9. No sé, puede que las migas - versiculo 1
9. No sé, puede que las migas
- ¡Que vag tongto, erag una coña! - Dijo Izaskun con el acento de cuando no era más que una simple gurú en la tierra -. Eng pacá que vamo a ve a la jefa.
Nada más terminar Izaskun la frase se borró el gesto de preocupación al protagonista, pasando a tener el gesto del más agradecido de los alivios.
- ¡Pues vamos! - le respondió el muyayo y se encaminó hasta donde estaba ella.
Entraron ambos en el castillo, un castillo peculiar sin ninguna duda, pues en lugar de la clásica decoración de los castillos de la edad media con sus armaduras, cuadros de antepasados y tapices, había grupos de instrumentos desperdigados por todos lados, cuartetos de cuerda, percusiones, banda de rock, mesas de mezclas y platos, todas las formas posibles en que se han agrupado los instrumentos para formar grupos a lo largo de la historia de la humanidad. En algunos los atriles sostenían partituras, en otros no, y en otros casos ni siquiera había atril. Se podría decir que era un templo para la música.
Se dirigían hacía una puerta al fondo de la sala más principal de todas las que habían entrado del castillo, de ella brotaba una melodía preciosa que los oídos del terrestre jamás había escuchado. Una voz femenina se añadía como instrumento a los delicados movimientos de la sección de cuerda, a pesar de ser un simple “La” repetido con distinta entonación podía deleitar al más estúpido de los reggetoneros, claro que si disfrutan escuchando reggeton es algo difícil. La mujer se silenció poco antes de que llegaran pero la sección de cuerda siguió un poco más con la suavidad y dulzura de sus notas y finalmente pararon, momento que aprovecharon Izaskun y el elegido para entrar. Era una habitación grande, pues habría una orquesta de unos cincuenta músicos, la pared que daba al exterior era totalmente cristalina y permitía sin reservas el paso de la luz natural que no procedía de ningún sol. Junto a la sección de viento se encontraba una mujer con un piano de frente y órgano eléctrico a su derecha. Tenía rasgos japoneses, piel blanca y pelo corto negro. Vestía una camiseta negra con una rebeca blanca por encima, los cascos de los de oreja grande descansaban ahora en su cuello, mientras miraba a los recién llegados. Les sonrió y se giró para mirar a los músicos y les dijo:
- Continuad sin mi.
Una oleada de quejas se levantó brevemente, pues no querían que les abandonasen, pero eso no podía ser y la mujer se levantó y se dirigió hacia la puerta donde aguardaban los jóvenes. Cuando los tuvo delante se dirigió al chaval.
- Bienvenido.
Y mientras los tres salieron fuera la habitación, los músicos continuaban con la segunda parte. Una intro iniciada por un loop de una melodía electrónica al que a posteriori la sección de viento y luego cuerda se habían sumado, acompañó a los tres hasta unos sofás donde se sentaron. Momentáneamente el viento abandonó la canción, momento que aprovechó Su Señoría para hablar.
- Soy Su Señoría Kanno, y se por qué te enviaron, y también sé lo salido que estás. Lo primero me lo comunicó Izaskun al leer tu mente en vuestro anterior encuentro, lo segundo sólo hay que echarte una ojeada. Pero esto no es lo importante, lo importante es la verdad, la verdad es que ninguna facción va a apoyaros en la guerra -. Un breve silencio tras esta cruel sentencia permitió oír cómo la percusión irrumpió en la música dándole toques épicos al provocar una aceleración en el ritmo y un cambio en los violines que llevaban la melodía principal -. El triángulo de Jalisco no necesita ningún apoyo, lo que no quiere decir que no os vayamos a ayudar a desarrollar la plenitud de vuestras capacidades. Respecto a la otra verdad que estas buscando, yo te daré las respuestas, tu puedes elegir creerlas o no.
La magnitud de las palabras de Kanno sonaban en perfecta armonía con la música proveniente de la otra habitación. El elegido estaba totalmente fascinado por la sabiduría que desprendía la mujer, sin lugar a dudas decía verdad y es algo que quedaría patente después.
- El agente forjador y tú verdaderamente sois hermanos, hijos de una lavadora y una perra que los rusos mandaron al espacio. Pikolo el lavadora, como así lo conocían en el pueblo, se compadeció de la perrita Laika que flotaba en el espacio condenada a la muerte en soledad por científicos sin escrúpulos, tal y como le había pasado a él antes de fusionarse con la mitad malvada del cuarto hermano de los Marx. Salvó a Laika y se la trajo aquí, pero no pudo reprimir al espíritu que salió de Herbert, consumió ese último atisbo de bondad y utilizó a Laika como un simple medio para conseguir sus planes, la conquista de ambos mundos. Una de las escenas más absurdas que se han podido ver en este mundo o en el tuyo fue el día que Pikolo fornicó, sin casarse por supuesto, con Laika la perra comunista del espacio para que engendrara a su heredero, pero ese heredero, no fue tal. Como todo el mundo sabe, los cigotos en los que la mitad de los genes provienen de un alma dividida, se dividen en dos tal y como lo hiciera su progenitor tiempo atrás. Forjador y tú fuisteis los bebés híbridos de humano-espíritu maligno-lavadora-perra. Forjador fue elegido para llevar a cabo la misión de tu padre, pues su maldad, medida en piliclorianos, se encontraba a un universo de distancia de la tuya. A ti te mandó a la tierra para que en el futuro ayudaras a tu hermano en la conquista interdimensional, pero sus planes se truncaron al recogerte un travestí que trabajaba de ocho a doce de la noche en un Showarma. Creciste sano y fuerte a base de carne de cordero y salsa de yogur, hasta el día en que Forjador te descubrió e intentó acabar contigo, pero Manolo el travelo dio su vida para protegerte de los basureros pues sabía que eras especial. El resto de la historia la conoces - la música ahora sólo era el murmullo de los acordes finales. El Chico, aún con cara de estupefacción, trató de hablar lo mejor que pudo.
- ¿Osea que papá hizo eso por mi? ¿Me ocultó que era un travelo para que no creciera con algún trauma infantil? - aquí rompió a llorar -, ¡Gracias papá, hiciste lo que pudiste, pero a pesar de eso no se me dan bien las chicas, me encantan las pelucas y los pintalabios, por no hablar de cuando me disfrazaba de mamá cuando tú no estabas! ¡TE QUIERO! ¡VOY A VENGARTEEEE!
- Ahora ve a Bohemia, el reino de los soñadores a reencontrarte con tus amigos - le sugirió la señorita Kanno.
“Mega CD gonna rock you babe” decían las letras que se podían leer en el pecho del robot tan alto como un edificio en el que se había convertido Mega Drive. Nai estaba en la cabina del piloto y con una cara de alucinar más hardcore que un empastillado con doscientas veinte pulsaciones por minuto.
- Hijo de Michael, ahora que has acabado aquí, debes reunirte con tus compañeros en Bohemia, el hogar de los soñadores, buena suerte y no desfallezcas - informó Su pelirroja Señoría.
- Antes ir man, acepta este regalo, yeah! - dijo el rubio del Antro y le lanzó la camiseta que se acaba de quitar, sudada cual jugador de fútbol. Nai no dudo ni un segundo y cuando llegó hasta él se la puso
- ¡Gracias James H Yeah, volvería veros aunque un mono tocara el bajo! - La puerta de la cabina de Nai se cerró y este despegó rumbo a Bohemia.
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