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6. Terror y pasión en Tanganika - conclusion

6. Terror y pasión en Tanganika - versiculo 4

Al atravesar la puerta los jóvenes tuvieron la misma sensación que cuando pululaban por la chavola de Papá Noel, de no estar en este mundo, y tenía que ser así porque una inmensidad los rodeaba, no alcanzándoles la vista para ver algunas de las tres paredes diferentes a pared de la puerta, ni siquiera el final de esta. Lo que sí pudieron ver eran un par de seres que parecían estarlos esperando. El de la derecha, el más bajito, era regordete; su piel tenía una tonalidad bastante oscura cercana al negro, y tenía un turbante blanco sujetado por una piedra azul de tamaño considerable engastada en una base de oro, justo en medio de la frente y encima de la inexistente nariz; sus orejas eran puntiagudas y largas, y en el lóbulo carnoso de cada una de ellas tenía un aro dorado; los ojos eran dos platos llanos sin párpados con un punto negro en medio; un chorizo unido por los extremos era la boca. Estaba desprovisto de camisa alguna, en su lugar había un chaleco granate con dibujos de bordes negros, sujetado por un cinturón de tela rojo; el pantalón era blanco y le quedaba bastante suelto. Calzaba unas babuchas rojas. El de la izquierda era del tamaño de un quinceañero, desprovisto de pelo en la cabeza y con un par de antenas de unos 10 – 13 centímetros; su piel era verde, sus orejas eran también puntiagudas aunque quizás algo más anchas que las del otro ser, su rostro tenía aspecto demoníaco y vestía una túnica blanca que le llegaba hasta los tobillos; encima de ella una braga de la misma tela y color que la túnica le protegía el cuello. También llevaba un chaleco y cinturón, pero uno era de color morado y el otro violeta; los zapatos parecían unas peculiares sandalias de un material parecido al cartón.
Vien-sama se dirigió hacia ellos y los muchachos le siguieron los tres metros que los separaban de aquella extraña pareja. Una vez llegados allí Vien-sama comenzó las presentaciones.
- Muchachos, este sel velde es Astlaco, y este otlo es Yupi. Estamos en la habitación del tiempo y del espacio, un año en este lugal es tan sólo un día fuela, además es tan glande como la tiela y no hay nada excepto el vacío. Ahola os explicalá Astlaco pol qué estáis aquí.
Astraco dio un paso hacia delante y miró a los ojos de los Jalisco Brothers y empezó a graznar de una forma gutural, horrible e incluso divertidamente. Esos graznidos eran onomatopeyas a medio camino entre una gallina, un oso y un cerdo, parecían formar palabras incluso frases, por los silencios entre unas y otras, pero de ninguna forma podría ser inteligible. Cuando acabó lo que Astraco tenía que decirnos, Yupi empezó a traducir lo que anteriormente había dicho su jefe, su acento era de la parte sureña de los estados unidos.
- Como ha baticinao lah profeciah tré blanquitoh vendrían pa salvá el mundo, son el tringulo de Jalicco, que cogerían el coche y pondrían a corré mucho mucho por aquí hasta que fueran a otro mundo. Blanquitoh ya se lo que su’estais pensando, que no tenei el coche aquí, pos por eso nos’precupei que se lo amo a traer y hemo puesto sinco euroh cada uno pa’charle cardo y no quearoh arriaoh en mitá de ninguna parte. Así que ahora mirah’í.
Los tres chavales miraron alucinados a la derecha de Yupi tal como él les había indicado, y para su sorpresa vieron a Mega con su línea del capó refulgiendo y emitiendo ese extraño sonido que emiten las luces.
- Ahora blanquitoh montarse, que’l tiempo eh oroh- continuó diciendo Yupi.
Y estos se miraron entre ellos, y se doblaron sobre sus espaldas primero en dirección a Tan Dao Senior, y luego hacia Astraco y Yupi. A modo de bendición Astraco graznó algo, los besó en la boca uno por uno, y les indicó que podían irse, y antes de que el bicho verde pudiera darles otro beso los muchachos corrieron con la cara de asco dibujada en sus rostros.
