13. Don´t resist us! - versiculo 2
Antes de llegar abajo pudieron contemplar una desierta estación de metro llena de periódicos y otros residuos en el suelo. Un viejo mapa de la red ferroviaria les indicó que esa vía les llevaría directamente a la ubicación de Pikolo el lavadora, como era de esperar en una historia lineal, a pesar de esto esta no es nada previsible, prueba de ello ha sido la intervención del bibliotecario anfibio volador. Pero esta vez no iba a haber una resolución tan brillante, simplemente se dedicaron a esperar el tren que pasaba cada diez minutos, pues no tenían ni putas ganas de ir andando por las vías si podían ir cómodamente sentados. Por suerte para ellos no tuvieron que esperar al tren ni tres minutos, demostrando así la eficiencia de las Máquinas. Subieron al tren cuidando deshacerse de cualquier posible pasajero, pero el tren estaba vacío. Sin vacilar se sentaron en los asientos más cercanos de la puerta, ¿para que gastar ATP yendo más lejos?. Las puertas se cerraron y el tren se puso en movimiento. Primeramente el monorraíl avanzaba en línea recta incrementando su velocidad, cuando esta rondó los setecientos kilómetros hora paró de crecer. Por aquel entonces se acercaba al final de su tramo en línea recta, para comenzar a bajar. Una tenue luz marcaba el final, pero a los ocupantes ni siquiera les intrigó esa luz, cosa que cambiaria cuando el tren viró violentamente a la derecha. Ahora el rail iba sujeto a la pared metálica que delimitaba un cráter de al menos de un kilómetro de radio del cual no se veía el fondo. Cada vez que daban una vuelta completa un contador que indicaba en que planta se encontraban decrecía una unidad.
Había pasado un buen rato y los chavales estaban cansados de jugar al Tetris en sus móviles cuando Nai expuso la teoría que llevaba dándole vueltas desde hacía unos treinta minutos.
- Debemos estar bajando al núcleo, cosa que no me había imaginado cuando el camino entre el punto “Esta usted aquí” y el de “Pikolo el maligno” era una línea recta, pero a parte de eso, siendo esta una historia lleno de estereotipos y plagios no se me ocurre otra idea que la planta del maligno debe ser la “-666” - los otros asintieron interesados -, con lo que tenemos que darle al pulsador cuando pasemos la “-665”, que pienso será en breve - tras ojear despreocupadamente el contador se sobresaltó y pulsó el botón - ¡¡Jooooderr!!! que nos hemos pasado que estamos en “-667” ¿Que cojo... digo que hacemos?
- Podemos bajarnos aquí y buscarnos la vida para subir, sólo es una planta, no seas vago - Aconsejó tal y como lo habría hecho su padre TDV.
- ¡Yokai! - gritaron los otros al unísono.
Llegado a la planta “-667” el monorraíl se introdujo en el hueco en la pared para llegar a la estación de ese nivel y detenerse allí. Los tres de Tequila se pudieron bajar sin ningún problema, pero antes de que pudieran refugiarse en ningún sitio el monorraíl comenzó a explotar sin sentido ni razón aparente al más puro estilo Jesucristo SuperStar. La onda los tiró de bruces al suelo justo a la entrada de un pasillo con puertas a ambos lados, algunos cascotes impactaron contra el trío que trataba de salvar el mundo, pero una vez más salieron ilesos gracias a la barrera que formaron los tres bastones. Se pusieron de pie, cruzaron las miradas y sin decirse nada se aventuraron a entrar en el pasillo pegando la oreja a cada puerta para ver que oían.
En la puerta número uno se oía a un anciano y lo que supusieron su hijo:
- Ese avión tarda horas en dar la vuelta al mundo - se oyó decir al anciano.
- ¡Que rápido! - contestó el nieto.
- Tu si que eres rápido - dijo con un tono un tanto extraño el anciano.
En la puerta número dos pudieron oír a un hombre de mediana edad:
- Destápala, chupa la crema, ¿Te gusta? ¡No se lo digas a mamá, este será nuestro pequeño secreto!
Tras la puerta número tres pudieron oír unos ladridos.
- ¡Maaaadreeee! - gritó el protagonista que golpeó la puerta con el bastón unido al pipe hasta que se abrió.
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