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8. El capítulo final - conclusion

8. El capítulo final - versiculo 4

Dentro de la caja del frigorífico empezó la lucha de un hombre por salir de ella, movimientos bruscos, pataleos, golpes y puñetazos parecían indicar que una tela de araña retenía al hombre que estaba en su interior, pero no era así, bajo la mirada atónita de Tan Dao, el ser que habitaba en la caja de cartón se había metido y no podía salir.
- ¿Te ayudo? - ofertó amablemente el orientaloide.
- No, de esto puedo encargarme yo mismo... ¡juuuuiiaa! - y el cartón que antes era caja explotó quedando desparramado en el suelo liberando al preso. Para alegría del próximo reinller rojo, era Gandalf.
- Ancestrales y milenarios saludos Shin-chan - dijo Gandalf -. Necesito que hagas algo por mi - El viejo vagabundo llevó sus rodillas sobre el pecho y con un grácil movimiento de impulso, se levantó sin poner las manos en el suelo -. Acompáñame.
El viejo se dirigió hacia una puerta que se encontraba a su derecha, y el informático, decidió que haría por Gandalf lo que hiciera falta si con ello ganaba kudos con su “ama” o incluso si ayudaba a salvar al mundo, así que no dudó en seguir al carcamal. Los también milenarios pasillos de cristal de la versión de Tequila del Partenón no produjeron ningún interés en Shinji Ikary pues estaba acostumbrado a lo más milenarios todavía pasillos de los castillos de los Vien de su tierra natal que no despedían ese tufillo a capitalista como estos. A pesar de todo el capitalismo había echo cosas buenas por él, había puesto el cuero y el dolor en su vida, tampoco podía olvidar a la moza que acaba de conocer y no era capaz de sacársela de la cabeza. [¿Cual será su nombre?¿Afrodita, Layla, Angie, Motoko, Ritsuko, Amelie? ¡Cuero, cuero, cuero! ¡Dolor, dolor, dolor!], pensó Ikary.
Cada vez que pensaba en la mujer con la piel de melocotón, Ikary desconectaba de la realidad para nadar entre sus propios pensamientos ignorando lo que lo rodeaba, y de esa forma llegó a un enorme salón central donde algo que parecía un carro los esperaba. Efectivamente era un carro, pero no un carro tirado por bestias, sino el típico carro-taxis que se ve en las metrópolis chinas que funcionan con tracción humana. Al ver esto, Ikary volvió de golpe a la realidad.
- No esperarás que te lleve ¿no?, eres un respetable anciano, pero jamás un Vien ha conducido uno de estos por ser de alta estirpe y superior a los demás - aclaró Ikary.
- No te preocupes por eso Daniel-san, el dar cera-pulir cera quedó largo tiempo atrás - respondió Gandalf con una tranquilidad y una paz interior que calmaría a cualquiera.
- ¿Como? - dijo con total incredulidad Ikary.
- Ponte este sombrero - dijo Gandalf mientras le mostraba el típico gorro de los carro-taxistas chinos -, y ahora coge el toro por los cuernos.
El rostro de Cobaya-san se frunció y aceptó de mala gana las órdenes del vagabundo capitalista que seguro buscaba oprimirle por ser chino. Se puso el gorro, que no era de pensar, y agarró los dos palos de madera que servían para tirar del carro-taxi y los elevó a la altura de la cintura como millones de chinos habían hecho antes que él para llevar a cerdos occidentales a sus respectivos destinos, y a que no imagináis qué brotó del carro con suficiente intensidad como para cegar, efectivamente, luz, es algo que ha redundado bastante, pero es un clásico en las transfiguraciones demasiado arraigado en mi mente nacida en los ochenta. Seguramente esperabais que ya que Nai tiene un robot, pues a Cobaya-san le fuera a tocar lo mismo, pero no, cada uno tiene un rol en esta no me atrevería a llamarlo historia, así que el carro-taxi se convirtió en un taller en forma de de “U” dotado de materiales y herramientas de última generación con los que poder construir el arma definitiva.
- Daniel-san - comenzó a decir Gandalf -, esta es tu tarea, construir un arma nueva para asestar un duro golpe a las lavadoras, ¡Dar cera-pulir cera!.
- ¡Yokai! (De acuerdo en japonés), manos a la obra - dijo Cobaya-san mientras cerraba el puño y formaba un ángulo recto con brazo derecho.

