11. Niña, hazme paninis - versiculo 4
De cerca podían admirar la belleza de aquel singular monumento a la maldad. Un cubo perfecto, y digo cubo como figura geométrica, no como el cubo de la fregona de tu madre, se alzaba orgulloso, tan simple y perfecto que resultaba ofensivo. Su lisa cubierta sólo se veía alterada por un gran punto negro circular en su base, que probablemente sería el portal que conducía a su interior. Montones de piedras a su alrededor parecían custodiarlo, [parece el círculo de piedras de Stonehenge] pensaron nuestros cultos protagonistas. Al acercarse aun mas observaron que las piedras no eran simples monolitos, sino gigantescos números Pi hechos de roca. Al intentar cruzar los “Pi”, rebotaron hacia atrás como pelotas de goma, y entonces se dieron cuenta del escudo de fuerza protector que, valga la redundancia, protegía el emplazamiento. [habrá que cargárselo] pensaron, antes de que un estruendo enorme a sus espaldas les interrumpiese.
Del suelo surgió una enorme grieta, una falla tan grande como el cañón del Colorado (el Chapulín, por supuesto). Una docena de lavadoras gigantes empezó a flotar (aquí abajo todos flotan), saliendo de ella, muy lentamente, acompañada de crujidos y otros sonidos graves. Los electrodomésticos malvados parecían volar, quizás gracias al igualmente descomunal paraguas de playa que cada lavadora tenía en su parte superior. Frente a ellas, todas las naves de la alianza, expectantes. Cuando las malignas abrieron sus respectivas puertas acristaladas dejaron salir un enjambre de lavadoras de tamaño normal, eso sí, con patas de pulpo y tentáculos, que se dirigieron con furia hacia las naves de cristal de los chupitos, comenzando la batalla aérea mas encarnizada que ningún fan gordo de Star Wars haya podido imaginar jamás.
- ¡Esto es como una lata de atún sin anilla! - El triángulo de Jalisco se empeñaba como podía en fulminar el escudo verdoso que les cortaba el paso, pero ni puñetazos, patadas, disparos, escupitajos ni nada que se les ocurriera parecía hacerle la mas mínima mella. Ni siquiera utilizando el poder de sus bastones hallaban la manera de pasar, y temían que acabaran siendo descubiertos, convirtiéndose así en el centro de todos los ataques enemigos. Los pulpos–lavadora infundían respeto de verdad, sobre todo algunos que eran capaz de tirar bombas. Ya habían visto una nave de los soñadores caer, un duro golpe para su moral, una metáfora de cómo la belleza de aquel mundo acabaría siendo aniquilada si no triunfaban. Un escudo, un simple escudo de fuerza les había parado los pies. Para su alegría pudieron ver el contraataque chupito ya que, mientras unos genios voladores frenaban a las lavadoras invocando rayos del cielo, el resto de naves soñadoras había cambiado totalmente su tonalidad hasta volverse invisibles. Además, habían conseguido tomar algunos cañones de la muralla y ahora los utilizaban a su favor. Pero... ¿serviría de todo aquello de algo si ellos fracasaban? Estaba claro que no.
- Esto es absurdo. Somos el triángulo de Jalisco. Si unimos nuestros poderes no hay nada que pueda detenernos - dijo el innominado líder.
- Tienes razón... todos están dando lo mejor que sí y nosotros estamos aquí cruzados de brazos - el chinolandés empezó a maltratarse a si mismo, tanto psicológica como físicamente.
- Pero... ¿qué queréis que hagamos? Si bajamos seremos un blanco fácil para esas lavadoras.
- No nos queda otra opción, Nai. Desde aquí podríamos hacer daño a Mega, y le necesitamos. Tenemos que utilizar todo nuestro poder... desde el suelo.
