3. Seguero resentido - versiculo 5
- ¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!! - gritaron todos, sobre todo Nai. Para honrar a su compañero desaparecido, salieron por patas llorando como plañideras.
- ¡¡Esperad!! - dijo el innombrable protagonista - Tú, informático, y tú, fontanero, debéis encontrar una manera de desconectar esta máquina infernal.
Sus amigos contestaron al unísono:
- ¿Quitando el enchufe? - y todos juntos, los tres, como los tres mosqueteros, los tres cerditos, los tres bioman y los tres tenores tiraron del gigantesco cable. Se apagó.
Una vez todo se había calmado, buscaron la forma de abrir la puerta. Pero no tuvieron que hacerlo. Se abrió sola, y un destello salió de su interior. Un coro angelical empezó a cantar de no se sabe dónde, y la figura del viejo, ahora engominado y con todos los dientes en su sitio salió levitando.
- Ya no soy Gandalf-wan-Kenobi el gris con manchitas - un río de agua de lavado con lejía surgía de sus pies -, ahora soy Gandalf-Yoda el blanco - y todos le creyeron pues su ropa estaba ahora reluciente como un iceberg del anuncio de un dentífrico.
- ¿Qué haremos ahora, oh gran maestro? - rogaron todos arrodillados, maravillados y cuasiorgásmicos.
- Iremos a buscar ayuda, nadie mejor que un primo mío casi igual de bueno que yo. No pongáis esas caras de duda, creo que le conocéis bien. Al fin y al cabo, va a visitaros a todos cada 25 de diciembre. Knight necesitamos tu coche.
- ¿Mi coche?, Emm esto... yo..es..que hace no conduzco... y um... es que no me lo he traído, dijo Nai terminando la frase con una sonrisa.
- Vamos al garaje y ahora hablamos Knight, propuso Izaskun en un correcto castellano que no había dejado de sorprender incluso al nuevo e impoluto Gandalf
- De acuerdo, accedió el fontanero bajo la misteriosa nueva voz de la Oráculo
Sin perder ni un ápice de su tiempo en limpiar la playa de los restos de la batalla, marcharon confiados en que los delfines o los basureros se encargarían de ese desastre.
Casi sin darse cuenta llegaron al barrio de Nai y este los guió hasta su garaje que en realidad era un aparcamiento aleatorio en la calle, Nai se dirigía a un Chevrolet Corvette negro con un estúpido corazón luminiscente que cambiaba de tonalidad periódicamente situado en el capó entre los faros delanteros, el coche que en los ochenta era un deportivo molón, ahora no alcanzaba el rango de chatarra mohosa, aunque sí mugrienta y hortera.
Cuando era obvio que aquella horterada era el coche del fontanero Gandalf le puso la mano a Nai, este se giró con la esperanza de que hubieran cambiado de idea respecto a lo de ir en su coche, pero no era así.
- ¿Por qué no que querías utilizar el coche? - preguntó Gandalf con la voz del sabio que aparentaba ser tras su encuentro con la Mega-Lavadora.
- Bueno veréis, no es por culpa del precio de los carburantes, es que aunque suene a trola barata, el motivo es que mi coche habla y tiene personalidad - al acabar de decir estas palabras Nai miró a todos uno por uno y permanecían inmóviles, como si no hubieran oído la gilipollez que acababa de decirles. Sólo se había turbado el chinaca al ver como un Rottweiler-Caniche acaba de acorralar a un cachorrillo de gato (en su cabeza no dejaba de repetir “Muerte, Muerte, Muerte...”), al ver esto Nai continuó hablando -. Y no sólo eso, es que además sufre un trastorno de doble personalidad desde hace no mucho hasta hoy.
Indiferente a estas palabras Mao-Setun continuaba observado el desenlace de la grotesca escena, el perro había devorado al gatito de una forma tan espectacular que este notaba como sufría una redistribución de la sangre hacia un peculiar músculo del cuerpo. Mientras el no muy funcional cerebro del oriental sufría la falta de sangre, un águila proyectó su vuelo sobre el perro consiguiendo atraparlo en sus garras y llevárselo volando hacia dios sabe que cruel destino.
Perplejo por la indiferencia de sus compañeros les invitó a subir a aquello a lo que el llamaba su coche, al abrir la puerta del conductor empezó a sonar la alarma utilizando la cucaracha como alerta sonora ensombreciendo si cabía más la cara de Nai, una vez todos dentro del coupe y con la alarma desactivada, arrancó el motor y una voz saludó a los ocupantes.
