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13. Don´t resist us! - conclusion

13. Don´t resist us! - versiculo 4

La critatura por fín dobló la esquina e hizo su entrada triunfal en escena, su rostro era la viva imagen del mal, cubierto en su totalidad por un maquillaje blanco, una sombra de ojos horrible, una Rudolfística nariz roja, y por último un gran cerco de sangre que ocultaba unos labios pintados de rojo pasión dibujando una siniestra sonrisa en su cerrada boca. El rojo pálido era el color del pelo, parecía tan artificial como el de una muñeca, además era afro, vestía un mono amarillo de plástico, las mangas de este eran de franjas verticales rojas y blancas, finalmente los zapatones eran del mismo rojo que las mangas. Su mano derecha esta cubierta de sangre hasta bien entrado el antebrazo, era la izquierda la que arrastraba un inmóvil payaso que dejaba una estela de sangre por el suelo.
- ¡PENNYWISEEEEEE! - gritó desesperado Micolor.
- No te preocupes, murió como lo que era, ¡un guerrero! - respondió con total tranquilidad el payaso-granjero-conductor de tractores - ¿Sabes? En algunas religiones consideran que el corazón alberga el alma - y con una maliciosa sonrisa le mostró tal dedo.
- ¡ROOOOLAAAND! ¡HIJO DE PUTA! ¡Era tu hermano y mi mejor amigo!
- Sí, al menos así fue hasta que dejaste la escuela en “Elm Street” para irte con mamá a vivir al castillo.
- Fui a ese castillo para protegeros, sabes lo que hubiera hecho el Clan de Aragón con vosotros - las primeras lágrimas surcaban tímidamente sus ojos.
- Eso es secundario, no habrían permitido que nos pasara nada, simplemente te creíste tus propias mentiras, te olvidaste de nosotros y te convertiste en el icono de un pseudo-detergente.
Sin ni siquiera vacilarlo Roland lanzó el cuerpo sin corazón de su hermano contra la pared, y adoptó una posición de ataque.
- Tú tío mierda, aquel día te serví una coca cola que sabía a coca cola, aprovecha el filón y corre con los mariposas de tus amigos a ver a Pikolo, y dale este mensaje: “Me cago´n la puta que parió mare”.
Con ciertas reservas el tonto que en el pasado se divirtió masturbando un vaso de papel con un canuto de plástico miró a los suyos y dejo atrás a Micolor y a Roland para que libraran su batalla final pues ellos tenían aún que salvar estos mundos de locos lleno de secretos.
Un aluvión golpes y magia seguida de frases antológicas se podría desatar cuando cualquiera de los 2 hiciera el primer movimiento. Micolor decidió tomar la iniciativa, elevó sus brazos y orientó sus palmas contra el techo, un Tsunami con detergente invadió el pasillo golpeando y derribando a su adversario por la espalda. Más limpio aunque no tan seco, Roland no hizo esperar su réplica, una montaña de cajas de Big Mac lo atrapó.
- ¿No pensabas que la hamburguesa y la caja deberían tener el mismo sabor? Rió húmedamente Roland mientras se volvía a poner en pie -. Con Roland Mc Donald, tooodo es magia... - este conjuro hizo que de las cajas salieran ratas de la Índia y comenzaran a tratar de roer a Micolor, pero él se deshizo de estas desagradables criaturas apretando la flor que llevaba en el cuello de su chaqueta. El líquido que esputó la flor hizo que las ratas salieran ahuyentadas y se perdieran en ninguna parte, permitiéndole recuperar la verticalidad.
- ¿Crees que está bien lo que estamos haciendo?, Fuimos amigos, casi hermanos, ¿Que pensaría Goki si nos viera así? - Apeló el payaso al pasado común.
- ¿Goki? La última vez que la vi casi no podía hablar, balbuceaba palabras, era una sombra de si misma desde el accidente de helicóptero.
A esta respuesta Roland añadió unos cheeseburguers lanzados a modo de shuriken que surcaron el aire hacia Micolor. Este, poniendo en práctica lo aprendido en el Circo, esquivó los cheeseburgers con graciosas piruetas mientras giraba sobre sí mismo y lanzaba sobre su adversario litros y litros de detergente, que logró alcanzarlo en los ojos y paralizarlo tiempo suficiente para que Micolor se acercara a Roland.
- ¡Kaliiiimaaaaaa! - grito Mic a la vez que lanzaba su mano derecha contra el pecho de Roland y le extrajo el corazón para devorarlo -. Ahora el alma de los tres viven en el mismo cuerpo, padre Aragón perdónanos, recuerda todo lo que hicimos por la familia.
Mientras tanto los muchachos seguían corriendo por el pasillo, aproximándose zancada a zancada a su destino.
- ¡Joderrr! ¿Que ha sido todo eso?- preguntó el chinaka.
- ¡Viene dónde dejamos a Micolor! - Le respondió Nai notablemente apenado por tener que dejar alguien atrás.
- ¡Él es dueño de su propio destino, no os preocupéis! - añadió el elegido -. Mirad, la puerta de mi padre está delante.
Por las mejillas de Micolor las lágrimas se precipitaban al vacío y salió corriendo detrás de los muchachos.

