8. El capítulo final - versiculo 3
El sonido nintendero volvió y una tubería escupió a Nai y al golem delante de una estatua de unos 4 metros de altura que custodiaba un camino. Era una mujer con una venda en los ojos, vestida con una túnica, una balanza en su mano derecha y una espada en su izquierda. En la base de la estatua se podía leer “...Et iusti per omnis”. A Nai esto le pareció que le sonaba de algo pero no era capaz de recordar que era exactamente, así que optó por ignorarlo momentáneamente y proseguir su viaje hasta el hogar de los justos.
El camino era una arcaica pero funcional carretera de piedras por la que a lo sumo cabrían 2 carriles, pero no había ninguna línea que dejara constancia de la existencia de estos, ni siquiera su sentido de circulación. Nai, que desde que tenía coche, como le pasa a todo ser humano, había perdido la capacidad de andar, le propuso lo siguiente al golem.
- ¡Eh tú, tipo duro! ¿Porque no me llevas a cuestas hasta la ciudad?. Es que no veas si me duele la espalda, es algo insufrible de verdad, tu cuerpo macizo nunca lo sufrirá.
- Claro - accedió el gigante de roca -, Súbete a mi mano - y apoyó los nudillos de ambas manos en el suelo.
Una vez que Nai hubo subido a las manazas de la roca parlante, esta sonrió maliciosamente y lo atrapó con ambas manos, hizo el gesto de un pitcher para lanzar una bola de béisbol quedando Nai en su mano izquierda, y luego lo lanzó todo lo fuerte que pudo. Ahora Nai, con o sin dolor de espalda viajaba dando vueltas a toda velocidad por encima del camino que no eran baldosas amarillas. La fuerza del gigante debía ser el equivalente en Newtons de un transatlántico pues llevaba un buen rato volando y no había aminorado su velocidad ni un ápice, además seguía dando vueltas con lo que Nai tenía un mareo más grande que el que tenía el día del botellón por la muerte de Rocío Jurado. Pero eso iba a acabar pronto y no porque ya habían hecho suficiente sitio en el cielo para “La más grande” sino porque había pasado por un cartel en que estaba dibujado un muñecote dando volteretas y a su lado se podía leer “50”. El impulso del gigante comenzó a venirse abajo literalmente pues cada vez iba más despacio y bajaba, por suerte para él se dirigía a una piscina que le salvaría de un buen golpetazo. Ya no daba vueltas sobre sí mismo aunque la energía cinética no paraba de darle meneos a la endolinfa de sus oídos, para su cerebro una nueva cuarta dimensión no parecía estar tan lejos.
Splash, la cabeza de Nai entró oblicuamente en la gelatina verde de la piscina y esta lo detuvo, un fallo en los cálculos del piedrotudo y nuestro héroe habría adornado con su vísceras la entrada a “Iusti”, la ciudad de los Justos. En lugar de eso, una vez que se hubo recuperado, se dedicó a saborear la exquisita gelatina verde hasta que unos caballeros de ropas rojas y cuero marrón, y cascos metálicos con escobas lo sacaron de la piscina, le pegaron un manguerazo de agua fría y le dieron una toalla para que se secase mientras iba en un carro hacia su entrevista con Su Señoría.
El HP de Nai estaba al noventa y nueve por ciento, y la confusión se le había pasado, por lo que al secarse pudo apreciar la belleza de las casas de piedra que estaban a los pies del camino por donde lo llevaban. El tejado formaba un triángulo con el techo, y había una columna a cada lado de la entrada que sostenían un arco de medio punto. Ahora se levantaba ante él algo que le había estado llamando la atención desde que empezó a observar la ciudad y era un colosal edificio circular similar a un campo de fútbol y antes de darse cuenta, estaba entrando en él. El carro se detuvo delante de lo que parecía un palco con cinco personas: una atractiva mujer de pelo rojo que le llegaba a la altura de los hombros, vestida de seda blanca ligeramente translúcida con tiras de oro delimitando el final de las mangas, y a cada lado una pareja de heavys melenudos con camisetas y pantalones pegados negros.
- Dinos tu nombre humano - dijo severamente la mujer de cabello rojo.
- Mi nombre es Knight, hijo de Michael, y como bien pareces saber vengo de el mundo al que llamáis la tierra - respondió con todo respeto Nai.
- ¿Cual es la misión que te ha traído por estos lares? -interrogó la mujer.
- Salvar al mundo, Su Señoría, ha llegado el momento de poner de acuerdo a las tres facciones para frenar a las Máquinas, pues el destino de mi mundo está íntimamente unido al de este planeta. Y si las facciones no quieren hacerlo por los hermanos humanos deberán hacerlo por ellas mismas y su futuro. El triángulo de Jalisco está completo, el Elegido es nuestro comandante, Gandalf el Blanco e Izaskun la bruja están de nuestra parte. Fueron ellos lo que empezaron la rebelión en la tierra y nos guiaron en nuestra misión. Ahora estamos aquí para asestar el golpe final a las Máquinas que tratan de acabar con el equilibrio mundial. Señoría, usted sólo...