- Hola a todos, hola Michael.
- Hola Mega Drive, chequeo de niveles. Oye viejo, ¿hacia donde nos dirigimos? - dijo Nai, a lo que Gandalf le respondió:
- A los almacenes Hiper Store, el hogar de mi amigo Nicolás.
- ¿Oído Mega?, prepara el salto al hiperespacio - ordenó Nai, acto seguido el coche se revolucionó progresivamente hasta llegar a su máximo de revoluciones por minuto sin moverse de su sitio y cuando todos creían que iban a salir volando de una forma u otra por los altavoces empezó a sonar “Easy Rider”.
- Siempre se los hago a los nuevos - dijo Nai. Salió marcha atrás, enfiló la carretera y puso rumbo hacia las afueras de la ciudad. Parecía ya más tranquilo y una sonrisa brillaba en su cara de alivio.
Mientras conducía, el coche iba tarareando las canciones que sonaban por los altavoces, no se le daba bien el inglés pero estaba bien para ser un coche. Al infraser que llamaban el elegido se le ocurrió la genial idea de pedir una canción del dúo dinámico, a lo que Mega Drive respondió con sutileza.
- ¡Maldito hijo de puta, no ves que sólo puedo leer cintas, gilipollas! - los demás miraron a Nai, pero este lejos de turbarse no podía parar de reírse, eso es que todo andaba bien, y si el coche tenia una Inteligencia Artificial de ira fácil, ¿qué podía hacer más que disfrutar de los arrebatos contra los demás?.
Hacía unos 20 minutos que circulaban por la autovía y Mega Drive no dejó de circular por encima de los 100 kilómetros hora desde que puso una rueda en esta vía. El próximo desvío les llevaría hasta el Hiper Store, un centro comercial de tal bastedad que parecía fundirse con las montañas que marcaban el límite del horizonte. Lo raro es que nunca nadie había prestado atención a semejante monstruo, era como si el macro-edificio sólo se dejase ver a quienes él quisiera. A pesar de esto, además de por carretera se podía acceder en tren, helicóptero, incluso avión, disponía de una gigantesca estación de trenes, 2 helipuertos, y un aeropuerto de mercancías donde aviones tipo Hércules podían maniobrar a su antojo como un ama de casa con un todo-terreno, pero esto les era totalmente desconocido a los protagonistas excepto para el sabio de Gandalf 100% libre de grasa.
Mientras se aproximaban a la entrada al aparcamiento un gigantesco Boeing rojo al que muchos tacharían de comunista o de pertenecer al gobierno de Rusia sobrevoló sus cabezas mientras hacia maniobras de aproximación y aterrizaje a algunas de las pistas que quedaban ocultas tras el edificio principal, quizás incluso podría aterrizar secretamente en las montañas donde quedaría oculto a los barridos de los satélites y radares. Una vez dentro del aparcamiento podrían aparcar tan cerca como quisieron de lo que parecía una única puerta de entrada al centro comercial. El aparcamiento estaba vacío, a pesar de eso un trasiego de camiones y furgonetas casi colapsan la carretera principal que atravesaba el aparcamiento y al parecer llegaba a lo que sería la zona de carga y descarga, y para no complicarse mucho la cabeza Nai dejó que su instinto eligiera y subió el coche a la acera y lo dejó justo delante de la entrada al edificio, no le molestaría a nadie, ya que nadie no andaba por allí.
Todos se bajaron del coche parlante y quedaron fascinados por la inmensidad del edificio, era como un mar de ladrillos y cemento recubierto de esmalte gris base militar que inundaba completamente un valle de colosales dimensiones.
3. Seguero resentido - versiculo 4
En la playa esperaban Tan Dao e Izaskun. Había sido ella quien le había encontrado a él, sintiendo un gran alivio por ver que sus protegidos no habían fracasado del todo. Miraban ansiosamente el reloj deseando que fueran las doce. Habían planeado muy bien lo que iba a ocurrir esa noche. Ya era hora de que ganaran ellos un asalto.
Pese a no poder involucrarse directamente en la pelea, Izaskun hacía todo lo que podía por ayudar a los humanos. Era esta especie extraña, tan rara y tan parecida a los monos la que la había acogido, la que le había dado a probar los placeres de las drogas y el vicio. Había perdido la cuenta de las fiestas o tugurios en los que se había divertido y perdido el sentido. No quería que todo aquello se perdiese, no quería que un nuevo régimen mundial acabara con todo aquello que amaba. La hierba, el vino y la música ska no encajaban en un mundo gobernado por máquinas. Y los humanos, estos seres humanos. También les había cogido cariño, sobre todo a los pequeñitos que eran tan adorables. Guardaba esperanzas de que esa especie de grupo de discapacitados que había formado conseguirían algún día salvar realmente al mundo. Quien sabe, igual se le estaba pegando la ingenuidad de los hombres.