13. Don´t resist us! - versiculo 3

Una vez se abrió la puerta, la ocupante del Sputnik derribó al protagonista con sus seis kilos de peso al lanzarse contra su pecho. Laika aparentaba tener los tres años con los que fue lanzada al espacio en 1957. Estuvo más de un minuto lamiéndole la cara hasta dejársela bastante asquerosa, luego lo dejó para dirigirse a la puerta contigua y comenzar a ladrar.
- Entiendo mamá.
Y de nuevo el prota repitió el proceso de echar la puerta abajo como si fuera Steven Seagal. Esta vez nadie salió a recibirles, así que tomando el pipe a modo de rifle de asalto entró en la habitación cuidando que nada le sorprendiera. Cuando el perímetro estuvo seguro invitó a entrar a sus compañeros para que vieran lo que había descubierto. Un metálico ataúd con 2 agujeros a la altura de los ojos y otro a la altura de la nariz atrapaba a alguien que parecía importarle a Laika. Mizoguchi con un estilizado golpe en el canto de la tapa de ataúd logró desencajarla para que Nai la retirase. Para sorpresa de todos allí dentro estaba el payaso de Micolor, tan descolorido como si hubiera sido torturado a base de lavados en una lavadora y con el poco maquillaje que le quedaba dibujándole pena en su rostro.
- Gracias por ayudarme, Forjador nos encerró a Laika y a mí cuando entraron en combate las facciones - dijo el payaso.
- Me suenas de algo - intervino con voz amenazante TDV - ¿Quien eres tú?
- Yo... yo soy el payaso de Micolor, el jefe de marketing me mandó aquí tras una campaña de publicidad con nefastos resultados, por... por eso he dejado de salir en la televisión. Aquí me encargué de cuidar de Laika y es lo único que he echo desde que estoy en esta base militar llena de robores.
- Es robots - acuñó el protagonista.
- Da igual, ¿sabes dónde se encuentra Pikolo? - actuó rápidamente Nai -, necesitamos que nos lleves.
- Tal vez si pudierais decirme en que planta estamos - replicó el payaso.
- En la -667 - informó el único que “ha pillao cacho”.
- ¡Es fácil! ¡Sólo tenemos que subir un piso! - dijo el payaso y se agachó para acariciar a Laika y hablarle cariñosamente -. ¿Dónde está el papi? Laika ¿Dónde está eh? ¡Busca, busca! - le dió una palmadita en el trasero al perro y este salió disparado, y antes de que el veloz cánido se perdiera de vista los muchachos y el payaso la siguieron lo más rápido que pudieron a través del pasillo.
Detrás de cada puerta se oían frases obscenas de anuncios de televisión, ninguno pudo haber imaginado que había tanta basura en la caja tonta. En la planta superior, el sonido de unos zapatones retumbaban en las paredes del amplio pasillo central, y acompañándolo, el incesante sonido de arrastrar algo pesado por el suelo. se dirigían hacia un ascensor. La perra que los rusos “rescataron” de las calles de Moscú corría endemoniadamente por el pasillo en que tenían encerrados a los maníacos televisivos, hasta que la puerta que marcaba el final de este le bloqueó el paso. Los muchachos y el payaso fueron llegando uno a uno a los pocos segundos, el pasillo les impedía correr en paralelo. La patada de rigor marcó el fin de bloqueo para Laika que no para Cuba, la marcha se reinició unos diez metros más, atravesando perpendicularmente un pasillo mucho más propio de una base militar que el que acababan de abandonar. Llegaron al comienzo de una escalera idéntica a la que utilizaron para bajar al metro y sin dudarlo un instante comenzaron a subir.
Por fin estaban en la planta “-666”, salieron del rellano apartado donde estaba la escalera a un pasillo similar al que atravesaron en la planta inferior, pero esta vez lo recorrieron. El recorrido del pasillo les hizo girar a la derecha, a mitad de camino en el nuevo tramo en línea recta se encontraba la zona de los ascensores, por donde deberían haber subido, pero un perro por mucho que haya viajado al espacio con sólo tres años de edad no los sabe usar. Tras haber superado esta zona, Laika se detuvo y empezó a ladrar, todos la imitaron, uno más acertados que otros pero en general todos ladraron bien. El tañir de los zapatones atrajo la atención de todos congelando su respiración. Pronto se percataron del escalofriante sonido que producía la tela al rozar con el suelo. A pesar de los ladridos de Laika el ritmo de los pasos de sea lo que fuere lo que se acercaba continuó impasivo, monorrítmico, pausado, acrecentando la tensión del momento exponencialmente.

