por supuesto! - dijo sonriente y tímidamente Tou Pai Pai con chiribitas en los ojos.
Por fin una hembra lo trataba como él merecía, ¿Había encontrado el amor? No, pero nunca antes le había apetecido tanto una sesión de sado como ahora, [Umm] pensó mientas una cara de salido incontrolable se formó en su rostro. [El delicioso sabor del cuero negro, el dolor de unos buenos latigazos, ¡Pinchos, pinchos!,¡Sí, sí! El señor Vien ha sido malo, pero que muy malo, ama]. Sin darse cuenta habían entrado al Partenón de cristal, el suelo era de mármol, que como era del Partenón debía de ser caro, los muebles y toda la decoración excepto las cortinas eran también de cristal. La portavoz se había marchado ya, pero tampoco de eso se había percatado, y ahora estaba sólo esperando ante una gran puerta de madera, el resto de las puertas eran de cristal opaco.
Las puertas se abrieron dejándole entrar. En la pared que estaba frente al Chino-Sado había una caja de cartón de un frigorífico en el suelo en posición horizontal en la que por la parte de abajo sobresalían unos pies y unas telas de color blanco recién lavado.
- ¿Gandalf? - dijo con ciertas reservas el ser con demasiado glutamato en el cerebro a la caja desde donde se encontraba.

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