- ¡Mira Izaskun, son ellos! - no hay nada en el mundo mas gracioso que la cara de un chino feliz. Bueno sí, un chino cayéndose y rascándose luego la cabeza. Pero ahora Tan Dao Vien, aka Shenlong estaba radiante. Los compañeros se abrazaron y se tocaron, en una de esas pocas veces en que los hombres se permiten tocarse entre sí. Luego abrazaron a Izaskun, aprovechándose más de uno de la situación.
- ¿Quién falta aquí? Preguntó Jackie chan
- El viejako ese, el que se parece a magneto...
- ¿Masjsj respeto por vuestro líder, en? – susurró Izaskun -. Ahora vamos a hacer un rito sagrado, el rito de Jalisco, y vamos a reunirnos con él.
- ¿Rito de Jalisco? ¿Es que todo se llama igual? - volvió a quejarse el que no era chino ni fontanero.
- ¡SHHHHHHSSS! Cállate hombre - dijo el mas amarillo de todos - que yo he visto ritos de estos en la tele y a lo mejor se desnuda.
Pues no, no se desnudó nadie, lo que hicieron para variar es, grosso modo, un botellón en la playa con el mejunje de Izaskun, rrrrico rrrrico. Cantaron “quien robó pan en la casa de San Juan” y otros éxitos, jugaron al mosca, y cuando ya estaban rendidos se acordaron de que tenían que invocar al viejo. Entonces la orácula por excelencia comenzó a cantar en un idioma extraño y la silueta de un vagabundo comenzó a aparecer en medio de todos. Se oyeron ladridos de cachorros, y el viejo dijo algo así como “A tope sin drogas”. Sin duda era el viejo Gandalf-wan-kenobi el gris con manchitas, siempre diciendo estupideces. Entonces se oyó una carcajada.
- No me jodas, que te apuestas a que son los putos pizzeros otra vez - dijo Tan Dao, lo cual era previsible pues la originalidad de la historia estaba en momento decreciente aunque era sólo un bache momentáneo.
- Que ilusos, habéis caído en mi trampa, me habéis llevado directamente hacia el apestoso vagabundo, gracias, señor Pompón y compañía - la voz, evidentemente, era del Agente Forjador -, preparaos para pasar la eternidad escuchando a niños contando chistes, ajjajajaajajjaaajajajaj, ¡hip!, ¡¡ahahaaajajajajaaa!!
- ¡¡Ríe lo que quieras, maldito esbirro, pero el que has caido en la trampa eres tú!! - gritó Izaskun en un perfecto español, para sorpresa de todos, a la vez que hacía aparecer de debajo de la arena todo un arsenal de berettas y rifles de asalto que caían en las manos de “los buenos”.
Ni que decir tiene que se pusieron a dispararle a todo bicho viviente que había en la playa. Se veían piernas y brazos vestidas de rojo por todos lados, mientras que todos los disparos que le hacían al Agente Forjador no parecían mas que hacerle ligeras mellas, algo así como una copia barata del malo de terminator 2. Abrumado pero sobre todo cabreado, el Agente en cuestión, dio un grito y reventaron todas las luces en un par de kilómetros a la redonda. Pararon de disparar de inmediato, dejaron las armas en el suelo, y corrieron a abrazarse como colegialas a Gandalf.
- No os preocupéis, estoy preparado, seguidme - dijo el sabio y comenzó a eructar como un brontosaurio harto de pepsicola. Pronto comprendieron que este genio usaba las ondas producidas por sus eructos para localizar todos los objetos y obstáculos del camino, al igual que hacen los murciélagos. Iban a paso ligero, pero por mucho que corrían, sus pies seguían andando sobre arena. Puede ser que el viejo no se orientase muy bien, o podía ser alguna artimaña del malvado Agente Forjador. La cosa es que estaban aburridos de andar. Izaskun había desaparecido y estaba a salvo, por suerte. Ellos no tenían ni puta idea de dónde estaban. De pronto el suelo comenzó a temblar, una columna de luz apareció, y una lavadora gigante emergió desde las profundidades. Su puerta de al menos 10 metros de alto se abrió, y una rueda en el panel de mandos comenzó a girar: primero señalaba ropa delicada, luego tejidos sintéticos, y se quedó fija en seres humanos. Otra rueda giró y pasó por lavado rápido, centrifugado, y se quedó en asesinar. De pronto se activó el motor y la lavadora comenzó a succionar todo lo que allí había: arena, agua, mierda, gente follando, y a nuestros protagonistas. Entonces Gandalf habló:
- Hijos míos, a partir de ahora deberéis seguir adelante vosotros solos, que mi sacrificio os sirva de estímulo para conseguir vuestro objetivo, no desfallezcáis, venceréis tan seguro como que España va a ganar el mundial - y salió volando, y en el aire atrapó la puerta con sus brazos, consiguiendo cerrarla.