- Es suficiente, no es fruto de la casualidad que tu estés aquí ¿sabes? - interrumpió Su Señoría a Nai. Tras parar un segundo para ver la cara de incredulidad del miserable humano, continuó -. A ver, vamos, déjame ver tu bastón, que no te avergüence el corazón que lo corona.
Nai saco su bastón y se lo mostró.
- Lánzamelo hijo de Michael, ¿Acaso crees que me lo pienso quedar? - exigió la mandamás de Iusti.
El muchacho, con el típico recelo de estas situaciones tan estandarizadas en Animes o en Mangas, se lo lanzó.
- Es precioso, lo diseñé yo, y si tu estas aquí con él, es muestra inequívoca que dices verdad. Es posible que lo hayas usado, pero está claro que aun no sabes lo que puede hacer - trató de sorprender Su Señoría al estereotipado miembro de Jalisco. Le lanzó de vuelta el bastón y siguió hablando -. Si de verdad quieres ser realmente útil, haz venir a tu amigo abandonado Mega Drive y cambia el bastón por la palanca de cambios, descubrirás su verdadero poder.
- ¡Vaya! Esto si que es una situación predecible, descubrir el verdadero poder del bastón, y para ello necesito mi vehículo parlante que es capaz de viajar entre dimensiones. ¡De acuerdo! - respondió alegremente Nai. Se llevó la muñeca derecha cerca de la boca, pues era ahí donde tenía el reloj, a pesar de que alguna norma estúpida hacía llevar el reloj en la izquierda a los hombres y susurró. -Mega estoy en la ciudad de los justos, en una plaza de toros muy grande, necesito que vengas.
- Tu ser burro muy grande, yeah - dijo el heavy rubio que estaba a la derecha de Su Señoría con acento norteamericano -. Esto no ser plaza de toros, yeah, ser Antro, yeah, y sirve para nosotros dar conciertos, yeah, C'mon Iusti are you ready to rock?!!!
De repente el cosso del Antro empezó a temblar y poco después se abrió de par en par para que emergiera un escenario con instrumentos, una batería , altavoces gigantes por todos y una orquesta director incluido, taraam. Los melenudos heavys saltaron hacia el escenario desafiando todas las leyes de la gravedad terrestre, cada uno se puso en su puesto desperdigados en el escenario e hicieron un concierto de dos horas en el que Nai no dejó de hacer cuernos, cantar y chocarse contra los chupitos de Iusti que había ido a ver el espectáculo. Sólo hubo un valiente que se subió al escenario para saltar al público, pero nadie trató de interceptar la caída con la palmas de sus manos y se fue irremediablemente al suelo.
Justo después del bis final, el cantante, que era el mismo rubio ignorante que llamó Antro al coliseo, comenzó a decir unas palabras.
- Thank you for coming down you man, you make me feel good here, San Francisco sympathy, it's here baby yeah! Maestro Michael Kamen at the helm yeah!
En ese momento y mientras el guitarra solista hacía aullar agudamente a su guitarra como en una película ochentera de acción un coche salta, Mega Drive irrumpió en la escena por encima del Antro para caer en el cosso como si nada a pesar de que las gradas del Antro tenían 57 metros de alto, por no decir que el radio menor del Antro era de 156 metros y el mayor de 188 metros, así que fíjate lo exagerado de la escena, y va el puto coche y al aterrizar sólo se desliza unos metros por el cosso, ¿¡A donde coño va a llegar esta historia, a que ahora el coche se transforme en un robot cuando le cambie la palanca de cambios!?
- Hola Nai - dijo Mega Drive con una robotica pero humana voz.
- ¡Hola Mega, cuanto tiempo si verte! - le respondió el humano.
- ¡Maldito hijo de puta, si no me has llamado, te dije que en sólo CUATRO DÍAS estaba listo pero me “han dao por culo” durante todo este tiempo! ¡Y AHORA QUE COÑO HACES!, ¡ME ESTÁS QUITANDO LA PALANCA DE CAMBIOS! ¡HIJO DE PEEERRAAAAA! - le comentó amablemente Mega Drive.
Nai ignoró completamente las palabras de su amigo cuatroruedupedo mientras sustituía la palanca por su bastón mágico. Una vez hubo encajado, una luz cegadora, por enésima vez, enésima de 'n', no de nueve, oculta los cambios que empiezan a acontecer en el coche. De esa luz emana el sonido que hacía un Transformer al cambiar de estado, algo así como, Tutututu-tata, el fin del sonido marcó el fin de la transformación, y la luz desapareció dejando algunos puntos brillantes en el nuevo Mega.
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