Se montaron en el coche. Nai estaba al volante, arrancó el motor de Mega Drive, metió primera y pisó el acelerador. Las revoluciones del motor rápidamente empezaron a subir, dos mil por minuto, tres mil, iban subiendo las marchas y las revoluciones caían en picado y volvían a subir. El motor iba en cuarta e iba aguantando bien, el cuenta revoluciones llegó a la zona roja y Nai cambió por última vez de marcha, parecía un experto piloto de fórmula uno, de nuevo las revoluciones podían subir pero esta vez no habría freno. Mirando por las ventanillas no podrían haber averiguado si iban a dos kilómetros por hora o a dos cientos, pero el interior del antiguo deportivo empezó a traquetearse como una locomotora. Era hora de encender la lavadora que les transportaría a Tequila dejando atrás este mundo lleno de plantas transgénicas que se hacían pasar por repartidores de comida rápida a las ordenes de unas lavadoras con inteligencia artificial.
- ¿Condesador de fluzo? - pregunto Nai.
- Fluzeando - Respondió Mega.
A partir de ese instante tuvieron la sensación de ver unos destellos cada vez más seguidos. La frecuencia de estos crecía a la par que la velocidad, y Mega empezó una cuenta atrás:
- 3, 2, 1...
Todos pudieron ver cómo de repente eran absorbidos por un agujero negro y, después de que el último centímetro del coche se introdujera en el agujero, habían dejado este mundo para entrar en Tequila, un mundo en otro espacio y quizá en un tiempo distinto al del que compartía destino con los ocupantes de Mega.

6. Terror y pasión en Tanganika - versiculo 3

Durmieron durante algún tiempo, ninguno supo cuanto porque ninguno se molestó en mirar la hora, sólo sabían que estaban cansados y querían dormir. Este sueño reparador les dejó como nuevos y les aclaró las ideas, no sentían la apremiante necesidad de encontrar un modo para ir hasta Tequila ya que se les había sido revelado en sueños por sus bastones mientras dormían, además la cosa era sencilla puesto que ya tenían la lavadora integrada en el coche y sólo necesitaban poner el automóvil de cuatro ruedas más la de repuesto a dos cientas millas por hora. Si no sabían donde podrían hacer algo así, podrían consultar el GPS que Ho Fat le había instalado al coche cuando le hizo los “ligeros” ajustes que les permitirían hacer un viaje en el espacio tiempo.
El primero en despertar, si es que se puede llamar así, fue Mega Drive, que había estado escaneando cada byte de su sistema buscando algún resto de Genesis que hubiera podido huir u ocultarse. Tomó la decisión de despertar a todos, pero de una sutil forma. Ahora que tenía cargador de dvd en vez de un casete, una completa biblioteca en mp3 estaba a su disposición, y para la ocasión eligió “Sonata de Claro de Luna”. Antes de un minuto estaban todos despiertos con una sonrisa, incluso tarareando.
- Amigos supongo que mientras dormíamos se nos ha revelado lo que tenemos que hacer, y no dudo que debemos hacerlo inmediatamente, pero antes deberíamos pasarnos a ver a mi padre, él puede darnos consejos ancestrales y milenarios, además de deliciosa y energética comida - dijo Tan Dao Vien. El estomago del resto de los integrantes del triángulo de Jalisco expresó su opinión rugiendo como un Tiranosaurio Rex, y Cudeiro, complacido, se dirigió a Nai -. De acuerdo, el restaurante de mi padre está en el barrio chino y se llama como mi padre y yo, es una tradición que data desde tiempos inmemoriales. Mega Drive, pon rumbo al Restaurante chino Tan Dao Vien.
- ¡Hey que eso lo digo yo! - dijo Nai ligeramente molesto, y todos rieron como suele pasar en comedias para niños o adolescentes en que los inexpertos actores no tienen ni puñetera idea de hacerlo pareciendo natural tras una escena supuestamente graciosa.
Mega puso rumbo al restaurante de Tan Dao, por los altavoces que comenzó a emanar una melodía que fascinó a nuestro protagonista, no era otra que “Quisiera ser” del dúo dinámico, esta vez si que podían pedir canciones gracias a los “ligeros” ajustes que el informático-oriental-experto-en-viajes-interdimensionales le hizo a Mega. El minutero recorrió poco más de un cuarto de esfera cuando llegaron al restaurante-casa de Tan Dao, dedicaron al menos otro cuarto de esfera del minutero, incontables vueltas al barrio, y 60 céntimos para encontrar un aparcamiento totalmente legal y a distancia relativamente cercana.