3. Seguero resentido - versiculo 3
- ¿Siiiiii? - dijo Nai imitando la voz de su difunta abuela que en paz descanse.
- Somos del Comilón Barrigón IV, le traemos las doce hamburguesas y nueve perritos que ha pedido.
- Ayyyyy hijo, esperateme un ratito, que es que se está el portero roto y no se puede abrir, pero yo ahora mismito bajo con la llave y te abro la puerta.
Tras risas maliciosas, el portero volvió a sonar y no una, sino decenas de veces a medida que iban llegando los repartidores. Cuando los de abajo estuvieron lo bastante enfurecidos, el portero parecía el silbato de un brasileño en carnavales y decidieron que era el momento de escabullirse. Buscaron en un armario un par de pantalones de chándal lo más roto que hubiera, se pusieron un par de cascos de la inexistente moto del protagonista en el codo y cogieron cada uno un par de bolsas que llenaron de objetos liados en papel. Bajaron las escaleras y llegaron al portal. Cogieron aire, pusieron cara de fracasados y salieron.
Bolsas y bolsas por el suelo, comida desparramada y adolescentes con acné gritando desesperados. Entre ellos, dos héroes, dos valientes que se abrían paso con éxito. Estaban a punto de alcanzar la calle de al lado cuando se hizo el silencio. Asustados, se dieron la vuelta. Justo ante ellos un macarrilla con una camiseta que decía “Showarmas Augusto” comenzó a tener espasmos, como el Último Guerrero con el baile de San Vito. Los dos chusmas de su lado presentaban los mismos síntomas. Ante el asombro de todos, su cuerpo y sus ropas se transformaron, sus Vespinos se volvieron rojas, ahora eran telepizzeros.
- ¿A donde creéis que vais? - dijo uno de ellos - ¿es que no habéis aprendido la lección? Da igual lo que diga el Agente Forjador, aunque seáis simples moscas molestas yo mismo acabaré con vosotros - acto seguido dio un triple salto mortal y atacó a Nai y acompañante.
Espalda contra espalda esquivaban y bloqueaban los sucesivos ataques de los incansables esbirros de las lavadoras. Por sus movimientos, y por el horrible sonido que salía de sus gargantas, no parecían humanos, ni siquiera orcos. Más bien parecían adversarios segundones en series de televisión de bajo presupuesto. Pero eran duros de vencer. Pronto vino a la mente de nuestro leading role el recuerdo de cuando estaba en casa de Tan Dao.
[¡¡Pero qué hago yo esquivando como una maricona, si yo sé Kung Fu!!] y utilizó su arte depurado durante siglos para subirle los huevos hasta la garganta al contrincante mas cercano, este, al recibir el golpe, dijo algo así como “grglrrlgl”, se iluminó, y explotó desapareciendo sin dejar rastro.
- ¿Has visto, Nai? ¡Ése es su punto débil!
Y el signo de la batalla cambió. Lucha tras lucha, los más fieros guerreros del pasado estarían orgullosos de estos dos maestros del kung fu. Eso sí, de vez en cuando cambiaban de pierna para no cansarse. La mala noticia era que cada vez había más y mas, cuando desaparecía uno, un pobre repartidor se transformaba en telepizzero y vuelta a empezar. De pronto los telepizzeros retrocedieron, cosa que aprovecharon los defensores de la humanidad para sentarse y recobrar el aliento. Tras un baile extraño, los diablos rojos se agruparon de tres en tres, y dando un viscoso aunque sensual espectáculo sus cuerpos se unieron dando lugar a otros guerreros, a todas luces mas poderosos. Su aspecto era igual que el de los anteriores, sólo les cambiaba el color del pelo, de los zapatos, y que éstos llevaban una huevera con pinchos.
- Estamos acabados - lamentó Nai.