8. El capítulo final - versiculo 3

El sonido nintendero volvió y una tubería escupió a Nai y al golem delante de una estatua de unos 4 metros de altura que custodiaba un camino. Era una mujer con una venda en los ojos, vestida con una túnica, una balanza en su mano derecha y una espada en su izquierda. En la base de la estatua se podía leer “...Et iusti per omnis”. A Nai esto le pareció que le sonaba de algo pero no era capaz de recordar que era exactamente, así que optó por ignorarlo momentáneamente y proseguir su viaje hasta el hogar de los justos.
El camino era una arcaica pero funcional carretera de piedras por la que a lo sumo cabrían 2 carriles, pero no había ninguna línea que dejara constancia de la existencia de estos, ni siquiera su sentido de circulación. Nai, que desde que tenía coche, como le pasa a todo ser humano, había perdido la capacidad de andar, le propuso lo siguiente al golem.
- ¡Eh tú, tipo duro! ¿Porque no me llevas a cuestas hasta la ciudad?. Es que no veas si me duele la espalda, es algo insufrible de verdad, tu cuerpo macizo nunca lo sufrirá.
- Claro - accedió el gigante de roca -, Súbete a mi mano - y apoyó los nudillos de ambas manos en el suelo.
Una vez que Nai hubo subido a las manazas de la roca parlante, esta sonrió maliciosamente y lo atrapó con ambas manos, hizo el gesto de un pitcher para lanzar una bola de béisbol quedando Nai en su mano izquierda, y luego lo lanzó todo lo fuerte que pudo. Ahora Nai, con o sin dolor de espalda viajaba dando vueltas a toda velocidad por encima del camino que no eran baldosas amarillas. La fuerza del gigante debía ser el equivalente en Newtons de un transatlántico pues llevaba un buen rato volando y no había aminorado su velocidad ni un ápice, además seguía dando vueltas con lo que Nai tenía un mareo más grande que el que tenía el día del botellón por la muerte de Rocío Jurado. Pero eso iba a acabar pronto y no porque ya habían hecho suficiente sitio en el cielo para “La más grande” sino porque había pasado por un cartel en que estaba dibujado un muñecote dando volteretas y a su lado se podía leer “50”. El impulso del gigante comenzó a venirse abajo literalmente pues cada vez iba más despacio y bajaba, por suerte para él se dirigía a una piscina que le salvaría de un buen golpetazo. Ya no daba vueltas sobre sí mismo aunque la energía cinética no paraba de darle meneos a la endolinfa de sus oídos, para su cerebro una nueva cuarta dimensión no parecía estar tan lejos.
Splash, la cabeza de Nai entró oblicuamente en la gelatina verde de la piscina y esta lo detuvo, un fallo en los cálculos del piedrotudo y nuestro héroe habría adornado con su vísceras la entrada a “Iusti”, la ciudad de los Justos. En lugar de eso, una vez que se hubo recuperado, se dedicó a saborear la exquisita gelatina verde hasta que unos caballeros de ropas rojas y cuero marrón, y cascos metálicos con escobas lo sacaron de la piscina, le pegaron un manguerazo de agua fría y le dieron una toalla para que se secase mientras iba en un carro hacia su entrevista con Su Señoría.
El HP de Nai estaba al noventa y nueve por ciento, y la confusión se le había pasado, por lo que al secarse pudo apreciar la belleza de las casas de piedra que estaban a los pies del camino por donde lo llevaban. El tejado formaba un triángulo con el techo, y había una columna a cada lado de la entrada que sostenían un arco de medio punto. Ahora se levantaba ante él algo que le había estado llamando la atención desde que empezó a observar la ciudad y era un colosal edificio circular similar a un campo de fútbol y antes de darse cuenta, estaba entrando en él. El carro se detuvo delante de lo que parecía un palco con cinco personas: una atractiva mujer de pelo rojo que le llegaba a la altura de los hombros, vestida de seda blanca ligeramente translúcida con tiras de oro delimitando el final de las mangas, y a cada lado una pareja de heavys melenudos con camisetas y pantalones pegados negros.
- Dinos tu nombre humano - dijo severamente la mujer de cabello rojo.
- Mi nombre es Knight, hijo de Michael, y como bien pareces saber vengo de el mundo al que llamáis la tierra - respondió con todo respeto Nai.