Como si hubiera vaticinado la llegada de su hijo, TDV Senior esperaba a los jóvenes en la puerta del restaurante, y una vez que los tuvo frente a frente se dobló sobre si mismo haciendo una reverencia como señal de respeto, [Y pensar que los orientales pensaban que comer con una cuchara era como con una pala…] pensó el líder de los Jalisco Centrifugated Group y como si Tan Dao Senior le hubiera leído la mente le lanzó el golpe de kárate, la patada yin-yan, que el mismo le había enseñado en el pasado. Sin siquiera despeinarse el alumno bloqueó el golpe del hombre que lo había iniciado en las ancestrales y milenarias artes marciales.
- Bien pol ti, celezo losado que vigila el alozal desde la colona del bancal - dijo con su típica neutralidad el dueño del restaurante -. Pol favol acompañadme, unos amigos os espelan pala hablal con vosotlos.
El señor Vien les hizo atravesar el comedor, donde algunos comensales daban fin a su exquisito menú de cinco euros a rebosar de glutamato que les haría sentir una felicidad pletórica, y les dijo esperaran delante de una puerta al lado de los servicios con un cartel en el que se podía leer “Sólo personal autorizado”. Pasados unos instantes el señor Vien apareció con cuatro botellitas de agua de treinta y tres centilitros rellenas de algo que parecía ser salsa agridulce.
- Esto es una pócima de culación, tomad un poco cuando os sintáis cansados o estéis helidos, os lecupelalá totalmente - advirtió el señor Vien, dando una botella a cada uno. Cuando los tres muchachos encargados de pelear por el futuro de su mundo y el de Gandalf hubieron guardado en sus bolsillos las bebidas mágicas, el druida chino abrió la cuarta botella y les dio a beber a los muchachos diciendo:
- Esto os quitalá el hamble y os pondlá como una moto
- dijo el sabio, y al oír esto el joven Vien se acordó de alguien a quien echaba en falta en ese momento. Preguntó en voz alta a su padre, y tras unos segundos de silencio, sus amigos le relataron con angustia como una pizza rebanaba la cabeza de su primo el reinller rojo. bajó los ojos hasta el suelo y luchó contra si mismo para no llorar delante de su amado padre, pero una minúscula gota de líquido plateado asomo por su ojo izquierdo. Sin mediar palabra el druida de infinita misericordia abrazó a su hijo para que pudiera llorar sin temor a reprimendas la muerte del familiar, y le pegó en la espalda un papel de propaganda del restaurante, para que fuera a donde fuera publicitara el negocio familiar.
Una vez que todos bebieron el brebaje que sabía a salsa agridulce y a espuma de afeitar, todos notaron que el hambre les abandonó y se sintieron tremendamente felices, como todas las personas que comían en el restaurante del druida Vien. Vien-sama se acercó al panel numérico que gobernaba la apertura de la puerta, tecleó 383873 y giró el panel numérico, que parecía firmemente clavado a la pared, ciento ochenta grados. Ahora se podía leer “ELBEBE” en él, y después de unos segundos de espera un clic que venía del interior de la habitación “Sólo personal autorizado” indicó el desbloqueo de la puerta. La habitación que ocultaba la puerta parecía un pequeño almacén lleno de cajas colocadas en total armonía en las estanterías que recorrían en largo las paredes de los lados, dejando un pasillo que conducía a otra puerta justo enfrente de la que habían desbloqueado para entrar. Era prácticamente imposible averiguar lo que contenían las cajas pues estaban escritas en un abecedario no latino, aunque las cajas no debían de importar mucho porque Vien-sama condujo a los tres de Jalisco a través del pasillo haciéndoles caso omiso. Una vez que llegaron al final del pasillo, se encontraron de nuevo bloqueados por una puerta, pero esta vez no había paneles numéricos con los que demostrar cuan lammers podían ser imitando a los primeros h4ck3rs que iniciaron la moda de escribir con números, ni tampoco un cerrojo para usar una “llave de puerta secreta” que te la encuentras en el horno de la cocina al resolver un puzzle de tres en raya de salsas, simplemente había que girar el pomo de la puerta para llegar a otra habitación que no tenia nada que ver con el restaurante.