- Sí, y además esta gente nos va a dar una paliza - le replicó su compañero.
A paso lento, los telepizzeros de nivel 2 se acercaban hacia sus víctimas, con cara burlona y crujiéndose los nudillos. Fue entonces cuando se oyó el sonido de unas motos. No eran las vespineras, sonaban incluso peor.
Al fondo aparecieron dos chinos disfrazados de Bruce Lee, y entre ellos, un tío disfrazado de reinller rojo, que atacaron frontalmente a los telepizzeros. Tanto el fontanero pordiosero como... el otro, sabían que era momento de escapar. Debían darse prisa, los nuevos aliados no podrían aguantar mucho tiempo. Cuando el reinller rojo vio que el elegido y su acompañante escapaban, levantó un brazo hacia el cielo y gritó:
- ¡¡¡Por la resistencia!!! –
A esto, el héroe respondió el saludo emocionado. Uno de los telepizzeros, malherido, se acercó al compartimiento trasero de una Vespino. Tras un ruido casio-ochentero, éste se abrió. Metió la mano y en un rápido movimiento lanzó una pizza al aire que seccionó la cabeza del reinller.
- ¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!! - gritaba Nai, que pese a no conocerlo de nada era un hombre muy sensible y le afectaban estas cosas.
Mientras tanto su amigo le tiraba del brazo para que huyeran en ese mismo momento. Escucharon el sonido de pizzas volando en su dirección: una seccionó una farola, algunas se clavaban en las paredes. Súbitamente, todo este ataque cesó. Por fin estaban libres.
3. Seguero resentido - versiculo 2
- ¿Me oye bien, señor....?
- ¿Qué? - la cabeza todavía le daba vueltas. Irónico, pensando en que segundos antes se la habían metido en una lavadora. Todo estaba borroso a su alrededor, sólo discernía una mesa ante sí, y al otro extremo, un telepizzero con un pinganillo en la oreja y unas gafas con forma de corazones color lila -. ¿Qué diceh zurmano?
- Le preguntaba su nombre. Había dicho que se llamaba...
- No se lo he dicho – de la nada apareció una música típica de Hollywood que indicaba escena de máxima tensión, tipo “tin-ton-tíiiiiiiiiiiiiiiiiiiin”
- Bueno, está bien. Le llamaré entonces señor Pompón. Me encantan los pompones. Y bien, señor Pompón, cuénteme todo lo que sepa del paradero de aquel vagabundo apestoso.
- Jamás te diré dónde está Tan Dao. Puede que sea un traidor pero sigue siendo chino, y además, mi amigo.
- Me refería a aquel al que llamáis.... Gandalf. Ese tipejo que creía que iba a poder evitar lo inevitable. Es curioso cómo los sucios humanos os empeñáis en destruir vuestro mundo, pero en el momento en el que otra raza superior quiere hacer lo mismo, os transformáis en patéticos defensores de la verdad y del bien - Hizo un ruido repugnante con la garganta y escupió al suelo -. Escúcheme bien, señor Pompón. Me llamo Agente Forjador. Agente me lo puso mi madre, y Forjador es un apodo que me he ganado por mi dureza a la hora de torturar a despreciables seres como tú. Me encanta fundir el metal, ese material tan superior a tu estúpida carne, y construir con él ataúdes a medida de la víctima. Luego, las encierro dentro, encajándolas al milímetro, dejando sólo dos agujeros para los ojos y algún que otro para respirar. Entonces, os vuelvo a repetir la pregunta en cuestión. A veces es importante, a veces es tan sólo una excusa para poder divertirme un rato. Y si os negáis a responder.... os obligo a ver el programa de Juan Imedio... ENTERO.
- ¡Agh! - Nunca habría imaginado castigo igual. Sabía que él no estaba hecho para aguantar torturas, le dolía hasta cortarse el pelo. Pero no podía ser débil ahora. Había mucha gente que confiaba en él: exactamente cuatro personas.
Intentó usar su desarrollado intelecto para desviar la conversación y así ganar tiempo -. Quizás colaboraría si tuviera algo de comer... ¿qué tal... polvorones? - jijijij qué golpe de maestro, pues estaban en verano.
- Humm - Al agente Forjador no pareció gustarle esa respuesta -. Y dígame, señor Pompón; ¿cómo quiere alimentarse, si no tiene boca? - al instante, la boca del joven salvador de los humanos comenzó a quedarse pegada por extraños filamentos de piel.
- Puef no fé, ¿pohr nuftrifión parenteral? ¿gaftroftomía de alimentafión?