- ¿Cual es la misión que te ha traído por estos lares? -interrogó la mujer.
- Salvar al mundo, Su Señoría, ha llegado el momento de poner de acuerdo a las tres facciones para frenar a las Máquinas, pues el destino de mi mundo está íntimamente unido al de este planeta. Y si las facciones no quieren hacerlo por los hermanos humanos deberán hacerlo por ellas mismas y su futuro. El triángulo de Jalisco está completo, el Elegido es nuestro comandante, Gandalf el Blanco e Izaskun la bruja están de nuestra parte. Fueron ellos lo que empezaron la rebelión en la tierra y nos guiaron en nuestra misión. Ahora estamos aquí para asestar el golpe final a las Máquinas que tratan de acabar con el equilibrio mundial. Señoría, usted sólo...
- Es suficiente, no es fruto de la casualidad que tu estés aquí ¿sabes? - interrumpió Su Señoría a Nai. Tras parar un segundo para ver la cara de incredulidad del miserable humano, continuó -. A ver, vamos, déjame ver tu bastón, que no te avergüence el corazón que lo corona.
Nai saco su bastón y se lo mostró.
- Lánzamelo hijo de Michael, ¿Acaso crees que me lo pienso quedar? - exigió la mandamás de Iusti.
El muchacho, con el típico recelo de estas situaciones tan estandarizadas en Animes o en Mangas, se lo lanzó.
- Es precioso, lo diseñé yo, y si tu estas aquí con él, es muestra inequívoca que dices verdad. Es posible que lo hayas usado, pero está claro que aun no sabes lo que puede hacer - trató de sorprender Su Señoría al estereotipado miembro de Jalisco. Le lanzó de vuelta el bastón y siguió hablando -. Si de verdad quieres ser realmente útil, haz venir a tu amigo abandonado Mega Drive y cambia el bastón por la palanca de cambios, descubrirás su verdadero poder.
- ¡Vaya! Esto si que es una situación predecible, descubrir el verdadero poder del bastón, y para ello necesito mi vehículo parlante que es capaz de viajar entre dimensiones. ¡De acuerdo! - respondió alegremente Nai. Se llevó la muñeca derecha cerca de la boca, pues era ahí donde tenía el reloj, a pesar de que alguna norma estúpida hacía llevar el reloj en la izquierda a los hombres y susurró. -Mega estoy en la ciudad de los justos, en una plaza de toros muy grande, necesito que vengas.
- Tu ser burro muy grande, yeah - dijo el heavy rubio que estaba a la derecha de Su Señoría con acento norteamericano -. Esto no ser plaza de toros, yeah, ser Antro, yeah, y sirve para nosotros dar conciertos, yeah, C'mon Iusti are you ready to rock?!!!
De repente el cosso del Antro empezó a temblar y poco después se abrió de par en par para que emergiera un escenario con instrumentos, una batería , altavoces gigantes por todos y una orquesta director incluido, taraam. Los melenudos heavys saltaron hacia el escenario desafiando todas las leyes de la gravedad terrestre, cada uno se puso en su puesto desperdigados en el escenario e hicieron un concierto de dos horas en el que Nai no dejó de hacer cuernos, cantar y chocarse contra los chupitos de Iusti que había ido a ver el espectáculo. Sólo hubo un valiente que se subió al escenario para saltar al público, pero nadie trató de interceptar la caída con la palmas de sus manos y se fue irremediablemente al suelo.
Justo después del bis final, el cantante, que era el mismo rubio ignorante que llamó Antro al coliseo, comenzó a decir unas palabras.
- Thank you for coming down you man, you make me feel good here, San Francisco sympathy, it's here baby yeah! Maestro Michael Kamen at the helm yeah!
En ese momento y mientras el guitarra solista hacía aullar agudamente a su guitarra como en una película ochentera de acción un coche salta, Mega Drive irrumpió en la escena por encima del Antro para caer en el cosso como si nada a pesar de que las gradas del Antro tenían 57 metros de alto, por no decir que el radio menor del Antro era de 156 metros y el mayor de 188 metros, así que fíjate lo exagerado de la escena, y va el puto coche y al aterrizar sólo se desliza unos metros por el cosso, ¿¡A donde coño va a llegar esta historia, a que ahora el coche se transforme en un robot cuando le cambie la palanca de cambios!?