6. Terror y pasión en Tanganika - versiculo 2

Nai oyó claramente una voz extraña en su cabeza aunque era como si la conociera desde siempre, era el bastón que le hablaba.
- ¡Eh tú, Basurilla!, Cógeme con más delicadeza, que me estas dejando incrustado el hedor de tus sudorosas manos.
- ¿Cómo? - pensó Nai -, ¿De donde viene esa voz?, ¡No es posible!, ¡¡¡NO ME BASTA CON TENER UN COCHE QUE HABLA CON DOBLE PERSONALIDAD Y ESTAR VESTIDO DE NIÑATA QUINCEAÑERA, QUE AHORA ME HABLA UN BASTON AMARICONADO!!! - gritó exasperado.
- Perdona macho ibérico, pero yo no soy el que tiene un corazón luminiscente en el capó del coche - replicó el bastón -. Antes de que te irrites más te voy a explicar la situación y así no tendrás que deducirlo tu solo, para que lo tomes como muestra de buena fe - Una expresión de total incredulidad se talló en el rostro del poseedor del único coche que podía viajar entre los dos mundos gracias a la lavadora que tenía en la parte trasera y al condensador de fluzo(¡Fluzeando!).
- Joder si estoy flipando, y sin drogas como decía el viejo - interrumpió Nai a la voz que le hablaba en la cabeza.
- Como ya supongo que habrás averiguado, esos dos que tienes más cerca son tus amigos, entre los tres formáis el triángulo de Jalisco, el otro de la camiseta friki es Mega Drive, es como se ve a sí mismo, y el payaso de la camiseta rosa es Genesis, el lado malvado de tu amigo de cinco ruedas. Que tengas un coche con inteligencia propia y ahora luches contra las lavadoras no es una mera casualidad, tanto Izaskun como Gandalf sabían que un tipo como tú sería de gran ayuda, y tú les diste la oportunidad de ayudar en la proeza de salvar tu mundo y el de ellos. Cuando quisiste comprarte un coche de segunda mano, ellos solo tuvieron que traer un coche de su mundo y anunciar que lo vendían por cuatro duros en el periódico que sabían que ibas a leer, la exitosa transacción se llevaría a cabo en unos días, aunque no todo fue un éxito, en el traslado del coche hasta este mundo el Agente Forjador dispuso de unos segundos para escribir parte de sí mismo en la BIOS de Mega Drive dando lugar a Genesis. Este trozo de código se instaló en ese reducto de la memoria y optó por la guerra subversiva ya que no se podía hacer con la totalidad del control del coche, ni siquiera podía transmitir la posición del mismo. Permaneció oculto, arrebatando poco a poco el control a Mega Drive, casi lo consigue en una ocasión no hace mucho como tu bien sabes. Y ahora que el elegido se ganó la confianza de Gandalf, o a Gandalf no le quedó más remedio, le entregó a este el bastón que os uniría a los tres en Jalisco. Jalisco es parte de Tequila y os daría el poder de enfrentaros a todos los telepizzeros y lavadoras, sean del tamaño que sean, que os encontréis en el camino hasta Tequila, sólo que para despertar ese poder necesitabais un enemigo menor que no acabase con novatos como vosotros, y Mega Drive propició el golpe de estado al coche para que no os quedara más remedio que luchar.
En ningún instante de la historia del bastón se desdibujó la expresión de Nai y no porque la ropa interior de dudosa masculinidad le apretara, ni siquiera por lo fascinante de la historia, es que él la conocía, aunque no de una forma muy consciente, pero sabía que era así. Era hora de actuar, con prontitud, sus compañeros de Jalisco estarían al tanto de todo si como a él sus bastones les habían hablado, así que empezó a correr hacía donde estaban sus amigos y Mega para empezar lo que sería su primera lucha como Jalisco.
- ¡Bastón marica, no tengo ni puñetera idea de cómo usarte así que échame una mano! - Algo bastante estúpido por parte de Nai ya que el bastón estaba en su mano y no poseía extremidades, pero en cierta medida quizás fuera algo metafórico, como que le explicara como se usa ese bastón con poderes de otro mundo, aunque viniendo de Nai…
En unos segundos llegó a la vera de sus compañeros y completaron Jalisco y el poder de Tequila se hizo sentir en el reducto de memoria en el que estaban y que había sido el hogar okupado por Genesis, pero este no se amedrentó pues se creía más poderoso de que realmente era e hizo gala de su confianza y prepotencia con una sonora y malvada mono-carcajada al ver como el tercer niño se alineaba con sus dos amiguetes cien por cien libre de anabolizantes inyectados, y dijo:
- HA! Okay boyz we’re gonna shake ours bodiez!...mhmm so plug that modafuckaz!