13. Don´t resist us! - versiculo 2

Antes de llegar abajo pudieron contemplar una desierta estación de metro llena de periódicos y otros residuos en el suelo. Un viejo mapa de la red ferroviaria les indicó que esa vía les llevaría directamente a la ubicación de Pikolo el lavadora, como era de esperar en una historia lineal, a pesar de esto esta no es nada previsible, prueba de ello ha sido la intervención del bibliotecario anfibio volador. Pero esta vez no iba a haber una resolución tan brillante, simplemente se dedicaron a esperar el tren que pasaba cada diez minutos, pues no tenían ni putas ganas de ir andando por las vías si podían ir cómodamente sentados. Por suerte para ellos no tuvieron que esperar al tren ni tres minutos, demostrando así la eficiencia de las Máquinas. Subieron al tren cuidando deshacerse de cualquier posible pasajero, pero el tren estaba vacío. Sin vacilar se sentaron en los asientos más cercanos de la puerta, ¿para que gastar ATP yendo más lejos?. Las puertas se cerraron y el tren se puso en movimiento. Primeramente el monorraíl avanzaba en línea recta incrementando su velocidad, cuando esta rondó los setecientos kilómetros hora paró de crecer. Por aquel entonces se acercaba al final de su tramo en línea recta, para comenzar a bajar. Una tenue luz marcaba el final, pero a los ocupantes ni siquiera les intrigó esa luz, cosa que cambiaria cuando el tren viró violentamente a la derecha. Ahora el rail iba sujeto a la pared metálica que delimitaba un cráter de al menos de un kilómetro de radio del cual no se veía el fondo. Cada vez que daban una vuelta completa un contador que indicaba en que planta se encontraban decrecía una unidad.
Había pasado un buen rato y los chavales estaban cansados de jugar al Tetris en sus móviles cuando Nai expuso la teoría que llevaba dándole vueltas desde hacía unos treinta minutos.
- Debemos estar bajando al núcleo, cosa que no me había imaginado cuando el camino entre el punto “Esta usted aquí” y el de “Pikolo el maligno” era una línea recta, pero a parte de eso, siendo esta una historia lleno de estereotipos y plagios no se me ocurre otra idea que la planta del maligno debe ser la “-666” - los otros asintieron interesados -, con lo que tenemos que darle al pulsador cuando pasemos la “-665”, que pienso será en breve - tras ojear despreocupadamente el contador se sobresaltó y pulsó el botón - ¡¡Jooooderr!!! que nos hemos pasado que estamos en “-667” ¿Que cojo... digo que hacemos?
- Podemos bajarnos aquí y buscarnos la vida para subir, sólo es una planta, no seas vago - Aconsejó tal y como lo habría hecho su padre TDV.
- ¡Yokai! - gritaron los otros al unísono.
Llegado a la planta “-667” el monorraíl se introdujo en el hueco en la pared para llegar a la estación de ese nivel y detenerse allí. Los tres de Tequila se pudieron bajar sin ningún problema, pero antes de que pudieran refugiarse en ningún sitio el monorraíl comenzó a explotar sin sentido ni razón aparente al más puro estilo Jesucristo SuperStar. La onda los tiró de bruces al suelo justo a la entrada de un pasillo con puertas a ambos lados, algunos cascotes impactaron contra el trío que trataba de salvar el mundo, pero una vez más salieron ilesos gracias a la barrera que formaron los tres bastones. Se pusieron de pie, cruzaron las miradas y sin decirse nada se aventuraron a entrar en el pasillo pegando la oreja a cada puerta para ver que oían.
En la puerta número uno se oía a un anciano y lo que supusieron su hijo:
- Ese avión tarda horas en dar la vuelta al mundo - se oyó decir al anciano.
- ¡Que rápido! - contestó el nieto.
- Tu si que eres rápido - dijo con un tono un tanto extraño el anciano.
En la puerta número dos pudieron oír a un hombre de mediana edad:
- Destápala, chupa la crema, ¿Te gusta? ¡No se lo digas a mamá, este será nuestro pequeño secreto!
Tras la puerta número tres pudieron oír unos ladridos.
- ¡Maaaadreeee! - gritó el protagonista que golpeó la puerta con el bastón unido al pipe hasta que se abrió.