- ¡¡Señor Pompón!! - el agente estaba enfurecido, los dientes le rechinaban y le temblaban los párpados -. Está comprobado que es usted un auténtico deficiente. No pienso perder mi tiempo forjando un ataúd para usted, no se lo merece. Y además intuyo que no tiene ni idea del paradero de su líder. ¡Ja!, vaya líder, abandonando a su suerte a sus subordinados. Típico de los humanos. Vuelva a su casa y siga con su estúpida vida. Si tiene suerte acabará de funcionario de segunda. Pero no por mucho tiempo, jAJajajJAajJAAJjajajAajajajaja. Ahhh, y por cierto, nada de esto ha ocurrido nunca - se tiró un pedo, y su interlocutor se desvaneció en un sueño profundo.
Tras un bostezo mastodóntico, se sentó en el borde de su cama y se frotó los ojos. No tenía ni idea de la hora que era. ¿Sería de día o de noche? Bah, y qué importaba. Estaba de vuelta en su aburrida vida.
En cierto modo se sentía apenado, ese sueño era el más intenso que había tenido nunca. Pero a quién iba a engañar, su vida seguiría siendo la misma mierda, con la misma mierda de gente mirando mal, buscando algún trabajo de mierda para ganar una mierda de sueldo con la que comprar mierda para vivir. Qué mierda. Curiosamente le entraron ganas de dar de vientre, por lo que haciendo un gran esfuerzo usó sus cuadriceps y se dirigió en modo zombi al cuarto de baño.
[Voy a devolverle al mundo lo que obtengo de él] pensó, al tiempo que cogía un rollo de papel higiénico con una sonrisa. Cuando procedía a la descarga, notó que en su cuarto de baño olía peor de lo habitual. Si lo normal en la escala de peste era un 7/10, ahora mismo había un 9/10. Quizás las tuberías estaban rotas. Sí, definitivamente, debían estar rotas, pues oía un crujido difuso y metálico, como si éstas estuvieran a punto de reventar. Lo que le faltaba era tener que pagar una reparación para el bloque.
[Me la suda. La naturaleza no se frena] y se decidió a empujar, cuando, súbitamente, escuchó un lamento lejano.
”Eeeehhhhh...” pareció escuchar. “eeeeeeeeeeehEEEEhhhhhhh.....”, y ahora lo oía mas fuerte. “leeeeeeeeeeeeeeeeeeeeehhhhhhhhhhhhhee...”, y el sonido provenía de... ¿el váter?, decidió guardar silencio y prestar mas atención. ”leeeeeeeeeeheeeeeeehhhhhhh... leeeeeeeeeeeeeeevhh.............lehhhhhhhhhvaaaantateeeeeee cabroooooooooooooooooonnnn...”
No entendía del todo el mensaje, pero si su sanitario le pedía que se levantase ¿Por qué no iba a hacerlo?, igual era un retrete japonés de estos que saludan y nunca se había dado cuenta. La sorpresa que se llevó fue poca cuando, al retirarse, vio encajada en el fondo de la taza del wc la cara de una persona... ¡Nai!.
- Dios, preferiría morir antes de haber visto lo que he visto - dijo el encajado fontanero mientras temblaba visiblemente -. Ayúdame a salir de aquí bastardo, y por dios cámbiate los gayumbos de vez en cuando que la tela también se pudre.
- ¡Nai! ¡Eres tú! ¡Sabía que no era un sueño! ¿Cómo coño has llegado hasta aquí?
- Soy fontanero, los fontaneros lo podemos todo. Lo difícil fue escapar de la prisión donde nos pusieron al chinaca y a mí. Los cabrones nos metieron en la nevera de un telepizza, y supongo que pensaban hacer muchas pizzas a la boloñesa con nosotros. Pero suerte que tu amigo consiguió derribar la puerta con no sé que golpe especial. Por cierto, hay algo que quería decirte...
- Lo que quieras - dijo, intentando aguantar a que su amigo terminase de contarle su historia para poder terminar lo que había empezado.
- Tan Dao.. Es un tío legal, quizás fuimos muy duros con él. Y en estos momentos debemos estar unidos. No creo que hiciera lo del micrófono a posta.
- Yo tampoco lo creo. [¿Fuimos?] - su cara estaba cada vez mas colorada y comenzaba a dar saltitos.
