13. Don´t resist us! - versiculo 1
13. Don´t resist us!
Atravesaron el umbral de la puerta sin ninguna dificultad, pero tras el primer pasillo les esperaban hordas de macarras idénticos a los de los videojuegos de las máquinas recreativas. Había de todos los estándares: punkys con bates de béisbol, chicanos maestros en armas blancas, chinos gordos, malotes con chupa de cuero y cinta en la frente, putas con exagerada habilidad para saltar y una velocidad increíble, yonkis que echan fuego, boss de final de Stage, incluso algún que otro velociraptor. La base de las lavadoras era como las calles de la metropoli de Final Fight o Double Dragon.
Mientras los integrantes del triángulo de tequila intentaban contar cuantos enemigos había en ese mar, sin previo aviso, empezaron a caerles unos barriles del techo. Eran de metal, tenían un tono cobrizo y parecían oxidados.
Casí sin despeinarse dieron cuenta de ellos, Nai con su báculo, L'Innominati usando la patada en el yin-yan que le había enseñado TDV Senior, y TDV con el canto de su palma derecha a la vez que gritaba ¡Jiá!. Para sorpresa para ellos acabar con estos barriles les había sido beneficioso, pues podrían reponer sus agotadas energías con los pollos que yacían en el suelo. Junto a estos también había monedas, y el arma definitiva de todo arcade, el “Pipe”.
- Fuck yeah! - dijo Nai -. Podemos recuperarnos y utilizar estas pipes para partirles la cara a esos grunchacos -
una vez dicho esto en la pared que quedaba a su izquierda una flecha que contenía “Go!” empezó a parpadear.
No se lo pensaron, tomaron instantáneamente esos pollos, se armaron con las pipes y echaron a correr hacía la muchedumbre. Los primeros matones en besar el suelo, y no como el papa precisamente, fueron unos punkys escuálidos con cara de psicópata. En su avance, los Jalisco fueron acabando con todo bicho que trataba de hacerles daño, pero esto no era suficiente para poder pasar. Una vez se encontraron en medio de estos tipos malos de serie B, los tres pegaron espalda contra espalda y casi sin moverse de su sitio, empezaron a repartir palos a mansalva. El usar las pipes como prolongador de sus báculos les había agilizado el trabajo, y casi tras una hora de palos a diestro y siniestro casi no quedaba nadie a quien darle “Palpelo”, pero a pesar de esto esas ratas no cejaban en su empeño y no les dejaban avanzar. El último de los esbirros del Lavadora era un hombre mayor, que estaba en una silla de ruedas.
- ¡Overshock, ¿que haces tu aquí?! - dijo L'Innominati -¡Tu estabas muerto!
- Eso nunca, ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJ! - respondió Overshock.
- Este hombre era un puto paralítico que se ponía donde nosotros jugábamos al fútbol, sólo para jodernos y que no pudiéramos jugar - se tomó libertad de responder El señor sopa de restos del día anterior.
- Yo no lo hubiera dicho mejor amarillito - era el turno de Over -, atraía vuestro balón con mi silla de ruedas para que la golpease, o golpease a mi mujer, para tener un pretexto para echaros de allí y que mi nieto pudiera jugar, pero ¿nunca os cansasteis verdad malnacidos?, ¡Todos los días volvíais una y otra vez a jugar!
- ¡Serás hijo de puta! - intervino cabreadísimo el que no tenía nombre - Me alegré que te murieras, pero tu mujer se alegró aún más, ¿la has visto ahora? ¡Ha rejuvenecido veinte años!
La cara de Overshock se solidificó, y de su garganta empezaron a oirse unos ruidos bastante repugnates. Tras unos diez o quince segundos de máxima tensión, Over, se recostó contra el respaldo de la silla de ruedas, agarró fuertemente los apoyamanos y se impulsó con todas sus fuerzas hacia adelante, cuando llegó al límite un lago de mocos nació de su boca en dirección al triángulo que formaban los héroes y los cubrió de pies a cabeza sin que estos pudieran hacer nada.
Los tres de Jalisco se estaban muriendo de asco, era atroz, estaban empapados de mocos, tenían arcadas, y comenzaban a asfixiarse, pues no podían ni siquiera respirar.
El ser confinado a rodar empezo a relamirse con una lengua viperina que le llegaba hasta el hombro y a acercarse con la seguridad que lo hace una araña a una presa de su tela, cuando el Nomo que visita todos los teclados del mundo apareció rociando con su mercancía el blandiblús que eran los tres humanos. La masa comenzó a cristalizar hasta que pequeñas explosiones cristalinas marcaron el comienzo del fin del encarcelamiento mucal. Las explosiones se hicieron más continuas y más fuertes, cual paquete de maiz en un microondas, hasta que finalmente los muchachos se libraron de la masa que los retenía. Aún quedaban objetivos sin cumplir en la misión del Nomo, y tras rociar con pelos al blandiblús, encaró a Overshock antes que este pudiera reaccionar y sumergió su nomíl mano llena de pelos púbicos en la boca del malvado paralítico.
El nomo desapareció tal y como había aparecido, y como aparece mientras no hay nadie en las habitaciones y rocía los teclados con pelos para obligar a los usuarios de estos a buscar una explicación lógica.
La cabeza de Overshock no tardó en cristalizarse y deshacerse en infinidad de milimétricos cristales para alivio de nuestros vomitantes héroes, esta vez no hubo una clásica advertencia malvada de volver, sólo mocos expulsados a toda presión por donde antes había cabeza. El cuerpo se arrodilló y finalmente quedó con el pecho contra el suelo. Una vez los ineptos echaron hasta el primer biberón, pudieron recomponerse y retomar la senda hacía el maligno. El trozo de lo que parecía ser una calle desembocó en una boca de metro, “Subway” ponía en un cartel encima de esta. Sin ninguna otra cosa por hacer, no tuvieron más remedio que adentrarse.
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