Una vez dicho estoy Genesis hizo el gesto de lanzar una moneda con el dedo gordo de la mano derecha a la vez que con la izquierda simuló colocarse un inexistente sombrero, y en ese instante miles de cartuchos de “Moonwalker” para la consola de dieciseis bits de Sega salieron de la mano derecha y se dirigieron hacia la tríada de héroes de Jalisco quizá a más velocidad que las estrellas que recorrían el suelo. Ningún miembro del trío mostró siquiera signos de alarma, se limitaron a permanecer quietos hasta que los primeros cartuchos empezaron a aproximarse, en este momento la velocidad de estos se congeló hasta casi 0 y los fueron esquivando uno a uno con grácil facilidad, se giraban a la izquierda o a la derecha, incluso mientras estaban doblados por las rodillas en una posición en la que el equilibrio podría ser un mito lejano como los pingüinos. Tras todo esta escena a tiempo bala, técnica que se han empeñado en usar hasta el hastío para cualquier cosa en el mundo del cine y de los videojuegos desde 1999, los Jalisco (¡Ay no más cuate! ¿Dónde esta mis tacos y enchiladas?) que se encontraban en la posición inicial como si nada hubiera pasado, empezaron a gritar “Ojo de doble párpado” en perfecta sincronía tal y como Johan Sebastian Bach pulsaba tres teclas del órgano con el que se ayudaba a componer para hacer un acorde. Cuasi instantáneamente se materializó un pájaro negro del tamaño y forma de gaviota común que se alimenta con las basuras o los restos de los bocadillos que se encuentran en un patio de colegio después de la hora del recreo. El oscuro animal se lanzó en picado hacia Genesis proyectando sobre él una música heavy metal tan estridente que haría llorar al guitarrista de Slipknot. Antes siquiera de que la primera octava de la canción pudiera alcanzarlo, la esfera reapareció tan brillante como la había visto Nai por primera vez, y cuando el musical rayo oscuro la tocó, el reggeton afloro de unos altavoces invisibles que se encontraban en la esfera y el cielo se llenó de luces, algunas de ellas cegadoras, que recorrían todo el espectro desde negro a blanco y a la inversa. Fueron unos quince segundos interminables en los que los gemelos de dieciséis bits y el pájaro negro fueron los únicos en percatarse de lo que estaba sucediendo realmente, la esfera estaba cediendo ante el poder de tres, y no las embrujadas precisamente, ni siquiera Nirvana, pero no era pan comido y una vez hubo pasado ese tiempo implacable, la música tocada y sentida en cuerpo y mente se impuso por knock out a la sucesión repetitiva de diabólicos y graves samples, dejando a Genesis con un zumbido en los oídos y dolor de cabeza como una locomotora de vapor que recorre en círculos el interior de su cabeza. Una mueca de dolor y rabia se trazó de golpe en la cara de Genesis, cada vez que la locomotora parecía dar una vuelta apretaba un poco más puños y dientes. Mega Drive que todavía no había tomado cartas en el asunto decidió que esta vez si iba y que subía la apuesta, dibujó en cada una de sus manos el símbolo de los cuernos con el pulgar extendido y se palpo con ellos las letras de su camiseta. En el lado izquierdo de la camiseta entre el hombro y el pecho ahora estaba la tapa de una unidad de CD que se empezó a levantar hasta describir un ángulo de noventa grados y un láser brotó de la unidad de CD alcanzando a Genesis. Mientras el haz de luz roja seguía incidiendo en Genesis, calambres espasmódicos le recorrían incansablemente el cuerpo produciéndole infinito dolor y manteniéndolo al menos de momento inmovilizado. Nai pidió a sus amigos que le cedieran parte de su poder pues él sentía la responsabilidad de acabar con ese bicho infame, sin dudarlo un segundo hicieron lo que él les había pedido.