- Hola Nai - dijo Mega Drive con una robotica pero humana voz.
- ¡Hola Mega, cuanto tiempo si verte! - le respondió el humano.
- ¡Maldito hijo de puta, si no me has llamado, te dije que en sólo CUATRO DÍAS estaba listo pero me “han dao por culo” durante todo este tiempo! ¡Y AHORA QUE COÑO HACES!, ¡ME ESTÁS QUITANDO LA PALANCA DE CAMBIOS! ¡HIJO DE PEEERRAAAAA! - le comentó amablemente Mega Drive.
Nai ignoró completamente las palabras de su amigo cuatroruedupedo mientras sustituía la palanca por su bastón mágico. Una vez hubo encajado, una luz cegadora, por enésima vez, enésima de 'n', no de nueve, oculta los cambios que empiezan a acontecer en el coche. De esa luz emana el sonido que hacía un Transformer al cambiar de estado, algo así como, Tutututu-tata, el fin del sonido marcó el fin de la transformación, y la luz desapareció dejando algunos puntos brillantes en el nuevo Mega.

8. El capítulo final - versiculo 2

Las nubes y los relámpagos estándar lo habían estado guiando desde que se adentró en la ciudad, y ahora estaba tan cerca que casi los podía tocar. Cada calle que atravesaba le acercaba más y el refulgir de los relámpagos se había intensificado tanto que casi parecían ser flashes cámara de fotográfica. En una de las instantáneas, dos formas humanoides dejaron su impronta en la retina de nuestro Jesucristo particular. Cual Solid Snake se introducía en un base enemiga para luchar contra un robot-nuclear-gigante, Forrest Gump dejó de correr y se acercó silenciosamente con ánimos expiatorios. Tras pisar un gato y derribar una papelera, consiguió mimetizarse con el entorno y llegar sin ser visto a unos cubos de basura, donde se quedó acuclillado. Podía asomarse sin ser visto y divisar toda la escena con los 2 peculiares personajes. Se encontraban en la otra acera justo enfrente del cubo de basura, uno de ellos era un anciano con aspecto inglés, pelo corto y cano, y fumaba en pipa; el otro era un hombre de unos cuarenta y pocos años con los pelos largos, oscuros y alborotados, una densa barba que poblaba casi toda su cara, y unas arcaicas gafas de montura metálica que cubrían casi todo lo que no lo hacía la barba. Vestía chaqueta negra, camiseta, negra por supuesto, donde se podía leer “Yo dirijo películas” en letras blancas y pantalón largo negro. Tenía el clásico perfil de fan de Star Wars, seguramente en alguna ocasión se habría disfrazado de Darth Maul. La constitución del anciano era normal en un hombre de su edad, algo totalmente opuesto a la del otro hombre, llamémosle XXL, podría pesar unos 120 kilos y no superaba el metro setenta.
- ¿¡Como coño se te ha podido ocurrir poner a SombraGris blanco!? - le gritó el anciano al señor XXL.
- Emm es que.. yo...esto... - comenzó a responder nerviosamente XXL Man - es que Gandalf, se peleó con el Balrog... emm, murió..emmm.. y resucitó como blanco... no podía dejar ningún resto de su anterior vida como grís.
*[¡Hey, esto me suena de algo!] pensó uno de los autores al escribirlo.
*[¡Claro gilipollas es como lo que le pasó a nuestro Gandalf!] pensó el otro autor al leer el pensamiento del primero.
En el rostro del anciano se podía leer ¿¡MA COMO!? ¿¡questos espaguetti no tienen pomodoro!?
- ¿¡Y cómo cojones explicas las demás cosas!?, ¿¡Dónde esta Tom Bombadil!?, ¿Y la mierda de “Del hechizo te libero”?, ¡NI SIQUIERA PUDE VER LA TERCERA PELICULA!, ¡De esta te vas a acordar! - gritó histéricamente el anciano mientras palpitaba su vena en la frente. Acto seguido empezó a recitar un conjuro en élfico, como el más friki de los roleros, y dirigió sus manos al ser que estaba provocando su ira. De las manos brotaron los clásicos rayos que acabaron por impactar en el freak obeso. El freak empezó a adelgazar por arte de magia o la radiación de Chernobil hasta quedarse en 60 kilos. Una vez hubo acabado el tratamiento de “belleza”, el anciano terminó el trabajo agregando:
- Por el mal que me has echo ten condeno a vivir como un famoso de hollywood, ¡olvídate de las camisas horteras, el chándal y comer lo que te da la gana maldito Jackson! JAJAJAJAAAA - rió maliciosamente el anciano. Momento que aprovechó Forrest para salir corriendo, como llevaba haciendo los últimos tres cientos kilómetros.