13. Don´t resist us! - versiculo 1

13. Don´t resist us!

Atravesaron el umbral de la puerta sin ninguna dificultad, pero tras el primer pasillo les esperaban hordas de macarras idénticos a los de los videojuegos de las máquinas recreativas. Había de todos los estándares: punkys con bates de béisbol, chicanos maestros en armas blancas, chinos gordos, malotes con chupa de cuero y cinta en la frente, putas con exagerada habilidad para saltar y una velocidad increíble, yonkis que echan fuego, boss de final de Stage, incluso algún que otro velociraptor. La base de las lavadoras era como las calles de la metropoli de Final Fight o Double Dragon.
Mientras los integrantes del triángulo de tequila intentaban contar cuantos enemigos había en ese mar, sin previo aviso, empezaron a caerles unos barriles del techo. Eran de metal, tenían un tono cobrizo y parecían oxidados.
Casí sin despeinarse dieron cuenta de ellos, Nai con su báculo, L'Innominati usando la patada en el yin-yan que le había enseñado TDV Senior, y TDV con el canto de su palma derecha a la vez que gritaba ¡Jiá!. Para sorpresa para ellos acabar con estos barriles les había sido beneficioso, pues podrían reponer sus agotadas energías con los pollos que yacían en el suelo. Junto a estos también había monedas, y el arma definitiva de todo arcade, el “Pipe”.
- Fuck yeah! - dijo Nai -. Podemos recuperarnos y utilizar estas pipes para partirles la cara a esos grunchacos -
una vez dicho esto en la pared que quedaba a su izquierda una flecha que contenía “Go!” empezó a parpadear.
No se lo pensaron, tomaron instantáneamente esos pollos, se armaron con las pipes y echaron a correr hacía la muchedumbre. Los primeros matones en besar el suelo, y no como el papa precisamente, fueron unos punkys escuálidos con cara de psicópata. En su avance, los Jalisco fueron acabando con todo bicho que trataba de hacerles daño, pero esto no era suficiente para poder pasar. Una vez se encontraron en medio de estos tipos malos de serie B, los tres pegaron espalda contra espalda y casi sin moverse de su sitio, empezaron a repartir palos a mansalva. El usar las pipes como prolongador de sus báculos les había agilizado el trabajo, y casi tras una hora de palos a diestro y siniestro casi no quedaba nadie a quien darle “Palpelo”, pero a pesar de esto esas ratas no cejaban en su empeño y no les dejaban avanzar. El último de los esbirros del Lavadora era un hombre mayor, que estaba en una silla de ruedas.
- ¡Overshock, ¿que haces tu aquí?! - dijo L'Innominati -¡Tu estabas muerto!
- Eso nunca, ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJ! - respondió Overshock.
- Este hombre era un puto paralítico que se ponía donde nosotros jugábamos al fútbol, sólo para jodernos y que no pudiéramos jugar - se tomó libertad de responder El señor sopa de restos del día anterior.