Hicieron caso a su líder y salieron por el tobillo de la máquina. Desde abajo, el edificio frente al que estaban parecía aún mas grande e inalcanzable. Se tragaron su miedo y se sentaron, formando un triángulo. Cada uno puso el brazo derecho en el hombro de su compañero, sosteniendo en el aire los bastones con el brazo izquierdo, unidos. Empezaron a concentrarse profundamente, dejando que todo su poder fluyese por su cuerpo. Pronto las piedras y pedruscos que había por la zona comenzaron a oscilar a su alrededor, formando un lento torbellino. Buscaron en lo mas profundo de su ser. Buscaron entre sus miedos, entre sus esperanzas. Buscaron dentro de sus almas. Pronto eran uno sólo, una mente común que empezó a imaginar. De la mitología y el conocimiento empezó a crearse una imagen, un sonido, un espíritu. Por tres bocas habló: “¿es un pájaro?” dijo Nai; “¿es un avión?” dijo Tan Dao; “No” dijo el que quedaba “¡¡ES EL BIBLIOTECARIO ANFIBIO VOLADOR!!”. El torbellino se elevó hacia el cielo, acompañado de un rayo que acabó en las nubes. Los tres muchachos cayeron de espaldas, agotados. Se escuchó un grito animal, salvaje, parte de león, delfín, tiranosaurio... y el bibliotecario anfibio volador apareció entre los cúmulos negros bajando como un cometa. Su figura, casi indescriptible: un portentoso cuello, mas ancho que su cabeza. Cabello negro de aspecto bizarro. Una boca abierta y una expresión seca, profunda, enigmática, sin emociones. Unas extremidades superiores cortas pero fuertes y unas gafas deformadas . De las branquias que poblaban su cuello salió un nuevo grito, una onda poderosa que chocó contra el escudo y lo abombó, lo arrugó y finalmente, lo disolvió. El ser mágico volvió a la tormenta de la que había aparecido, y su inconfundible voz volvió a perderse entre los sonidos de la guerra.
11. Niña, hazme paninis - versiculo 3
Cuando la primera estatua cayó, de un disparo en la frente, la euforia que los había envuelto al principio comenzó a disiparse. Sin perder ni un momento, las naves aéreas pasaron por el inmenso e indefenso bocado que tenía ahora la defensa enemiga y se introdujeron en el núcleo del país maligno. La tierra era aún mas negra, y un desafiante olor a lejía y a limpio llenaba el ambiente. Al fondo se veía ya el castillo de los malos, que en este caso era un gigantesco cubo rodeado de una extraña luz verdosa. Desde el cielo se veía como la lucha abajo era encarnizada, y no tardaron en desplegarse para realizar el siguiente movimiento estratégico. Varias naves de los soñadores, esculturas cristalinas levitantes con forma de caracola y colores vivos, se acercaban al terreno dejando caer un enorme pedrusco, que antes de tocar el suelo se fragmentaba dejando esparcidos cientos de minerales brillantes. [conoced el miedo, conoced el pánico, sufrid con las pesadillas] decía Oniria desde una de esas naves. Los minerales se abrieron como huevos, dejando salir unas aberraciones, mitad fruto de la naturaleza y mitad fruto de la imaginación, criaturas negras, con dientes y zarpas afilados, sin ojos, sin piel, sin lógica alguna. Atacaron salvajemente la retaguardia de los centrifugators consiguiendo que quedasen rodeados, permitiendo así la entrada del grueso de tropas al interior de la muralla.
Pero los androides acudían sin cesar, haciendo que su número pareciera inmutable y constante, algo muy típico de las máquinas. En la punta de lanza del ataque, como siempre, los valerosos justos, guerreros vestidos con túnicas negras y peluca blanca, que destruían al enemigo con sus gigantescos mazos a la vez que gritaban “¡Culpable! ¡Culpable!”. Furiosos guerreros vikingos, con hachas de fuego y cuernos de relámpago hacían estragos entre las defensas enemigas, mientras duendes y elfos montados en unicornios recorrían a la velocidad del viento a los heridos y los llevaban a lugares mas seguros para restituirlos. [Joder, esto es un infierno] decía Anthony Blake mientras detenía todas las balas que podía con los dientes; suerte que desde la nave nodriza de los justos vendrían refuerzos, pues el gigantesco escenario que albergaba volvió a desplegarse y los cuatro músicos legendarios comenzaron a achicharrar tomates con sus rayos sónicos.