Por fin llegó al centro y tal como había imaginado allí estaba la fortalesssa, aspectualmente igual que la ilusión óptica creada por su gemelo maligno, pero carente de foso. La boca se abrió formando la sonrisa del smiley :D permitiendo ver el interior de la fortalessa y salir a Izaskun vistiendo un kimono azul oscuro casi negro con motivos florales blanquirosas presentes por debajo de las rodillas, en su hombro izquierdo y en su antebrazo derecho. Estaba tremendamente seria y al cruzar la mirada con el exterminador de criaturas azules le advirtió.
- ¡Detente!
- Soy mayor de 18 - Dijo el jirou con una incredulidad palpable - y tengo el carnet.
- Nadie ve a Su Señoría sin derrotarme primero - amenazó Izaskun.

Gracias a los párpados más cóncavos típicos de la etnia asiática Tan Dao podía conducir perfectamente el HiperCaracol sin necesidad de unas gafas que le protegiesen del viento, incluso podía esquivar los bichos kamikazes. Llevaba no más de cinco minutos sobre la espiral del fantástico caracol cuando el castillo coronado por un turbante se perdió en el horizonte, habían abandonado el reino de Eddie Murphy pero el cielo continuaba siendo azul poblado de nubes blancas hechas de píxeles. Sobrevolaban un mar de color verde que no parecía acabarse nunca cuando el caracol emitió un ruido de alerta mientras miraba al asiático volador preocupadamente.
- No te preocupes bicho, me agarraré fuerte - dijo el Tan Dao.
Haciendo honor a su palabra se abrochó todos los cinturones de seguridad que había estado ignorando hasta ahora, luego se asió fuertemente al cuello de la babosa sin llegar a asfixiarla para que esta ascendiera sin temor hasta su destino.
El reino de los soñadores estaba en las nubes, como reza la expresión popular, era una gigantesca isla en medio de un océano de aire. Bajo lo que parecía ser el nivel del mar, una montaña invertida parecía conformar vestigiales raíces. La superficie de la gigantesca isla estaba cubierta en su totalidad por un bosque de gigantescas coníferas, excepto por el centro exacto de la isla en el cual estaba una réplica de cristal translúcido del Partenón de Atenas. En torno a él se extendía una ciudad de casas de una o dos plantas de cristal opaco, que llenaban de reflejos el cielo, y, finalmente, bordeando la aparentemente frágil ciudad, una pétrea y alta muralla. Una única puerta era el punto flaco de esta clásica defensa, tan alta como la propia muralla que cuando se encontraba cerrada evitaba cualquier intrusión a pie. Cuando se encontraba abierta permitía a los habitantes de “Bohemia”, nombre que aparecía escrito con letras dorabas en el marco superior de la puerta, salir a pasear en busca de sus musas o simplemente para relajarse. Tan Dao voló hasta la entrada y tras aterrizar el caracol el asiático volador se dirigió hacía los dos guardias que custodiaban la puerta y les habló.
- Mi nombre es Tan Dao Vien, soy un humano y vengo aquí para hablar con Su Señoría de algo tan importante como la guerra que ha explotado contra las Máquinas.
Los guardias estaban vestidos de una forma muy extraña, como si fueran de una civilización antigua. Como única arma llevaban unas espadas, esto no evitó que se empezaran a descojonar como jamás lo habían hecho en su vida.
- ¿En serio te llamas Tan Dao Vien? - dijo uno de los guardias
- ¡Jajajajaajaj!, ¡Que me troncho, ¡jajajajajja! - le siguió el otro.
- ¿Pero te han dado bien qué? ¿Por cu..? - Antes de que pudiera acabar la frase TDV apareció tras ellos, rodeó con su brazo izquierdo el cuello del guardia charlatán y le susurró al oído.
- Déjate de estupideces y ábreme la puerta.