- Yo no lo hubiera dicho mejor amarillito - era el turno de Over -, atraía vuestro balón con mi silla de ruedas para que la golpease, o golpease a mi mujer, para tener un pretexto para echaros de allí y que mi nieto pudiera jugar, pero ¿nunca os cansasteis verdad malnacidos?, ¡Todos los días volvíais una y otra vez a jugar!
- ¡Serás hijo de puta! - intervino cabreadísimo el que no tenía nombre - Me alegré que te murieras, pero tu mujer se alegró aún más, ¿la has visto ahora? ¡Ha rejuvenecido veinte años!
La cara de Overshock se solidificó, y de su garganta empezaron a oirse unos ruidos bastante repugnates. Tras unos diez o quince segundos de máxima tensión, Over, se recostó contra el respaldo de la silla de ruedas, agarró fuertemente los apoyamanos y se impulsó con todas sus fuerzas hacia adelante, cuando llegó al límite un lago de mocos nació de su boca en dirección al triángulo que formaban los héroes y los cubrió de pies a cabeza sin que estos pudieran hacer nada.
Los tres de Jalisco se estaban muriendo de asco, era atroz, estaban empapados de mocos, tenían arcadas, y comenzaban a asfixiarse, pues no podían ni siquiera respirar.
El ser confinado a rodar empezo a relamirse con una lengua viperina que le llegaba hasta el hombro y a acercarse con la seguridad que lo hace una araña a una presa de su tela, cuando el Nomo que visita todos los teclados del mundo apareció rociando con su mercancía el blandiblús que eran los tres humanos. La masa comenzó a cristalizar hasta que pequeñas explosiones cristalinas marcaron el comienzo del fin del encarcelamiento mucal. Las explosiones se hicieron más continuas y más fuertes, cual paquete de maiz en un microondas, hasta que finalmente los muchachos se libraron de la masa que los retenía. Aún quedaban objetivos sin cumplir en la misión del Nomo, y tras rociar con pelos al blandiblús, encaró a Overshock antes que este pudiera reaccionar y sumergió su nomíl mano llena de pelos púbicos en la boca del malvado paralítico.
El nomo desapareció tal y como había aparecido, y como aparece mientras no hay nadie en las habitaciones y rocía los teclados con pelos para obligar a los usuarios de estos a buscar una explicación lógica.
La cabeza de Overshock no tardó en cristalizarse y deshacerse en infinidad de milimétricos cristales para alivio de nuestros vomitantes héroes, esta vez no hubo una clásica advertencia malvada de volver, sólo mocos expulsados a toda presión por donde antes había cabeza. El cuerpo se arrodilló y finalmente quedó con el pecho contra el suelo. Una vez los ineptos echaron hasta el primer biberón, pudieron recomponerse y retomar la senda hacía el maligno. El trozo de lo que parecía ser una calle desembocó en una boca de metro, “Subway” ponía en un cartel encima de esta. Sin ninguna otra cosa por hacer, no tuvieron más remedio que adentrarse.