- Pronto nos reuniremos otra vez los tres. Nada mas salir, nos dividimos, yo debía buscarte a ti, y él encontrar a Izaskun. Ella es la única forma que tenemos de contactar con Gandalf-wan-Kenobi el gris con manchitas. Me temía lo peor, pero al ver que vigilaban tu casa deduje que debías estar vivo. No fue difícil llegar hasta aquí con mi conocimiento supremo sobre fontanería. Ahora tenemos que buscar otra vía de escape. Sospecho que esa gente nos ha subestimado por completo, y es por eso por lo que aún estamos vivos. No saben que ese error les llevará a la perdición. Hemos quedado a medianoche en la playa, el próximo paso será reorganizarnos y seguir con nuestro plan inicial. Pero esta vez tenemos una sorpresita, jejeje, ya la verás. Espero que nuestro compañero intolerante a la lactosa haya hecho bien su trabajo. Bueno, ¿y tú que dices, tío?
- Te digo que me he cagado en lo alto, pero que aun así estoy igual de motivado que tú, y que tras una buena ducha nos pondremos manos a la obra.
Y, en efecto, pronto se sentaron juntos a tratar de ingeniar un plan para evitar a los guardias que había en la puerta. Se trataba de una serie de dos a tres pizzeros que iban y venían por turnos, y hacían como si fueran a entregar pizzas al bloque. Como todo el mundo sabe esto era totalmente falso, ya que ningún necio llama al telepizza, y para que a ninguno se le ocurriera hacerlo ponían los precios ofensivamente altos. Debían aprovechar ese factor. A nuestro héroe cagón se le ocurrió una idea, tan simple como a primera vista eficaz: llamarían a todos los repartidores de comida a domicilio que pudieran para que llegaran todos a la vez, para así crear una confusión y una saturación de Vespinos en las carreteras y poder escapar aprovechando el revuelo. Guía telefónica en mano, llamaron a todos: hamburgueserías, showarmas, pizzerías, chinos, turcos, japoneses, mexicanos, incluso a un televerduras. A todos con la premisa de dar una buena propina si llegaban a su hora. En efecto, veinte minutos más tarde de lo acordado comenzó a sonar el portero electrónico.
3. Seguero resentido - versiculo 1
3. Seguero resentido
El 66% de la nueva pandilla discutía en la cocina mientras Tan Dao se dedicaba a deambular por la casa del tercer integrante del grupo o “el puto acoplao” como cariñosamente él lo llamaba. Observaba los típicos muebles capitalistas, el televisor capitalista, las ventanas capitalistas y hasta el aire le olía a capitalista. Quizás los celos eran los que ahora movían su juicio, pero no terminaba de fiarse del todo de aquel supuesto fontanero del que en realidad no sabían nada. Buscó por la casa fotos o algún tipo de pista sobre la vida de aquel extraño personaje... ¿de verdad sería fontanero?, ¿y por qué el mismísimo Gandalf-wan-Kenobi le había recomendado para la misión?
Se sentía frustrado, pero al fin y al cabo era informático y estaba acostumbrado. Decidió reunirse con su grupo y saquear la nevera para ver si encontraba provisiones para el viaje, mientras con su arte de escucha y espionaje oriental colocaba un croasán en su oreja izquierda y oía lo que sus compañeros decían.
- La situación es mas grave de lo que puedas sospechar, mi nuevo amigo el-que-no-es-el-chino - dijo Nai mientras lentamente sorbía su extrañamente pequeña taza de café al tiempo que estiraba su dedo meñique con estilo inglés.
Solo que él no era inglés ni el dedo era el meñique, era más bien el dedo corazón en un gesto grosero dirigido a Tan Dao aka “Chatín chin chochín”. Lógico viendo que el asiático se empeñaba en pringar su bollería de cerumen
- Llevamos años y años en la sombra, acechando y controlando los movimientos de “aquellos”. Cuando yo llegué éramos muchos, pero las hordas de telepizzeros son cada vez mayores y nuestro número se reduce a apenas media docena de rebeldes. Son tantos los que han caído ya... es una alegría que alguien más se haya unido a la resistencia. Y especialmente que seas tú, el elegido.
- Pero, ¿por qué soy el elegido?, ¿qué tengo de especial?
- No tenemos ni idea. Pero no es plan de ponerse exigente a estas alturas. Y no me interrumpas más, inepto. Como decía, la cosa pinta mala. Nuestro gran líder, Gandalf-wan-Kenobi está ahora incomunicado, y de todas formas su cabeza ya no es lo que era. Quizás sea el duro suelo en el que duerme cada noche, quizás sea por esnifar avecrem o dios sabe qué.