Mientras TDV soltaba al infeliz guardia, la puerta comenzó a abrirse. Tras ella esperaba una mujer de pelo largo, amarillo y rizado, que llevaba una túnica blanca lo suficiente ajustada como para marcar ligeramente sus curvas. Sus ojos eran del color del mar sobre el que flotaba la isla y los labios estaban pintados de una tonalidad brillante de morado, que destacaba sobre su piel color melocotón.
- Tadaima (bienvenido en japonés) señor Vien - dijo seriamente y sin rastro alguno de emoción la bella señorita -. Soy la portavoz del Consejo, el señor Murphy nos avisó de que venía hacia aquí, pase por favor, oiremos lo que nos tenga que decir.
- Sí mi ama... perdón, ¡De acuerdo! - respondió Tan Palmao lo más dignamente que pudo por ser un estereotipo de chino-pajo y la siguió mientras esta se alejaba.
Mientras caminaban en paralelo hacia el Partenón, Tan Palmao pudo observar dentro de alguna que otra casa de cristal: el suelo estaba acolchado, y en las paredes de cristal se podían contemplar imágenes de diferentes lugares como playas, desiertos, montañas nevadas, como si los que estuvieran dentro de las casas sintieran que estuvieran en esos sitios.
A pesar de darse cuenta de esto no le preguntó a la portavoz por ese fenómeno, pues le importaba una mierda; él era asocial y le importaba un carajo todo, así que prefirió pensar que lo que había imaginado era cierto, aunque no todo el camino no iban a estar en silencio puesto que la rubia le había llamado la atención.
- Emm esto... señorita portavoz, ¿como se llama usted? - se atrevió por fin el chino a romper el hielo.
- ¿Llamarme?, ¿Has hecho tu algo para merecer saber como me llamo?, ¡Ten cuidado con levantar los ojos del suelo cuando me hablas desgraciado! ¡Te partiré en dos y se lo daré de comer a los perros! - dijo alegremente ricitos dorados.
- ¡Por.. por supuesto! - dijo sonriente y tímidamente Tou Pai Pai con chiribitas en los ojos.
Por fin una hembra lo trataba como él merecía, ¿Había encontrado el amor? No, pero nunca antes le había apetecido tanto una sesión de sado como ahora, [Umm] pensó mientas una cara de salido incontrolable se formó en su rostro. [El delicioso sabor del cuero negro, el dolor de unos buenos latigazos, ¡Pinchos, pinchos!,¡Sí, sí! El señor Vien ha sido malo, pero que muy malo, ama]. Sin darse cuenta habían entrado al Partenón de cristal, el suelo era de mármol, que como era del Partenón debía de ser caro, los muebles y toda la decoración excepto las cortinas eran también de cristal. La portavoz se había marchado ya, pero tampoco de eso se había percatado, y ahora estaba sólo esperando ante una gran puerta de madera, el resto de las puertas eran de cristal opaco.
Las puertas se abrieron dejándole entrar. En la pared que estaba frente al Chino-Sado había una caja de cartón de un frigorífico en el suelo en posición horizontal en la que por la parte de abajo sobresalían unos pies y unas telas de color blanco recién lavado.
- ¿Gandalf? - dijo con ciertas reservas el ser con demasiado glutamato en el cerebro a la caja desde donde se encontraba.

8. El capítulo final - versiculo 1

8. El capítulo final

Aún con el rostro ensombrecido, el solitario héroe apretó los puños y clavó el derecho en el suelo utilizándolo de apoyo para levantarse. Sus glóbulos rojos ahora transportaban odio, respiraba odio y su cerebro se alimentaba con odio, no en vano Odio era su guía espiritual, el zodiaco que trazaría su camino a seguir, aunque también lo era Jalisco. Al mirar al frente buscando la Fortalesssa se dio cuenta que sólo era un espejismo, allí no había nada excepto arena, una luz que obligaba a cerrar al menos un ojo, quedando como el mismísimo marinero Popeye, y sombras que podrían ser una ciudad a lo lejos.
Al iracundo joven no le quedaba más remedio que ir en aquella dirección, su GPS no era de fiar, pues estaba claro que Forjador lo había manipulado, pero ¿sólo fue el GPS manipulado? ¿acaso el odio que le recorría ardientemente el cuerpo no era producto de su parlamento con él? ¿cuanto de la historia sería cierto?
- ¡Gaandalf Maldito! - gritó al viento lleno de rabia, como si este pudiera llevarle el mensaje.