- Nooo! Modafuckaz nooooo!, Fucking niggars!, Don’t do this!!!! - exclamó Genesis a sabiendas de que serían sus ultimas palabras como ocupante del Corvette de Nai.
Desoyendo la súplica de Genesis, Nai puso el extremo del bastón donde había un corazón en medio de su frente, gritó algo que podrían ser unas palabras de invocación en perfecto japonés, y como por arte de magia, entre ellos y Genesis apareció Cubitorah, un omnipotente y tridimensional monstruo radiactivo que es la mascota de Gamerah.com. Tenía mucha mala leche, jugaba a los videojuegos y no soportaba a los americanos a pesar de querer destruir Tokyo, así que no tardó en comerse al maltrecho gemelo malvado. Un atronador eructo marcó el fin de la amenaza llamada Genesis, y ese peculiar mundo comenzó a volverse más etéreo y transparente como Gandalf antes de ser detenido por la policía de la Sociedad de Autores. De repente los tres se encontraron en el coche de nuevo, se abrazaron de la forma más heterosexual posible, se preguntaron si todo iba bien, incluso a Mega Drive, al comprobar que todo era correcto suspiraron de alivio y reposaron en sus asientos durante un instante, se lo habían merecido.

6. Terror y pasión en Tanganika - versiculo 1

     LIBRO SEGUNDO: EL DEVORADOR DE PÁJAROS

 

     6. Terror y pasión en Tanganika

Horas más tarde, Nai buscaba sus herramientas para torturar a Tan Dao. No en vano, el amarillento déspota le había mandado a comprar chicles, y en su ausencia había tuneado su coche acoplándole una lavadora a su parte de atrás y un condensador de fluzo. Según sus planes este artefacto les llevaría al mundo de las lavadoras y aprenderían la forma de acabar con ellas. El único requisito era que para que funcionase el viaje tenían que alcanzar una velocidad de 200 millas por hora, que como ninguno tenía ni puta idea de cuanto eran, simplemente consideraban como “mu rápido”. Ya encontrarían la forma de no pegarse una castaña. Dentro del coche, el chico del báculo de oro ignoraba los canturreos del coche bipolar de su amigo el fontanero, y se sumía de nuevo en sus pensamientos. Recordaba especialmente lo que le había dicho Izaskun sobre el mundo paralelo: la parte de las máquinas, un mundo sombrío, lleno de galerías oscuras habitadas por cientos de lavadoras gigantes que atacan a cualquier nave que ose acercarse; en el límite, un último reducto de la civilización humana, habitada por miembros de las tres facciones viviendo en armonía. Y a lo largo de todo ello, cientos de tuberías de transporte, ladrillos para romper con la cabeza y setas que te transforman en gigante. ¿Sería así de verdad o la habría pillado fumada? Pronto lo descubriría. Y pronto la volvería a ver, a ella, a su guía, a su estrella de oriente...
Por unanimidad decidieron pirarse de allí, aunque no sabían hacia donde. Los tres muchachos estaban ahora solos y tenían que llegar hacia el otro mundo. Salvo las artes marciales que conocían y el báculo de oro, no tenían armas ni sabían como se derrotaba a las Máquinas; el tiempo siempre acaba produciéndoles averías, pero de eso precisamente no tenían en demasía, así que como primera acción se introducirían en el coche no si antes percatarse del cambio de look que este presentaba. Y como algo ya típico en esta historia es que los personajes cambien de acento, y no por eso iba a dejar de suceder, tras los ajustes que el Australiphitecos Chinosus le hizo al coche, este ahora hablaba como el encargado de cualquier 24 horas que estuviera abierto en fin de año. No contento con esto Tan Dao le puso pegatinas de “Toyota” y “Racing” por todas partes, le puso un reproductor de mp3, cambió el corazón luminiscente que tenia en el capó por una simple línea recta luminiscente monocromática roja que hacia sonido cuando un pequeño segmento de bombillas empezaba a brillar moviéndose de un extremo a otro y colocó unas letras japonesas (kanji) encima de esta en color plata que rezaba: “Amato Yoshi sigue vivo en nuestros corazones”.
- Respetuosos saludos, que vuestros días sean más placenteros gracias a la salsa agridulce - dijo el coche mega drive con el acento antes comentado una vez que se sentaron los 3 futuros héroes.