Sólo nos mantenemos a flote gracias a nuestra fumada oráculo, que ha descubierto que el día del centrifugado final se acerca. Como hemos acordado, nuestro plan será ir a la tienda de repuestos para comprar piezas de lavadora.
¿Y para qué, camaradas?, Muy sencillo. Construiremos una lavadora de última generación, para que luego Tan Dao hackee su microprocesador y consigamos así un portal hacia su mundo. Sabremos sus planes, sus próximos movimientos y espero que alguna clave para poder acabar con ellos. Esto no podríamos hacerlo con una lavadora nueva, pues todas están contadas y controladas y sólo conseguiríamos delatar nuestra posición. Pero si construimos una nosotros mismos...
- Oye - volvió a interrumpir nuestro prota - pero si anoche tú no tenías ni pajolera idea de lo que te estábamos hablando ¿cómo es que ahora sabes tantas cosas?
- ¿Y tú por qué haces tantas preguntas maldito retrasado? – la vena de su frente iba a explotar. Sin duda era un hombre con una paciencia limitada y tolerancia hacia los demás nula - Lo.. lo siento, retiro lo de maldito. Es bueno que te hagas preguntas, es eso lo que te ha traído hasta aquí. Tienes razón, ayer no sabía nada. Pero anoche, Izaskun apareció en mis sueños y me iluminó. Me contó todo lo que yo os he dicho, y también me pidió que os ayudara y que confiara en vosotros. Y así estoy haciendo.
No se lo podía creer. Izaskun, SU Izaskun, se le había aparecido a aquel fontanero en sueños y no a él. Se sentía igual de decepcionado que cuando Goku se rindió contra Célula y lo acabó matando Songohan.
- ¡¡ANDA!! ¿TU TAMBIÉN? - gritó el chino sacando la cabeza de la nevera y echando migas por la boca – Sí, sí, yo anoche también soñé con ella - entrecerró aún mas si cabe sus ojos y puso cara de estreñido que intenta recordar algo - creo que decía algo... pero no la escuchaba, estaba ocupado tocándole las...
- ¡¡¡SILENCIO!!! - el fontanero torero dio un salto y tiró a Chow Yun fat al suelo - ¡¡¡PERO QUÉ COÑO ES ESTO!!! - y, metiendo la mano en el bolsillo del asustado oriental, sacó lo que parecía el borde de la masa de una pizza.
- ¿Y qué esperabas? - replicó Tan Dao bastante inquieto - Eso nadie se lo come, no me vas a decir que soy yo ahora el raro. Además, juraría haberlo tirado al suelo de mi cuarto ¡¡¡hace días!!!
Con precisos movimientos, Nai abrió la masa extraña y sus peores miedos se cumplieron. Dentro había un micrófono. Nuestro protagonista, en pleno shock, miró a Tan Dao a los ojos.
- ¡¡¡Tienes que creerme, amigo occidental!!! ¡¡¡Él ha puesto esto en mi bolsillo!!! ¡¡¡Yo no soy un traidor!!! ¡¡¡Joder cuantos signos de exclamación!!!
Yo no... - y su lastimero discurso se vió interrumpido por una lluvia de cristales procedentes de la ventana de la cocina.
La siniestra figura de un sinfín de repartidores de telepizza apareció y pronto estaban todos sujetos por manos y pies.
- Se han equivocado, no hemos pedido ninguna pizza - intentó disimular nuestro héroe al tiempo que parecía indiferente.
- JjJAjajAJAJAJajAJAJAJ - lloraba de risa el que parecía el mas fuerte de los vespineros - ¡Esto sí que es un momento redondo! - Hizo un gesto, y cinco u más demonios con cascos de medio huevo colorados cogieron a nuestro indefenso varón por brazos y piernas.
Aunque parezca estúpido en la cocina había una lavadora, si bien estaba sellada por dos tablones de madera y clavos desde la noche anterior. Pero ninguno era carpintero, los tablones de madera eran en realidad dos barras de pan y los clavos, lacasitos. Seguramente habían bebido demasiado aquella noche.
Así pues, su destino estaba sentenciado. La habían cagado estrepitosamente. Aquel muchacho con el que comenzaba nuestra historia, aquel zagal en la flor de la vida que vivía del paro sin haber trabajado nunca y que se pintaba las uñas de los pies en secreto, veía como la puerta de la lavadora se abría y los animales de rojo le empujaban hasta meter su cabeza dentro. Gritaba y gritaba, pero pronto dejó de oír su voz. Todo estaba oscuro, todo se había acabado.