El desierto era grande y tendría tiempo para reflexionar sobre la veracidad de la historia de Forjador, que marchó sin dejarle una cota de malla o mejorarle la espada. Sumido en un debate mental al más puro estilo televisivo, puso rumbo hacia aquellas siluetas de edificios que manchaban el horizonte con su oscuridad. Los interlocutores de su cabeza no paraban de gritar sus argumentos sin casi dejar tiempo a los otros a que trataran de exponer los suyos, todos estaban enfurecidos, y agitaban las manos más que un italiano indignado “¿Ma como questos espaguetti no tienen pomodoro?”. Seguía sin saber que pensar, todos los chalados convulsos parecían decir la verdad, su confusión sólo era comparable a la de España cuando jugó contra Francia, y le estaba durando kilómetros y kilómetros recorridos sobre la arena, candente y cegadora arena, cada vez parecía haber más, como si estuviera en el recipiente de abajo de un colosal reloj de arena. Su desorden mental fue “in crescendo” a medida que parecía acercarse a la misteriosa ciudad, a veces se convencía de que Gandalf era un traidor, otras que la historia de Forjador sólo eran palabras envenadas y dulces acompañadas de un extraño humo, otras que la gallina fue antes que el huevo, aunque seguía sin comprender como Colón puso un huevo, pero Colón tenía nombre de detergente y eso estaba relacionado con las lavadoras y eso si que no podía ser bueno. Lo más doloroso de todas estas absurdas cavilaciones fue descubrir que Superman no era real y por eso nunca fue a rescatarlo cuando lo llamaba en el patio del recreo cuando estaba en primero de parvulitos. Cada puesta de acuerdo entre interlocutores se esfumaba cuasi instantáneamente, y comenzaba de nuevo la ruidosa pugna.
A pesar de pensar lo contrario, sus piernas lo acercaban más rápido de lo que cualquiera habría podido imaginar, estas ahora eran una circunferencia naranja que le conferían la velocidad de una bala, una polvorienta estela emergía donde la circunferencia rozaba con el suelo. Ya le quedaba menos de la mitad del camino cuando notó que su bastón rozaba contra una sombra azul y esbelta que había aparecido de “No se sabe dónde”, ése mágico lugar interdimensional desde donde aparecen cosas sin explicación aparente. Esta sombra azul resultó ser un extraño pájaro, familiar de una avestruz, siendo el azul de sus inútiles alas más oscuro que el de las plumas del resto de su cuerpo. El bastón le había provocado un tajo en el cuello a modo de traqueotomía y el animal cayó pesadamente al suelo mientras la sangre salía disparada como si un aspersor se encargara de ello. Por suerte para el animal, su cuello no giraba trescientos sesenta grados para regar el perímetro. Mientras aún agonizaba el avestruz azul en el suelo, la sangre dejó de salir despedida hasta tres metros de distancia y comenzó a brotar lentamente. Poco a poco en la herida del animal iban apareciendo grumitos de cacao, era como si se hubieran acumulado a lo largo de infinidad de veranos en los que la leche fría impera. El olor de estos grumitos se mezcló con el aire y atrajo a un cánido, salvaje, escuálido y no menos moribundo que el azulado ave, que no dudó en saltar sobre el vientre del animal y comenzar a devorarlo sin siquiera molestarse a rematarlo. El ave se retorcía de dolor, temblaba, lloraba y lanzaba graznidos acompañados de crecidas de géiseres de grumitos de cacao y sangre, que como postre tomaría el perro de la misma raza que los que llevaba Gandalf en una bolsa en su primer encuentro con el Elegido y Soduku-chan.