Nai le contó toda la historia y le pidió consejo al vehículo de 4 ruedas (y la de repuesto) motorizado, entonces, cuando el coche parecía que se disponía a hablar, reggeton de la peor calaña empezó a tronar por los altavoces desgarrando los oídos de los ocupantes. El chaval del bastón dorado miró con los ojos enfurecidos y le acercó la cara a una distancia intimidatoria al ahora asustado por el horrible sonido que emanaba de los altavoces Tan Dao.
- No sel mi culpa, no sel mi culpa - balbuceó como pudo el oriental.
- Lo sé - intervino Nai -, es la otra personalidad de Mega Drive.
- Muahahahh - empezó a reirse la otra personalidad de Mega Drive, ahora con un acento americano - I’m Geneziz da’merican fucking dark sid’of Mega Drive fucking niggars, and brodas I’m gonna kill you fucking betchas.
Ese último comentario fue la gota que desbordó el pantano donde se almacenaba el odio del protagonista, el cual empezó a apretar con todas sus fuerzas el bastón que le regaló el Rey Mago–Vagabundo–Gandalf–Yoda. Sentía como el odio partía de su corazón y fluía hacía cada célula que componía su cuerpo de geek pajero, alimentándola de la rabia más pura, cualquiera que hubiera visto Goku hubiera pensado que se iba a convertir en super guerrero, pero en lugar de usar ese estereotipo más refrito que el aceite de las freidoras del McDonalds, en la frente del protagonista apareció tatuada en letras rojas incandescentes la palabra “ODIO” y una luz cegadora inundó el interior del coche forzando a los ocupantes a protegerse los globos oculares.
Cuando Nai abrió los ojos no estaba en el coche con sus dos compañeros de aventuras, se encontraba inmerso en un espacio vacío sumido en total oscuridad y se sentía flotar (todos flotan), de repente un bastón similar al dorado del protagonista apareció ante sus ojos, era plateado, quizás porque era un miserable fontanero segundón; el aire comenzó a impregnarse de un aroma conocido, el olor de un ritual, el olor que acompañaba a los ídolos de madera que cargaban una veintena o treintena de hombres a sus espaldas y que cada vez se volvía más denso. El bastón, de repente, empezó a emitir un brillo que aumentaba progresivamente durante unos segundos y luego remitía con a la misma velocidad con la que se había encendido, este ciclo no paraba de repetirse, era como un luminoso en el cual se podía leer “Cógeme”. Por fin Nai tuvo lo que tienen que tener los héroes (valor y cerebro) y agarró fuertemente el bastón con sus manos, entonces una fuerza mística invadió en un instante la totalidad de su cuerpo como si hubiera sido alcanzado por un rayo y en su frente apareció tatuada la palabra “DESPRECIO” del mismo modo en que había aparecido a su amigo y compañero de aventuras anteriormente. Acto seguido y aún tratando de asimilar el shock le volvió a recorrer una sensación que había tenido no hace mucho y era la de desvanecerse, era la misma que le llevó a aquella pequeña dimensión donde el bastón le pidió que se despertara y ahora le llevaría a una peculiar habitación. El suelo era verde con una textura mitad cartón mitad plástico, y estaba atravesado por unos raíles metálicos que a veces eran cortados, otras solamente cruzados por otros en perpendicular, y periódicamente eran recorridos por una estrella blanca que centelleaba aleatoriamente con más o menos potencia cada vez.