- Es la hora. Debemos ir hacia la base - dijo Nai, toqueteando todos los botones que podía y poniendo gesto de preocupación.
- ¡Joder, nos están siguiendo! - dijo el galán de nombre desconocido, viendo a través de la ventanilla de su lado como una mujer de alta estatura y pelo rubio de bote venía corriendo tras Mega CD, levantando su brazo derecho en el cual, en lugar de mano, tenía una navaja suiza.
- ¡¡por todos los dioses comunistas!! ¡¡ES LA CENTRIFUGATRIX!! - Dijo el onanista oriental mordiéndose las uñas -. Me han hablado de ella, es una perraca que te cagas, como dé el grito de alarma y nos descubran, nuestro plan se habrá ido a la mierda. Tengo...
- ¿qué vas a hacer, Tan Dao?
- No queda mas remedio... - sus ojillos rasgados dejaron caer una lágrima - ¡Roboniria! ¡ataca! ¡ataca! ¡vaish, vaish!
Y la máquina que folla se activó por primera vez desde su creación, saltando desde la cabina dando piruetas. [uff, suerte que había abierto la ventanilla] pensó aliviado Nai. La hembra de acero aterrizó justo delante de la Centrifugatrix, y sin pensárselo le arañó la cara y la despeinó. Ambas, cual gatas enzarpadas, comenzaron a girar por el suelo hasta caer en un barrizal cercano. Comenzaron a intentar derribarse mutuamente, rozándose y restregándose por el barro, exhalando gritos y gemidos. Los guerreros masculinos que había por alrededor perdieron ligeramente la concentración, llegando algunos de ellos a pasar directamente de la batalla, poniéndose a ver el espectáculo gratuito, aullando como perros en celo.
- ¡Vamos Nai, no podemos detenernos ahora! - dijo el mas enamorado de los tres.
- Ssssi... si... tienes razon... - respondió, dejando la videocámara y limpiándose las babas. Accionó la palanca de cambios–bastón corazonado y siguieron su camino hasta el edificio principal.
11. Niña, hazme paninis - versiculo 2
El sol ya estaba en su punto mas alto y calentaba con fuerza las negras tierras de Ñordor, país de las lavadoras. Con paso constante, el ejército Tequilense avanzaba hacia la base enemiga, preparándose para asediarla como si de Troya se tratase. Una vez llegados hasta el final del bosque de sauces llorones sólo había una enorme explanada y quedarían irremediablemente al descubierto, por lo que ya no servirían de nada las maniobras de camuflaje y marcha silenciosa (de puntillas).
- No debemos perder mas tiempo. Todavía no nos han descubierto. El ataque debe ser rápido. Coronel Prats, prepare a las tropas. Yo iré a ocupar mi puesto en el Halcón Justiciario.
- Como desee, mi señora Temissa - Un hombre de avanzada edad, con traje de chaqueta y media cara pintada de azul, subía a una roca y pedía silencio -. ¡Hermanos!, ha llegado el momento. La batalla para la que habéis nacido va a tener lugar. Muchos de vosotros moriréis aquí, otros quedarán lisiados y heridos de gravedad, y los que sobreviváis tendréis pesadillas el resto de vuestra vida. Pero algún día, para los hijos de nuestros hijos seremos leyendas y nos recordarán con honor, con respeto, ¡con orgullo!, y lo harán sentados en sus libres pupitres de sus libres escuelas en su mundo libre. Para que eso ocurra debemos vencer hoy, debemos clavarles en el culo nuestra bandera, y no tengo ninguna duda de que lo haremos, ¿sabéis por qué? ¡¡¡Porque somos chupitos, y no hay nada mas poderoso en el universo que un chupito de Tequila!!!
- ¡¡¡Heeeeeeeeheeeh!!! - gritaba la multitud exaltada.
- Y ahora amigos míos, soñadores, brujos, justos.... ¡¡¡AAAAA JUUUUUGAAAAAAAAAR!!!