Al margen de este gratuito episodio de National Tequilagraphic para sádicos, el Forrest Gump de esta historia seguía corriendo como si se fuera la vida en ello, sin afectarle ni el calor, ni los rayos de luz que no venían de ningún sol pero pareciera que viniesen de tres. Había recorrido el noventa por ciento del camino y seguía luchando por encontrar una verdad en su cabeza cuando un clon fantasmagórico de Izaskun, como viene siendo constumbre en esta historia, apareció a menos de un metro de Forrest, y este sin poder evitarlo lo atravesó. En ese preciso instante un cable etéreo vinculó sus cerebros, sin perder ni un ápice de tiempo Izaskun tomó la iniciativa. Apareció en el Reality Show donde se debatía cual era la verdad y comenzó a rociar a todo el mundo en el plató con su “Agua Mágica” que en lugar de darles vitalidad, empezó a derretir a los interlocutores y a diluir esa realidad que se había forjado en su cabeza, y como también viene siendo costumbre en esta historia, la acción transicionó líquidamente del plató de televisión a una inmensidad vacía similar a la habitación del tiempo y del espacio, pero con una luz dura y blanca que provocaba la sensación de oscuridad visible. En medio de ninguna parte, se encontraban frente a frente Izaskun y el tío este del que va toda esta historia, apenas cuarenta centímetros los separaban, en la cara atónita de este se trazó un sonrisa y lanzó un abrazo a la hippie de pelo negro y largo. Sus brazos rodearon inocentemente, al menos esta vez, su cintura y la atrajo hacia sí, refugió su cabeza en el hombro de la mujer y esta lo acompañó formando un lazo con sus manos detrás de la cabeza de él. Una vez se hubo sentido bien, él, sin pensar en Izaskun abandonó el abrazo en que se habían fusionado ambos. Su cara entre dejaba ver alegría, temor y dudas, pero esta vez era realmente Izaskun, la Maga de los brebajes, y estaba seguro de ello, aunque seguía acosado por las palabras de su hermano. Ella le apartó con la mano izquierda el pelo de su frente y la dejó puesta en la mejilla, el dedo índice de la derecha selló los labios del único ser que ha aprendido algo viendo la televisión, y leyó su mente, tomando los recuerdos de los acontecimientos que había vivido últimamente para ahorrar el trauma de que claramente iba a suponer que él los explicara. Una vez estuvo satisfecha, esta vez ella, le preguntó.
-¿Confías en mi?
A la velocidad con la que un procesador multiciclo realiza una microinstrucción, el joven rompió el precioso sello de sus labios con un beso, agarró tiernamente la mano de la hippie y se la llevó a la mejilla disponible, luego la miró a los ojos sin rastro de dudas en su cara mientras le decía:
- ¿Acaso Papelería Elena no te dice siempre que te va a traer lo que le hayas pedido el martes y luego no los trae?, ¿Acaso JL System no se pasa tres semanas diciéndote que te traerá el ordenador mañana?, ¿Acaso no mueren los negros los primeros en las pelis de terror?, ¿Acaso todos los chinos no saben artes marciales?...
- ¡Vale, vale, tranquilo! lo he cogido - le interrumpió Izaskun antes de que diera un repaso a la enciclopedia de tópicos del mundo -. Gandalf está de nuestra parte, no te dejes engañar por las mentiras disfrazadas de verdades, es posible que seas el hermano de Forjador, pero la verdad tienes que descubrirla tu mismo. No puedes permitirte el lujo de desperdiciar tu tiempo, el día del centrifugado final se aproxima. Ahora tengo que dejarte, nos reencontraremos pronto.
Un nuevo tránsito lo llevó de vuelta a la realidad, volvía a ver con sus ojos, podía apreciar como atravesaba el extrarradio a una pasmosa velocidad, estaba en un barrio de las afueras, la arena casi borraba totalmente el rastro de aceras y carreteras, las casa eran simples chavolas de chapa y cartones y estaban totalmente deshabitadas, los edificios de la ciudad se iban perfilando cada vez más, y ahora se podía observar a la perfección lo que eran, bloques enormes con decenas de plantas, la mayoría de ellos eran fácilmente más altos que la metrópoli de la que venían nuestros héroes. Era un lugar raro, pero los Magos también parecían ser raros, al menos los que el prota conocía, con lo que no causó preocupación ninguna en él. Siguió avanzando por lo que sería atrevido llamar carretera, nada ni nadie le obstruía el paso, ni siquiera vehículos mal apartados, pues no había ningún vehículo, allí no parecía vivir nadie. Ahora se encontraba en medio de aquella monstruosa metrópoli vacía [¿Tanto tiempo corriendo y todavía no he llegado al centro?, ¿Que extensión debe tener? ¿2 Veces Madrid?] pensó el asesino de pájaros maravillado por la inmensidad y lo extraño de la desértica ciudad, desde un extremo a otro de la misma la erosión había echo de las suyas en los edificios, dándole un aspecto más tétrico si cabía.