13. Don´t resist us! - versiculo 3
Una vez se abrió la puerta, la ocupante del Sputnik derribó al protagonista con sus seis kilos de peso al lanzarse contra su pecho. Laika aparentaba tener los tres años con los que fue lanzada al espacio en 1957. Estuvo más de un minuto lamiéndole la cara hasta dejársela bastante asquerosa, luego lo dejó para dirigirse a la puerta contigua y comenzar a ladrar.
- Entiendo mamá.
Y de nuevo el prota repitió el proceso de echar la puerta abajo como si fuera Steven Seagal. Esta vez nadie salió a recibirles, así que tomando el pipe a modo de rifle de asalto entró en la habitación cuidando que nada le sorprendiera. Cuando el perímetro estuvo seguro invitó a entrar a sus compañeros para que vieran lo que había descubierto. Un metálico ataúd con 2 agujeros a la altura de los ojos y otro a la altura de la nariz atrapaba a alguien que parecía importarle a Laika. Mizoguchi con un estilizado golpe en el canto de la tapa de ataúd logró desencajarla para que Nai la retirase. Para sorpresa de todos allí dentro estaba el payaso de Micolor, tan descolorido como si hubiera sido torturado a base de lavados en una lavadora y con el poco maquillaje que le quedaba dibujándole pena en su rostro.
- Gracias por ayudarme, Forjador nos encerró a Laika y a mí cuando entraron en combate las facciones - dijo el payaso.
- Me suenas de algo - intervino con voz amenazante TDV - ¿Quien eres tú?
- Yo... yo soy el payaso de Micolor, el jefe de marketing me mandó aquí tras una campaña de publicidad con nefastos resultados, por... por eso he dejado de salir en la televisión. Aquí me encargué de cuidar de Laika y es lo único que he echo desde que estoy en esta base militar llena de robores.
- Es robots - acuñó el protagonista.
- Da igual, ¿sabes dónde se encuentra Pikolo? - actuó rápidamente Nai -, necesitamos que nos lleves.
- Tal vez si pudierais decirme en que planta estamos - replicó el payaso.
- En la -667 - informó el único que “ha pillao cacho”.
- ¡Es fácil! ¡Sólo tenemos que subir un piso! - dijo el payaso y se agachó para acariciar a Laika y hablarle cariñosamente -. ¿Dónde está el papi? Laika ¿Dónde está eh? ¡Busca, busca! - le dió una palmadita en el trasero al perro y este salió disparado, y antes de que el veloz cánido se perdiera de vista los muchachos y el payaso la siguieron lo más rápido que pudieron a través del pasillo.
Detrás de cada puerta se oían frases obscenas de anuncios de televisión, ninguno pudo haber imaginado que había tanta basura en la caja tonta. En la planta superior, el sonido de unos zapatones retumbaban en las paredes del amplio pasillo central, y acompañándolo, el incesante sonido de arrastrar algo pesado por el suelo. se dirigían hacia un ascensor. La perra que los rusos “rescataron” de las calles de Moscú corría endemoniadamente por el pasillo en que tenían encerrados a los maníacos televisivos, hasta que la puerta que marcaba el final de este le bloqueó el paso. Los muchachos y el payaso fueron llegando uno a uno a los pocos segundos, el pasillo les impedía correr en paralelo. La patada de rigor marcó el fin de bloqueo para Laika que no para Cuba, la marcha se reinició unos diez metros más, atravesando perpendicularmente un pasillo mucho más propio de una base militar que el que acababan de abandonar. Llegaron al comienzo de una escalera idéntica a la que utilizaron para bajar al metro y sin dudarlo un instante comenzaron a subir.
Por fin estaban en la planta “-666”, salieron del rellano apartado donde estaba la escalera a un pasillo similar al que atravesaron en la planta inferior, pero esta vez lo recorrieron. El recorrido del pasillo les hizo girar a la derecha, a mitad de camino en el nuevo tramo en línea recta se encontraba la zona de los ascensores, por donde deberían haber subido, pero un perro por mucho que haya viajado al espacio con sólo tres años de edad no los sabe usar. Tras haber superado esta zona, Laika se detuvo y empezó a ladrar, todos la imitaron, uno más acertados que otros pero en general todos ladraron bien. El tañir de los zapatones atrajo la atención de todos congelando su respiración. Pronto se percataron del escalofriante sonido que producía la tela al rozar con el suelo. A pesar de los ladridos de Laika el ritmo de los pasos de sea lo que fuere lo que se acercaba continuó impasivo, monorrítmico, pausado, acrecentando la tensión del momento exponencialmente.
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