11. Niña, hazme paninis - versiculo 3

Cuando la primera estatua cayó, de un disparo en la frente, la euforia que los había envuelto al principio comenzó a disiparse. Sin perder ni un momento, las naves aéreas pasaron por el inmenso e indefenso bocado que tenía ahora la defensa enemiga y se introdujeron en el núcleo del país maligno. La tierra era aún mas negra, y un desafiante olor a lejía y a limpio llenaba el ambiente. Al fondo se veía ya el castillo de los malos, que en este caso era un gigantesco cubo rodeado de una extraña luz verdosa. Desde el cielo se veía como la lucha abajo era encarnizada, y no tardaron en desplegarse para realizar el siguiente movimiento estratégico. Varias naves de los soñadores, esculturas cristalinas levitantes con forma de caracola y colores vivos, se acercaban al terreno dejando caer un enorme pedrusco, que antes de tocar el suelo se fragmentaba dejando esparcidos cientos de minerales brillantes. [conoced el miedo, conoced el pánico, sufrid con las pesadillas] decía Oniria desde una de esas naves. Los minerales se abrieron como huevos, dejando salir unas aberraciones, mitad fruto de la naturaleza y mitad fruto de la imaginación, criaturas negras, con dientes y zarpas afilados, sin ojos, sin piel, sin lógica alguna. Atacaron salvajemente la retaguardia de los centrifugators consiguiendo que quedasen rodeados, permitiendo así la entrada del grueso de tropas al interior de la muralla.
Pero los androides acudían sin cesar, haciendo que su número pareciera inmutable y constante, algo muy típico de las máquinas. En la punta de lanza del ataque, como siempre, los valerosos justos, guerreros vestidos con túnicas negras y peluca blanca, que destruían al enemigo con sus gigantescos mazos a la vez que gritaban “¡Culpable! ¡Culpable!”. Furiosos guerreros vikingos, con hachas de fuego y cuernos de relámpago hacían estragos entre las defensas enemigas, mientras duendes y elfos montados en unicornios recorrían a la velocidad del viento a los heridos y los llevaban a lugares mas seguros para restituirlos. [Joder, esto es un infierno] decía Anthony Blake mientras detenía todas las balas que podía con los dientes; suerte que desde la nave nodriza de los justos vendrían refuerzos, pues el gigantesco escenario que albergaba volvió a desplegarse y los cuatro músicos legendarios comenzaron a achicharrar tomates con sus rayos sónicos.
- Es la hora. Debemos ir hacia la base - dijo Nai, toqueteando todos los botones que podía y poniendo gesto de preocupación.
- ¡Joder, nos están siguiendo! - dijo el galán de nombre desconocido, viendo a través de la ventanilla de su lado como una mujer de alta estatura y pelo rubio de bote venía corriendo tras Mega CD, levantando su brazo derecho en el cual, en lugar de mano, tenía una navaja suiza.
- ¡¡por todos los dioses comunistas!! ¡¡ES LA CENTRIFUGATRIX!! - Dijo el onanista oriental mordiéndose las uñas -. Me han hablado de ella, es una perraca que te cagas, como dé el grito de alarma y nos descubran, nuestro plan se habrá ido a la mierda. Tengo...
- ¿qué vas a hacer, Tan Dao?
- No queda mas remedio... - sus ojillos rasgados dejaron caer una lágrima - ¡Roboniria! ¡ataca! ¡ataca! ¡vaish, vaish!
Y la máquina que folla se activó por primera vez desde su creación, saltando desde la cabina dando piruetas. [uff, suerte que había abierto la ventanilla] pensó aliviado Nai. La hembra de acero aterrizó justo delante de la Centrifugatrix, y sin pensárselo le arañó la cara y la despeinó. Ambas, cual gatas enzarpadas, comenzaron a girar por el suelo hasta caer en un barrizal cercano. Comenzaron a intentar derribarse mutuamente, rozándose y restregándose por el barro, exhalando gritos y gemidos. Los guerreros masculinos que había por alrededor perdieron ligeramente la concentración, llegando algunos de ellos a pasar directamente de la batalla, poniéndose a ver el espectáculo gratuito, aullando como perros en celo.
- ¡Vamos Nai, no podemos detenernos ahora! - dijo el mas enamorado de los tres.
- Ssssi... si... tienes razon... - respondió, dejando la videocámara y limpiándose las babas. Accionó la palanca de cambios–bastón corazonado y siguieron su camino hasta el edificio principal.

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