Por la pendiente del valle bajó la infantería ligera, separándose en sus distintas legiones para ocupar sus correspondientes posiciones según la estrategia. Del espeso bosque surgían naves cristalinas, comandadas por la inmensa nave de los justos, preparadas para la dura batalla aérea. Un inmenso torrente de agua brotó de la nada, por el que surcaba una temible barca vikinga, rodeada de alfombras voladoras y toda clase de criaturas místicas. Y entre todos ellos, dos androides del tamaño de King Kong que surcaban el aire en paralelo. Nada más pisar terreno lavadoril, una sirena sobrada de decibelios comenzó a sonar con la melodía propia de alerta por ataque nuclear, indicando que las máquinas acababan de entrar en la guerra.
La primera batalla tuvo lugar frente a la tenebrosa muralla que cubría todo el territorio de las lavadoras. Tan alta como una montaña y petada de cañones, constituía el principal escollo para las naves voladoras de los soñadores. Era misión de la infantería acabar con esa muralla y poder desplegar así todo el potencial ofensivo en el interior, pero no lo tendrían fácil, puesto que en el suelo empezaron a aparecer agujeros y surcos del que surgían incontables tomates transgénicos con ganas de marcha. Los colorados bichejos hacían burlas e incitaban a las naves a que se acercasen para que fuesen blanco fácil para los cañones. En su lugar acudió el ejército de choque de la alianza, formado por pequeños grupos de a pié liderados por bellas estatuas de tres metros de forma femenina, balanza en una mano y afilada espada en la otra. Sobre los hombros de las pétreas guerreras se sentaban pequeños hombrecillos de muy distinta forma, algunos con turbantes, otros con chisteras, que les iban indicando el camino y el lugar hacia donde tenían que asestar los golpes las invidentes representantes de la justicia. Poco a poco se fueron abriendo paso, dejando zumo de tomate por todas partes y sembrando el caos entre los esbirros del mal. Llegados a una corta distancia, los atacantes se reunieron en un círculo delimitado por las estatuas, que seguían dando su merecido a los tomates, y en el centro, los brujos. Algunos se sentaron en posición de meditación, pusieron los ojos en blanco y se concentraron. Otros estaban de pié, y con sus báculos desviaban todos los misiles que los cañones enemigos les lanzaban, yendo a parar ahora hacia la propia muralla. Cuando el que parecía el líder de la mágica legión dio la orden, las estatuas se agacharon, hincando la rodilla en el suelo, y los brujos antes sentados se pusieron ahora de pie de un salto, abriendo grotescamente sus bocas, soltando un grito que dolió a los oídos de todo Tequila. Con ese chillido incesable, extraño y antiguo sortilegio, los cañones comenzaron a calentarse, a encenderse, adquiriendo un color rojo brillante, llegando a derretirse. Surcando el aire apareció ahora una bandada de alfombras voladoras que soltó un millar de pociones explosivas sobre la inutilizada muralla.
- ¡¡Retruécanos!! ¡¡Esoz malditosh haber destruido la línea defenzora numero 1!! - Dijo una lavadora con capa y tupé que observaba el sino de la batalla desde el puesto de mando -. Lugarteniente Balay, esh hora de la liberashión de loz Roborez asesinadorez.
- ¡Como ursted mande, lugarteniente Whirlpool! - dijo otra lavadora con muchas medallas que empezó a pulsar botones en la consola que tenía frente a sí. A cientos de metros de allí, Un esqueleto metálico se ponía en pie, encendiendo sus amenazantes ojos rojos. [Cargando codec de Quicktime... listo; desviar potencia desde Shareaza hasta CPU de batalla... listo; ], y en unos segundos el Centrifugator comenzó a desfilar, seguido de su ejército, todos con sus ametralladoras chulas en mano.