Antes de que sus ojos empezaran siquiera a acostumbrarse a la oscuridad, y a los repentinos destellos de esas estrellas que gateaban a una velocidad infernal, notó frío en piernas y brazos. No tenía pantalones y la camiseta, si es que se la podía llamar así, que llevaba ahora no llegaba a cubrirle los hombros. Había algo más, sentía que la ropa en la que estaba embutido le apretaba desde los hombros hasta la entrepierna, era como si estuviera embutido en un traje de gimnasia rítmica femenino sin extremidades. Al ocurrírsele esta idea broto en él el deseo de que esto no fuera cierto, sería horrible, tembló de asco y miedo a la par que en su cara se dibujaba un gesto de repugnancia similar al de pisar una cucaracha con el pie descalzo. Pero, ¿y el bastón que le había provocado todo esto?, Ahora lo sentía metálico, mucho más estrecho y algo más pesado. Palpó su forma con los dedos y era más corto, no más de veinte centímetros, y en el extremo opuesto a la empuñadura el bastón se convertía en un corazón, [¡Dios que horror!] pensó Nai, era como vivir dentro del Anime “Sakura Cazadora de Cartas” o peor aun, [“¡¡¡LA FAMILIA CRECE!!!”]. Ahora el temblor se intensificó y la cara se podría decir que se le transfiguró en algo más cercano a lo que sería la “arrunada” cara de un Heavy en un concierto de las Spice Girls que a un hombre. A pesar de saber que en la mierda de Anime “La familia crece”, nadie va con mallas, su cerebro no encontró otra forma visual de explicar lo que sentía en ese momento de horror indescriptible y “dibujitos chinos”. Deseaba que fuera como en una historia multiaventura donde pudiera elegir ir a la página 1238 donde esa sensación no le recorriera cada centímetro de su cuerpo. Mientras Nai continuaba sumergido en ese magmático mar de pensamientos, tres fugaces destellos seguidos de una esfera de luz volvieron a cegarlo, pero esta vez no fue a ninguna parte, tres figuras humanas y una cada vez más translúcida esfera de dos metros de diámetro aparecieron a unos metros delante de él. Una tenue y acusadora luz había irrumpido la escena delatando a dos de esas figuras que eran sus amigos, el oriental tunero-racing-informático-conocedor-de-un-ancestral-y-misterioso-arte-marcial y el no oriental del que ninguno de los dos autores de esta... ¿Historia? ¿Bazofia? ¿Gilipollez? ¿Galimatías interdimensional? ¿Plagio indiscriminado? ¿Paranoia? ¿Discriminación racista hacia los ancestrales y misteriosos chinos? ¿Devanar de sesos? ¿Fan fic motivado? ¿Diagnostico diferencial? ¿Megabytes de datos? ¿Odio inconsciente a las lavadoras? ¿Grano de arena en la historia de la humanidad? ¿Deliciosos fetos? ¿Nubes y cielos azules de Nintendo? ¿Pérdida de la capacidad sináptica? ¿Irrefrenable conexión entre un teclado y un cerebro? ¿Preguntas independientes e inconexas como en un corto de motivados sin recursos que usan la paranoia psicodélica para sentirse genios y que los aplaudan? ¿Por qué el paludismo no significa que te vuelves más palurdo? ¿Misantropía? ¿Genialidad?... no han sabido o no han querido darle nombre hasta la última línea de la... (Repetición, otra vez, de las preguntas con tono sarcástico de las preguntas inconexas que definen este texto)… que no será “...fueron felices y comieron perdices”, sino muy posiblemente el nombre de esta criatura que un día decidió andar al revés para tratar de cambiar el mundo. Estos dos iban vestidos como unas colegialas (umm deliciosas) japonesas (deliciosas deliciositas) pero con las faldas tamaño cinturón, lógicamente Nai también, siendo infinitamente peor que las imágenes con las que se había dedicado a torturarlo su imaginación. Las faldas eran de diferente color y el bastón tenía una forma distinta en cada extremo, el de Shenmue tenia un abejita muy cuca y el del líder de la tríada de héroes estaba coronado por un camaleón bicéfalo. La luz cada vez más apagada que emitía la esfera permitió distinguir los rasgos de la tercera figura humana, e incluso de una cuarta que se encontraba dentro de ella para sorpresa del héroe asfixiado por un estúpido traje de colegiala (umm deliciosa) japonesa (deliciosa deliciosita). El ser que se encontraba a la izquierda de lo que quedaba de esfera y por delante de Shenmue y Unnamed Player, parecía ser un muchacho de unos veinte años de edad con el pelo moreno y corto, ojos marrones, una camiseta negra en las que se podían leer en letras azules “Generación 16 bits”, y unos vaqueros normales de toda la vida. El otro ser empezaba a hacerse más visible, su rostro era una copia idéntica de lo que Nai supuso la encarnación de Mega Drive, pero con ojos azules, tenía el cabello rubio y su atuendo era radicalmente diferente ya que iba vestido como un maldito metrosexual, pero en su camiseta, rosa por supuesto, no rezaba nada friki, aunque como viene siendo común en todas las camisetas de estos seres prefabricados también se podía leer una frase estúpida: “La hormonas que me inyecto en los músculos me han encogido el pene”.