11. Niña, hazme paninis - versiculo 2

El sol ya estaba en su punto mas alto y calentaba con fuerza las negras tierras de Ñordor, país de las lavadoras. Con paso constante, el ejército Tequilense avanzaba hacia la base enemiga, preparándose para asediarla como si de Troya se tratase. Una vez llegados hasta el final del bosque de sauces llorones sólo había una enorme explanada y quedarían irremediablemente al descubierto, por lo que ya no servirían de nada las maniobras de camuflaje y marcha silenciosa (de puntillas).
- No debemos perder mas tiempo. Todavía no nos han descubierto. El ataque debe ser rápido. Coronel Prats, prepare a las tropas. Yo iré a ocupar mi puesto en el Halcón Justiciario.
- Como desee, mi señora Temissa - Un hombre de avanzada edad, con traje de chaqueta y media cara pintada de azul, subía a una roca y pedía silencio -. ¡Hermanos!, ha llegado el momento. La batalla para la que habéis nacido va a tener lugar. Muchos de vosotros moriréis aquí, otros quedarán lisiados y heridos de gravedad, y los que sobreviváis tendréis pesadillas el resto de vuestra vida. Pero algún día, para los hijos de nuestros hijos seremos leyendas y nos recordarán con honor, con respeto, ¡con orgullo!, y lo harán sentados en sus libres pupitres de sus libres escuelas en su mundo libre. Para que eso ocurra debemos vencer hoy, debemos clavarles en el culo nuestra bandera, y no tengo ninguna duda de que lo haremos, ¿sabéis por qué? ¡¡¡Porque somos chupitos, y no hay nada mas poderoso en el universo que un chupito de Tequila!!!
- ¡¡¡Heeeeeeeeheeeh!!! - gritaba la multitud exaltada.
- Y ahora amigos míos, soñadores, brujos, justos.... ¡¡¡AAAAA JUUUUUGAAAAAAAAAR!!!
Por la pendiente del valle bajó la infantería ligera, separándose en sus distintas legiones para ocupar sus correspondientes posiciones según la estrategia. Del espeso bosque surgían naves cristalinas, comandadas por la inmensa nave de los justos, preparadas para la dura batalla aérea. Un inmenso torrente de agua brotó de la nada, por el que surcaba una temible barca vikinga, rodeada de alfombras voladoras y toda clase de criaturas místicas. Y entre todos ellos, dos androides del tamaño de King Kong que surcaban el aire en paralelo. Nada más pisar terreno lavadoril, una sirena sobrada de decibelios comenzó a sonar con la melodía propia de alerta por ataque nuclear, indicando que las máquinas acababan de entrar en la guerra.
La primera batalla tuvo lugar frente a la tenebrosa muralla que cubría todo el territorio de las lavadoras. Tan alta como una montaña y petada de cañones, constituía el principal escollo para las naves voladoras de los soñadores. Era misión de la infantería acabar con esa muralla y poder desplegar así todo el potencial ofensivo en el interior, pero no lo tendrían fácil, puesto que en el suelo empezaron a aparecer agujeros y surcos del que surgían incontables tomates transgénicos con ganas de marcha. Los colorados bichejos hacían burlas e incitaban a las naves a que se acercasen para que fuesen blanco fácil para los cañones. En su lugar acudió el ejército de choque de la alianza, formado por pequeños grupos de a pié liderados por bellas estatuas de tres metros de forma femenina, balanza en una mano y afilada espada en la otra. Sobre los hombros de las pétreas guerreras se sentaban pequeños hombrecillos de muy distinta forma, algunos con turbantes, otros con chisteras, que les iban indicando el camino y el lugar hacia donde tenían que asestar los golpes las invidentes representantes de la justicia. Poco a poco se fueron abriendo paso, dejando zumo de tomate por todas partes y sembrando el caos entre los esbirros del mal. Llegados a una corta distancia, los atacantes se reunieron en un círculo delimitado por las estatuas, que seguían dando su merecido a los tomates, y en el centro, los brujos. Algunos se sentaron en posición de meditación, pusieron los ojos en blanco y se concentraron. Otros estaban de pié, y con sus báculos desviaban todos los misiles que los cañones enemigos les lanzaban, yendo a parar ahora hacia la propia muralla. Cuando el que parecía el líder de la mágica legión dio la orden, las estatuas se agacharon, hincando la rodilla en el suelo, y los brujos antes sentados se pusieron ahora de pie de un salto, abriendo grotescamente sus bocas, soltando un grito que dolió a los oídos de todo Tequila. Con ese chillido incesable, extraño y antiguo sortilegio, los cañones comenzaron a calentarse, a encenderse, adquiriendo un color rojo brillante, llegando a derretirse. Surcando el aire apareció ahora una bandada de alfombras voladoras que soltó un millar de pociones explosivas sobre la inutilizada muralla.
- ¡¡Retruécanos!! ¡¡Esoz malditosh haber destruido la línea defenzora numero 1!! - Dijo una lavadora con capa y tupé que observaba el sino de la batalla desde el puesto de mando -. Lugarteniente Balay, esh hora de la liberashión de loz Roborez asesinadorez.
- ¡Como ursted mande, lugarteniente Whirlpool! - dijo otra lavadora con muchas medallas que empezó a pulsar botones en la consola que tenía frente a sí. A cientos de metros de allí, Un esqueleto metálico se ponía en pie, encendiendo sus amenazantes ojos rojos. [Cargando codec de Quicktime... listo; desviar potencia desde Shareaza hasta CPU de batalla... listo; ], y en unos segundos el Centrifugator comenzó a desfilar, seguido de su ejército, todos con sus ametralladoras chulas en mano.