11. Niña, hazme paninis - versiculo 1
11. Niña, hazme paninis
En apenas dos días se organizó todo. Dos días de ajetreo constante en Bohemia. Los guerreros de la humanidad habían descansado para lo que sería la última y mas decisiva batalla, a la vez que estudiaban con detenimiento todos los planes urdidos por los generales chupitos. Un ataque total contra la ciudad de las lavadoras, por sorpresa, que no sería mas que un señuelo para conseguir que los tres de Jalisco se infiltraran en la Base a asestar el golpe definitivo. Una jugada de ajedrez en la que se debía dar el Jaque–mate sin que los alfiles enemigos se enteraran de nada. Simple, pero eficaz. No se permitían errores. Todavía faltaban un par de horas para la hora Z y una sombra deambulaba por los jardines exteriores. Un chico veía el precioso amanecer de Tequila, sosteniendo su báculo de oro, aguantando un incesante dolor de estómago. Poco a poco fue notando como la ciudad se despertaba y el sonido de los pájaros era sustituido por el jaleo habitual de los mercados y el estridente sonido de los Vespinos. Le parecía curioso como, cuanto mas temprano era, mas ruidosa era la tarea de sacar un ciclomotor de un garaje. [Frivolidades de la naturaleza] pensó. Fijó su vista en el horizonte y, para su sorpresa, no veía sólo nubes. La ciudad volante de los soñadores estaba ahora a tan sólo unos metros de altura del suelo, y un contingente de naves y soldados ponían rumbo hacia el norte, probablemente a reunirse con el grueso de las Tropas de la alianza de Tequila. Decidió entonces acudir a la gran puerta de acceso de la muralla de la ciudad, donde se reuniría con sus compañeros y se prepararía para el duro día que le esperaba.
- ¿Cabremos todos en la cabina? - preguntaba Sushi Dorayaki a su amigo Nai.
- Pues claro que sí, además, con todas las nuevas funciones que tiene ahora mega me hacen falta al menos otros dos pilotos para controlarlo.
- Pues a mí deja que maneje los brazos, no me vayas a dar algo que no sirva para nada, como las orejas o los dedos de los pies.
- ¡Te tocará lo que te tenga que tocar y punto!. Mira, por ahí viene el tío este, ya te he dicho yo que no iba a suicidarse, solo a dar un paseo.
El “tío” cogió el ascensor que subía desde el tobillo del Robor destrustor, hizo una parada en la planta de bolsos y complementos y finalmente llegó a la cabina junto a sus compis.
- ¿Salimos ya? - dijo el impaciente recién llegado.
- Creo que sí, veo que las tropas Bohemianas están casi todas fuera, e Izaskun me ha dicho que en cuanto la veamos subir a su DragonZord le demos al contacto y arranquemos al bicho - El habitualmente inquieto fontanero estaba mas nervioso que de costumbre, no en vano podía presumir de ser el privilegiado propietario de un cacharro que podría hacer llorar al mismísimo Mazinger Z. [con esto arreglaba yo mi barrio de verdad] pensaba.
- Izaskun... - como si les hubiera escuchado, en ese momento la muchacha apareció en la cabina de su máquina de guerra y les hacía un gesto con la mano -. Espera un momento Nai, no lo arranques todavía.
- ¿Por?
- Es difícil de explicar - el humano se puso de pié, frente al cristal de la cabina, e hizo gestos a la bruja, pidiéndole que viniera, que necesitaban su ayuda, que el motor de arranque fallaba y ella probablemente podría arreglarlo. En ese momento agradeció el curso de mimo que hizo un par de años atrás.
- ¿Que coño pasa ahora? - dijo, irrumpiendo con prisa en la cabina, la impaciente orácula -. Tenemos que salir con urgencia, así que cualquier tontería puede esperar, ¿no creeis?
- Lo siento Izaskun, pero esto no puede esperar - y el muchacho la cogió del brazo, la acercó y la besó con mas pasión que los mismísimos Gavilanes. Tan Dao y Nai levantaron sendas tablillas de puntuación con un 10 y un 9´5 respectivamente, y aplaudieron y gruñeron llenos de alegría los 78 segundos que duró el morreo. Cuando se separaron, la chica no dijo nada, sólo mostró una sonrisa dulce, y se fue.
- ¡¡En marcha!! - dijeron los tres, al tiempo que Nai giraba la llave, y Ataru Li guiñaba y daba codazos al chaval de la sonrisa de idiota.
